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“Eso ya está zanjado”: Bayer descarta impacto por el veto al maíz transgénico en México

Manuel Bravo, presidente y director general de la empresa en México, explica que la apuesta de la compañía en el país está en las semillas de baja estatura que permiten elevar aprovechar mejor el agua y reducir pérdidas.
Manuel Bravo, director general de Bayer México, posa frente a un campo de maíz con las banderas de México, Tailandia, Argentina y Estados Unidos.
Manuel Bravo, director general de Bayer México, asegura que la disputa comercial por el maíz transgénico quedó zanjada, aunque persisten restricciones para su siembra en el país. (Cortesía)

Iowa, Estados Unidos.- Para Manuel Bravo, presidente y director general de Bayer en México, la discusión sobre la siembra de maíz transgénico en el país está cerrada. La compañía ya había tomado decisiones de investigación y desarrollo bajo la premisa de que esta tecnología no estaría disponible para los agricultores mexicanos, por lo que la prohibición constitucional no modificó sus planes de negocio.

“Básicamente, eso ya está zanjado. El maíz transgénico nunca se ha podido sembrar en México y ahora es parte de la Constitución. La Constitución dice que en México no se puede sembrar maíz transgénico”, reiteró el directivo en entrevista con Expansión.

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La disputa por el maíz transgénico que enfrentó a México con EU

La prohibición no significa que México haya cerrado la puerta a las importaciones de maíz genéticamente modificado. El gobierno mexicano dejó sin efecto en febrero de 2025 las medidas que restringían su uso en masa y tortillas y que planteaban sustituirlo gradualmente en la alimentación animal, después de que un panel internacional resolviera las reclamaciones presentadas por Estados Unidos.

Ese país ganó las siete reclamaciones presentadas ante el panel, de acuerdo con el informe de la Oficina del Representante Comercial estadounidense . La resolución, hecha bajo los mecanismos establecidos en el T-MEC, permitió que las importaciones continuaran, pero no abrió la puerta a la siembra dentro del territorio mexicano.

Un mes después, en marzo de 2025, México reformó los artículos 4 y 27 de la Constitución para establecer que el cultivo de maíz en el país debe mantenerse l ibre de modificaciones genéticas producidas mediante técnicas que superen las barreras naturales de la reproducción.

El decreto sobre la protección del maíz mexicano también establece como prioridades la protección de la biodiversidad, la soberanía alimentaria y el manejo agroecológico de los maíces nativos.

Para Bayer, sin embargo, ese escenario ya estaba contemplado. La empresa había orientado desde mucho antes su investigación en semillas de maíz para México hacia el mejoramiento convencional, en lugar de depender de variedades transgénicas.

“Le dedicamos probablemente los últimos 15 o 16 años a desarrollar estos nuevos productos porque sabíamos que la biotecnología no iba a ser posible en México”, explica Bravo.

La empresa descarta una afectación para sus operaciones, pero reconoce una consecuencia para los productores que no pueden utilizar las mismas herramientas disponibles en otros mercados.

“Para nosotros como Bayer no vemos ninguna afectación al día de hoy por no permitir la siembra de maíz transgénico. Para el agricultor sí, porque no tiene acceso a tecnologías que se utilizan en países como Estados Unidos, Canadá, Brasil, Argentina y Paraguay”, añade.

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La apuesta de Bayer por los híbridos convencionales

Esa decisión llevó a la compañía a concentrar sus esfuerzos en híbridos obtenidos mediante cruzamientos convencionales, pero diseñados específicamente para las condiciones agrícolas del país. Para hacerlo, Bayer utilizó información sobre las características del suelo, la disponibilidad de agua, las plagas y las necesidades de los agricultores en distintas regiones.

De ese trabajo surgieron Vitala y Preceon , sistemas de maíz de baja estatura que permiten colocar más plantas por hectárea, reducen el riesgo de caída por viento y aprovechan el agua mediante un sistema de raíces más profundo.

“Si hay algo que hace Bayer es respetar la ley y la ley dice que no se puede sembrar. Nuestra investigación y nuestros planes están completamente volcados a nuevos y mejores híbridos desarrollados de manera convencional”, dice Bravo.

Los agricultores participaron en el desarrollo y solicitaron soluciones ante la escasez de agua, la caída de las plantas y la necesidad de obtener más rendimiento en la misma superficie. Bayer ajustó los híbridos con base en esas observaciones y comenzó su comercialización mediante distribuidores.

Vitala y Preceon pasarán de cerca de 500 hectáreas durante las pruebas a unas 60,000 hectáreas sembradas en 2026, de acuerdo con cifras de la compañía. “Este maíz no se cae, utiliza menos agua por su sistema radicular y permite colocar más plantas por hectárea, lo que puede dar más rendimiento. Si el agricultor es más productivo con menos recursos, también puede ser más rentable”, afirma el director general.

La compañía utiliza el mejoramiento convencional para las semillas destinadas a México, pero combina la baja estatura con características biotecnológicas en países donde la regulación permite sembrar maíz transgénico.

Esos híbridos pueden incorporar resistencia a herbicidas y protección contra plagas, además de las características agronómicas desarrolladas inicialmente para el mercado mexicano.

Bravo comparte que México es el quinto mercado agrícola más grande de Bayer por ventas, y la compañía también recurre a él como plataforma de producción y desarrollo para otras regiones.

Tres plantas mexicanas abastecen semillas de maíz a México, Centroamérica, el Caribe y los países andinos, mientras la producción de semillas de vegetales en Chiapas y la planta de productos biológicos en Tlaxcala atienden mercados internacionales. Bayer además opera ocho centros de investigación agrícola en el país.

“México es muy importante como mercado, pero también para la producción de semillas y la investigación. Las semillas necesitan considerar el suelo, las plagas locales y el régimen hídrico para responder a cada condición agroecológica”, explica Bravo.

La empresa planea invertir entre 3,500 y 4,000 millones de pesos durante 2026, 2027 y 2028. Los recursos se destinarán a innovación, nuevas líneas de producto y actualizaciones en sus plantas para cumplir con los requisitos regulatorios de México y de los mercados que reciben su producción.

Las inversiones correspondientes a este periodo ya están aseguradas, aunque Bayer mantiene otros proyectos de largo plazo que todavía compiten por llegar al país. Para obtenerlos, la filial mexicana deberá ofrecer certidumbre jurídica, infraestructura, energía y condiciones comerciales favorables alrededor del T-MEC.

“Hay proyectos de más largo plazo que todavía no tienen casa y estamos en conversaciones con el consejo para ver si terminan en México. Necesitamos seguir observando cómo avanzan la seguridad jurídica, la infraestructura, la energía y el T-MEC”, advierte Bravo.

Bayer prevé cerrar 2026 con un crecimiento de doble dígito en euros en México, impulsado principalmente por la división farmacéutica. Actualmente, Crop Science aporta cerca de 50% del negocio, la división farmacéutica representa 30% y Consumer Health, enfocada en productos de libre venta, el 20% restante.

La revisión del T-MEC todavía puede generar incertidumbre para las inversiones y el intercambio agroalimentario, aunque Bravo espera que el maíz amarillo no se convierta en una moneda de cambio. Para Bayer, dice Bravo, la discusión sobre sembrar maíz transgénico está cerrada porque su portafolio mexicano ya siguió otra ruta.

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