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Antes del Tsuru el ‘Vocho’ fue el auto preferido en México, ¿qué causó su fin?

El modelo alcanzó más de 21.5 millones de unidades producidas y Puebla terminó convirtiéndose en la última fábrica del mundo que lo mantuvo en las líneas.
Volkswagen Beetle (Käfer) 1302 de perfil, en color azul metálico, con la característica carrocería redondeada del modelo clásico y sus distintivos faros circulares. La imagen muestra el automóvil completo visto lateralmente.
La última edición del vehículo estuvo limitada a 3,000 unidades y marcó el cierre de la producción del modelo en México. (volkswagen-newsroom.com)

Durante décadas, el Vocho fue una de las imágenes más comunes de las calles mexicanas. Su presencia llegó a ser especialmente fuerte en el transporte público, mientras la planta de Volkswagen en Puebla mantenía activa la producción del modelo clásico.

Sin embargo, cuando parecía que todavía tenía espacio en el mercado, la historia comenzó a cambiar: la industria automotriz avanzó y el Sedán tuvo que enfrentarse a una pregunta que terminaría marcando su destino.

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Un auto indispensable en México


Volkswagen Sedán conocido como Vocho, acondicionado como taxi de la Ciudad de México, con carrocería en color verde y blanco. El automóvil aparece estacionado en una calle de México y conserva el diseño clásico de este modelo.
Cuartoscuro (Graciela López Herrera)

La historia mexicana del Vocho comenzó a tomar forma el 15 de enero de 1964, cuando se constituyó Volkswagen de México. Un año después arrancaron las obras de la planta de Puebla y, en octubre de 1967, salió de esas instalaciones el primer ejemplar producido en el país.

Para 1970, la fábrica poblana ya producía el Sedán destinado al mercado nacional. El modelo llevaba un motor bóxer de 1.6 litros y 46 caballos de fuerza, pero su éxito no dependió únicamente de lo que había debajo del cofre. Su sencillez y facilidad de reparación ayudaron a que se adaptara a la vida cotidiana de miles de mexicanos.

Quizá ningún lugar mostró mejor esa adaptación que los taxis. Volkswagen documenta que cientos de miles de Beetle fueron utilizados como taxis en México y que muchos circulaban sin el asiento delantero del pasajero para facilitar el acceso de los usuarios.

Un detalle así permite entender hasta qué punto el automóvil había dejado de ser simplemente un producto de Volkswagen. El Vocho se convirtió en una herramienta de trabajo y en parte del paisaje urbano; durante años, verlo circular por una ciudad mexicana era algo cotidiano.

El Vocho todavía encontraba compradores cuando parecía quedarse atrás

La edad del modelo no impidió que Volkswagen encontrara una manera de mantenerlo vigente. A finales de los años 80, cuando los automóviles comenzaban a incorporar nuevas soluciones y diseños, el Sedán recibió un nuevo impulso comercial en México.

Un decreto automotriz emitido en 1989 redujo 20% su precio y Volkswagen comenzó a comercializarlo como “Sedán Clásico”. Ese cambio consiguió darle una segunda vida al modelo: durante ese año se vendieron cerca de 33,000 unidades y, tres años después, la cifra prácticamente se había triplicado.

La demanda llegó a ser suficiente para que la planta de Puebla abriera un tercer turno de producción en 1990. Ese mismo año, México alcanzó el millón de Vochos fabricados, una cifra que mostraba que el automóvil todavía tenía un lugar importante en el mercado.

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El fenómeno no se limitó al país. En junio de 1992, la producción mundial llegó a 21 millones de Beetle. Para entonces, el automóvil que había nacido décadas atrás seguía saliendo de las líneas de producción, aunque el mundo que lo rodeaba ya no era el mismo.

Ahí está una de las claves de su historia: el Vocho no murió porque los compradores hubieran desaparecido de un día para otro. Todavía tenía demanda cuando la industria automotriz estaba entrando en una etapa en la que la antigüedad de su diseño comenzaría a pesar cada vez más.

Qué causó el final del vocho

La señal más evidente llegó en 1997, cuando Volkswagen presentó el New Beetle. El nombre y la silueta recuperaban elementos reconocibles del clásico, pero detrás de esa apariencia había un automóvil concebido para otra época.

Mientras el Sedán conservaba la arquitectura que había definido al Beetle durante décadas, el New Beetle incorporaba una nueva generación de tecnología y respondía a una idea diferente de lo que debía ofrecer un automóvil moderno.

Los dos modelos incluso convivieron durante algunos años. Esa imagen resulta reveladora: Volkswagen todavía fabricaba el automóvil que había conquistado las calles mexicanas, pero al mismo tiempo ya había creado el vehículo que debía ocupar su lugar en una nueva etapa.

El New Beetle terminó superando las expectativas comerciales de la compañía y acumuló más de 1.3 millones de unidades vendidas en todo el mundo. El Sedán, en cambio, se acercaba al final de una historia que parecía imposible de terminar.

Volkswagen explica que los requerimientos y el progreso del mundo moderno terminaron superando al vocho. Las nuevas tecnologías y los estándares de seguridad habían elevado las exigencias para los automóviles, mientras el concepto original del Vocho provenía de una época muy distinta.

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Por eso, su final no puede reducirse a la llegada de otro modelo o a que los mexicanos simplemente dejaran de quererlo. El mundo automotriz había cambiado y el diseño que había hecho famoso al Vocho ya no podía acompañar indefinidamente esa evolución.

Puebla terminó fabricando el último Vocho del mundo

Volkswagen Sedán “Última Edición”, el último Vocho fabricado en la planta de Volkswagen de Puebla, México, el 30 de julio de 2003. El automóvil, de color azul Acuario, corresponde a la unidad número 21,529,464 producida a nivel mundial.
(vw.com.mx)

Cuando la producción del Beetle ya había terminado en otras plantas, México siguió manteniéndolo con vida. Wolfsburg había dejado de fabricarlo en 1974 y Emden lo hizo en 1978; Puebla terminó convirtiéndose en el último lugar del mundo donde el modelo clásico continuó saliendo de una línea de producción.

El final llegó a finales de julio de 2003. Volkswagen Newsroom registra el 30 de julio como la fecha del último ejemplar, mientras Volkswagen de México sitúa el cierre de fabricación el 31 de julio.

Una diferencia de un día no cambia el tamaño del capítulo que terminó aquel verano: la producción mundial había alcanzado 21,529,464 Beetle, de los cuales 1,691,542 fueron fabricados en México.

Puebla había conseguido mantener al modelo durante más tiempo que cualquier otra planta. El automóvil que décadas atrás había llegado para convertirse en una pieza cotidiana de las calles mexicanas terminó siendo también el último de su especie en el mundo.

El último Vocho ya no era un taxi: era una despedida

Volkswagen quiso que el final tuviera un significado distinto al de una simple salida de producción. Para despedir al modelo creó la Última Edición, una serie limitada a 3,000 unidades en los colores Aquarius Blue y Harvest Moon Beige.

Los ejemplares recibieron detalles cromados, tapacubos y carcasas de espejos, además de una repisa trasera, un volante de dos brazos con el emblema de Wolfsburg y un sistema de radio con reproductor de CD. El motor conservaba los 46 caballos de fuerza del modelo final.

El último ejemplar tampoco siguió el camino habitual de un automóvil recién salido de fábrica. Volkswagen lo conservó en Alemania, donde actualmente forma parte de la colección del museo ZeitHaus de Autostadt, en Wolfsburg.

Su desaparición, entonces, no fue el resultado de un solo rival ni de un repentino rechazo de los compradores. El Vocho simplemente llegó al límite de lo que podía ofrecer frente a una industria que exigía vehículos cada vez más modernos.

El 30 de julio de 2003, Puebla fabricó el último de 21,529,464 Vochos producidos en el mundo. México no solo fue uno de los países que más tiempo mantuvo vivo al modelo: fue el escenario de su último capítulo.

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