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La crisis de chips amenaza los celulares de bajo costo y la estrategia de ventas de Telcel

Los operadores utilizan los equipos como una herramienta para captar y retener usuarios, pero mayores costos de componentes pueden reducir los apoyos que facilitan su adquisición mediante planes de telefonía.
Personas en un Centro de Atención a Clientes pidiendo informes de un smartphone.
Telcel ha utilizado esquemas de financiamiento para facilitar la compra de equipos sin tarjeta de crédito. (Saúl López )

Adquirir un smartphone a través de un plan de telefonía móvil podría no ser tan sencillo como antes. La menor disponibilidad de chips para fabricar teléfonos y el aumento en el costo de algunos componentes amenazan con encarecer los equipos, reducir la oferta de modelos económicos y obligar a los operadores a revisar las condiciones con las que durante años han financiado, promocionado o subsidiado estos dispositivos.

Para las compañías móviles, vender un smartphone no solo significa colocar un dispositivo. Durante años, el equipo ha servido como una herramienta para facilitar la contratación de servicios y mantener al cliente dentro de su ecosistema.

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La fórmula consiste en reducir el desembolso inicial. En lugar de pagar el teléfono completo, el usuario puede acceder a un equipo mediante un enganche y pagos periódicos, o aprovechar promociones, bonificaciones y subsidios vinculados a la contratación de un plan.

Telcel, por ejemplo, ha recurrido a este modelo para tratar de recuperar las ventas de teléfonos en sus propios canales, particularmente después de que la pandemia modificó los hábitos de compra. Desde hace tres años, el operador ofrece ‘ Amigos paguitos , un esquema dirigido a consumidores que buscan equipos de entre 2,000 y 7,000 pesos sin necesidad de contar con una tarjeta de crédito.

El usuario puede adquirir el teléfono con un enganche equivalente a entre 10% y 30% de su valor y cubrir el resto mediante pagos mensuales. Con ello, el precio total del dispositivo puede ser menos determinante al momento de decidir la compra.

AT&T, por su parte, utiliza la inclusión de un equipo como una herramienta para atraer nuevos clientes y facilitar su cambio de compañía.

El problema es que estas estrategias dependen de que los operadores tengan acceso a una cantidad suficiente de teléfonos a precios competitivos. Si esos equipos se vuelven más escasos o caros, también aumenta el costo de mantener una oferta comercial que depende precisamente de ellos.

La presión viene de los chips

Ese escenario empieza a tomar forma por un cambio en la demanda mundial de semiconductores. El crecimiento de los Centros de Datos destinados a Inteligencia Artificial está absorbiendo una proporción cada vez mayor de chips y componentes, lo que aumenta la presión sobre una cadena de suministro que también abastece a la industria de smartphones.

Ramiro Tovar, profesor del ITAM y especialista en competencia económica y telecomunicaciones, estima que esta presión llevará el precio promedio de los smartphones a un máximo histórico, con un incremento de hasta 14%, hasta acercarse o superar los 500 dólares.

Pero el impacto más importante para el mercado de telefonía podría ocurrir en la parte baja de la oferta. Tovar advierte que los fabricantes podrían reducir o incluso dejar de producir algunos modelos de menos de 100 dólares para concentrarse en aquellos dispositivos que les generan mayores márgenes.

“Se estima que los Centros de Datos consuman 70% de todos los chips de producidos en 2026, frente al 30% que representaban en 2022. A esto se suma que los costos de memoria subieron cerca de 300% en un año y representan más de 65% del costo de los insumos de los equipos de gama baja y con una menor disponibilidad para esa gama para los mercados y operadores serán sensibles a los precios”, consideró el especialista.

Esto coloca a los teléfonos económicos en una posición particularmente vulnerable. Los fabricantes tienen menos incentivos para destinar componentes escasos a productos de márgenes reducidos, mientras que los operadores necesitan precisamente esos equipos para sostener sus ofertas de entrada.

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De acuerdo con la consultora IDC , fabricantes de gama media como TCL, Transsion, Realme, Xiaomi, Lenovo, Oppo, Vivo, Honor y Huawei podrían trasladar total o parcialmente el aumento de sus costos a los consumidores finales para evitar un mayor deterioro de sus márgenes.

Para el caso de Apple, IDC prevé que la compañía aumentará el precio del iPhone Pro de 999 dólares y del iPhone Pro Max de 1199 dólares en 100 dólares.

Los operadores ganan tiempo

Ante el riesgo de una menor disponibilidad, las compañías móviles ya comienzan a ajustar sus compras. Telcel, por ejemplo, anticipó la compra de teléfonos celulares para fortalecer sus inventarios en sus Centros de Atención a Clientes.

Con esta medida, el operador busca contar con suficiente abasto y reducir su exposición a una eventual escasez o a mayores costos de adquisición. Sin embargo, la estrategia tiene un límite: comprar más equipos antes de que aumenten los costos puede proteger temporalmente el inventario, pero no resuelve una reducción estructural en la disponibilidad de componentes.

Tovar aseguró que la anticipación de inventarios permitirá amortiguar la situación durante un tiempo, pero no revertir las afectaciones.

Si la presión sobre los semiconductores se prolonga, los operadores tendrán que tomar decisiones más difíciles. Una posibilidad será absorber una mayor parte del aumento en el costo de los teléfonos para conservar sus precios y promociones; otra, reducir el apoyo que ofrecen al consumidor; y una tercera, trasladar parte del incremento al precio final.

Cualquiera de esas alternativas puede modificar el atractivo de comprar un smartphone a través de un operador.

Aumentará el tiempo de reemplazo de teléfonos

El efecto no necesariamente terminará con un teléfono más caro. También puede modificar la decisión del consumidor de comprar uno nuevo.

IDC considera que, en un entorno de incertidumbre económica y menor poder adquisitivo, los usuarios podrían mostrar mayor cautela para adquirir nuevos equipos y optar por conservar durante más tiempo los smartphones que ya poseen.

La industria ya conoce este comportamiento. Durante la emergencia sanitaria, los consumidores aumentaron el tiempo entre una compra y otra, una tendencia que presionó las ventas de teléfonos en las tiendas de los operadores y que todavía afecta a este canal.

Una nueva combinación de precios más altos y menor disponibilidad podría prolongar todavía más esos ciclos de reemplazo. Quien no pueda pagar un equipo más caro tendrá como primera alternativa conservar el que ya tiene; quien necesite renovarlo podría buscar un modelo de menor precio o recurrir a esquemas de financiamiento más largos.

Para los consumidores de menores ingresos, el problema puede ser todavía mayor. Si desaparecen algunos de los modelos más baratos, no solo tendrán que pagar más por un teléfono, sino que tendrán menos alternativas para elegir dentro de su presupuesto.

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