De acuerdo con la consultora IDC , fabricantes de gama media como TCL, Transsion, Realme, Xiaomi, Lenovo, Oppo, Vivo, Honor y Huawei podrían trasladar total o parcialmente el aumento de sus costos a los consumidores finales para evitar un mayor deterioro de sus márgenes.
Para el caso de Apple, IDC prevé que la compañía aumentará el precio del iPhone Pro de 999 dólares y del iPhone Pro Max de 1199 dólares en 100 dólares.
Los operadores ganan tiempo
Ante el riesgo de una menor disponibilidad, las compañías móviles ya comienzan a ajustar sus compras. Telcel, por ejemplo, anticipó la compra de teléfonos celulares para fortalecer sus inventarios en sus Centros de Atención a Clientes.
Con esta medida, el operador busca contar con suficiente abasto y reducir su exposición a una eventual escasez o a mayores costos de adquisición. Sin embargo, la estrategia tiene un límite: comprar más equipos antes de que aumenten los costos puede proteger temporalmente el inventario, pero no resuelve una reducción estructural en la disponibilidad de componentes.
Tovar aseguró que la anticipación de inventarios permitirá amortiguar la situación durante un tiempo, pero no revertir las afectaciones.
Si la presión sobre los semiconductores se prolonga, los operadores tendrán que tomar decisiones más difíciles. Una posibilidad será absorber una mayor parte del aumento en el costo de los teléfonos para conservar sus precios y promociones; otra, reducir el apoyo que ofrecen al consumidor; y una tercera, trasladar parte del incremento al precio final.
Cualquiera de esas alternativas puede modificar el atractivo de comprar un smartphone a través de un operador.
Aumentará el tiempo de reemplazo de teléfonos
El efecto no necesariamente terminará con un teléfono más caro. También puede modificar la decisión del consumidor de comprar uno nuevo.
IDC considera que, en un entorno de incertidumbre económica y menor poder adquisitivo, los usuarios podrían mostrar mayor cautela para adquirir nuevos equipos y optar por conservar durante más tiempo los smartphones que ya poseen.
La industria ya conoce este comportamiento. Durante la emergencia sanitaria, los consumidores aumentaron el tiempo entre una compra y otra, una tendencia que presionó las ventas de teléfonos en las tiendas de los operadores y que todavía afecta a este canal.
Una nueva combinación de precios más altos y menor disponibilidad podría prolongar todavía más esos ciclos de reemplazo. Quien no pueda pagar un equipo más caro tendrá como primera alternativa conservar el que ya tiene; quien necesite renovarlo podría buscar un modelo de menor precio o recurrir a esquemas de financiamiento más largos.
Para los consumidores de menores ingresos, el problema puede ser todavía mayor. Si desaparecen algunos de los modelos más baratos, no solo tendrán que pagar más por un teléfono, sino que tendrán menos alternativas para elegir dentro de su presupuesto.