En entrevista con Expansión, Rivero señaló que la región necesita construir una estructura que reconozca la importancia de los minerales críticos y permita desarrollar legislaciones y regulaciones orientadas a promover su producción.
México parte de una posición relevante porque cuenta con producción de distintos minerales considerados críticos y, además, con infraestructura de transformación que puede servir para fortalecer las cadenas regionales.
“En México tenemos toda la capacidad de refinar como el acero, el cobre, la plata, el zinc, el plomo, la barita, en fin, todas esas, que son la base de nuestra industria y la base de la vida moderna. México tiene perfectas capacidades e instalaciones que ya se dedican a refinarlas”, explicó Rivero.
La discusión, sin embargo, ocurre mientras el futuro del T-MEC todavía no está definido. Hasta el momento no existe una renovación del tratado. El gobierno de Estados Unidos considera que no es necesario firmar uno nuevo, por lo que, de momento, el acuerdo se mantendría durante los 10 años que todavía le restan de vigencia.
Una minería con menor volumen
El reto de la competencia internacional se suma a un escenario menos favorable para la producción minera mexicana. Aunque el valor de la producción ha aumentado, el volumen de materiales extraídos permanece prácticamente estancado.
De acuerdo con el Informe Anual 2025 de la Camimex, el valor de la producción minero-metalúrgica nacional alcanzó el año pasado 379,290 millones de pesos , un máximo histórico y un crecimiento de 21.2% respecto a 2024.
El incremento, sin embargo, no estuvo acompañado por un crecimiento equivalente en los volúmenes producidos. La propia Camimex advirtió que estos permanecieron prácticamente sin cambios, lo que muestra que la expansión del valor de la actividad estuvo sustentada principalmente en los precios internacionales de los metales.
Para México, el desafío consiste entonces en aprovechar su capacidad minera y de refinación en un momento en que los minerales críticos adquieren mayor importancia estratégica, mientras China mantiene el control de una parte central de las cadenas globales de suministro.
La discusión ya no se limita a cuánto mineral puede extraer un país, sino a quién tiene la capacidad de transformarlo y convertirlo en un insumo útil para las industrias que definirán la próxima etapa tecnológica.