Publicidad
Revista Digital
Publicidad

"A veces, simplemente no me caes bien”: Así fue como Henry Ford II despidió al creador del Mustang

Antes de impulsar el Mustang, Lee Iacocca comenzó su carrera en Ford como ingeniero y vendedor, donde una peculiar campaña de financiamiento llamó la atención de la compañía.
Henry Ford II, a la derecha, y Lee Iacocca, a la izquierda, ejecutivos de Ford vinculados al desarrollo y éxito del Mustang durante la década de 1960. Ford II dirigió la compañía y Iacocca fue uno de los principales impulsores del Mustang, que se convirtió en uno de los modelos más emblemáticos de la marca.
Henry Ford II, a la derecha, encabezó la compañía que llevaba el apellido de su familia, mientras Lee Iacocca, a la izquierda, llegó a la presidencia de Ford en 1970, después de ascender desde el área de ventas. (MotorCities National Heritage Area)

Lee Iacocca llegó a Ford en 1946 como ingeniero y terminó convertido en uno de los ejecutivos más importantes de la compañía. El Mustang impulsó su fama y su carrera, pero también hizo crecer su influencia dentro de una empresa donde Henry Ford II tenía la última palabra.

Años después, esa relación terminó con una llamada que dejó a Iacocca fuera de Ford.

Publicidad

Henry Ford II despidió a Iacocca después de años de tensión


Henry Ford II fue un importante empresario estadounidense e industrial que dirigió la empresa familiar durante décadas, salvándola de la ruina tras la Segunda Guerra Mundial.
Stan Meagher (Getty Images)

El 13 de julio de 1978, poco antes de las 3 de la tarde, Henry Ford II llamó a Lee Iacocca a su oficina. El ejecutivo llevaba más de tres décadas dentro de Ford y había llegado hasta la presidencia de la compañía.

Aquella reunión, sin embargo, no era para hablar de un nuevo automóvil ni de los planes del fabricante.

Ford II había decidido despedirlo.

Según contó Iacocca años después en su autobiografía, cuando preguntó por qué debía dejar la compañía, Ford II le respondió que la decisión era personal. Después vino la frase que se volvería famosa: “Well, sometimes you just don’t like somebody”, que puede traducirse como “A veces, simplemente no te cae bien alguien”.

Para Lee, el golpe no terminó con aquella conversación. Aunque formalmente permanecería otros tres meses en la nómina, su siguiente oficina estaría en un almacén ubicado a unos kilómetros de las oficinas centrales de Ford. Él mismo describió aquel lugar como un exilio y contó que se marchó antes de las 10 de la mañana de su primer día allí.

Pero para entender cómo dos de los hombres más importantes de Ford terminaron de esa manera hay que regresar varios años, hasta el momento en que Iacocca comenzó a ganar poder dentro de la compañía.

De ingeniero a vendedor, el ascenso de Iacocca en Ford


El presidente de Chrysler, Lee Iacocca, asiste a la presentación del nuevo Mercedes-Benz Maybach 57S en el concesionario Mercedes-Benz de Beverly Hills, el 18 de octubre de 2005 en Beverly Hills, California.

Iacocca comenzó su carrera en Ford como ingeniero, aunque pronto pidió ser transferido al área de ventas en Filadelfia. Ahí destacó por sus resultados y por una campaña de financiamiento conocida como “‘56 for 56”, que ofrecía vehículos de 1956 con pagos mensuales de 56 dólares.

Gracias a esos resultados llegó a las oficinas centrales de la compañía y, en 1960, con apenas 36 años, fue nombrado vicepresidente y gerente general de la división Ford.

Poco después llegó el proyecto que cambiaría definitivamente su carrera.

Publicidad

Desde esa posición fue uno de los principales impulsores del automóvil que Ford quería vender a una generación joven. La propuesta aprovechaba componentes existentes, como los del Falcon, pero los combinaba con una carrocería deportiva, opciones de personalización y un precio accesible.

El resultado fue el Ford Mustang, presentado en 1964 durante la Feria Mundial de Nueva York.

Ford esperaba vender alrededor de 200,000 unidades durante su primer año modelo. Terminó vendiendo más de 680,000.

Con ese éxito, Iacocca se convirtió en una figura reconocida incluso fuera de la industria automotriz. Su nombre quedó asociado al Mustang y su influencia dentro de Ford siguió creciendo.

En abril de 1965, él y Henry Ford II incluso aparecieron juntos durante la celebración del primer aniversario del automóvil.

Cinco años después, en diciembre de 1970, Ford II nombró a Iacocca presidente de la compañía.

El ascenso parecía confirmar que ambos habían encontrado una fórmula exitosa. Sin embargo, conforme Iacocca ganó influencia, las diferencias entre los dos comenzaron a hacerse más profundas.

El Mustang también cambió el equilibrio de poder en Ford

Un Ford Mustang clásico negro de 1970 —un automóvil estadounidense— circulando por una carretera rural inglesa.
Sue Thatcher (Getty Images)

Directo, poco convencional y mucho más cercano a los medios, el estilo de Iacocca contrastaba con la posición de Henry Ford II, integrante de la familia propietaria y hombre que conservaba la autoridad final sobre la compañía.

Mientras tanto, Iacocca había acumulado suficiente poder como para convertirse en una figura central dentro del fabricante.

Con el paso del tiempo, la relación se deterioró hasta llegar a un nivel de desconfianza poco común entre un presidente y el máximo responsable de una empresa.

En 1975, de acuerdo con Wheels for the World, la biografía de Ford escrita por Douglas Brinkley, Henry Ford II autorizó 1.5 millones de dólares de recursos de la compañía para investigar la vida empresarial y privada de Iacocca.

Publicidad

También estaba en juego el futuro de la empresa. Henry había enfrentado problemas de salud y contemplaba eventualmente entregar un papel importante en la compañía a su hijo Edsel, que entonces tenía 28 años.

Para entonces, la posición de Iacocca dentro de Ford, que había crecido junto con el éxito del Mustang, comenzó a verse cada vez más comprometida.

La ruptura llegó en 1978

A comienzos de 1978, su posición empezó a debilitarse. Se le informó que pasaría a reportar a Philip Caldwell, quien había sido nombrado director ejecutivo adjunto.

Ante ese cambio, Iacocca buscó respaldo entre integrantes del consejo de administración de Ford. Ese movimiento terminó siendo el último quiebre: Ford II encontró ahí la justificación para despedirlo.

Meses después, Iacocca recibió aquella llamada.

Después de Ford vino Chrysler

En 1979, Iacocca llegó a Chrysler, que atravesaba una crisis financiera mucho más grave que la que había dejado atrás en Ford.

Bajo su dirección, la compañía obtuvo 1,500 millones de dólares en ayuda federal y logró recuperarse. Para 1984, Chrysler reportó ganancias superiores a 2,400 millones de dólares.

Incluso una idea que Iacocca había intentado impulsar durante su etapa en Ford y que no había prosperado encontró una segunda oportunidad en Chrysler: la minivan.

Newsletter

Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Publicidad

Publicidad