Cuando una figura como Bad Bunny pisa el escenario del Super Bowl, el impacto va mucho más allá de la música o el espectáculo deportivo. Su cabeza como artista principal del show de medio tiempo del Super Bowl LX convierte en uno de los mayores escaparates culturales y comerciales del año.
Se trata de un evento televisivo con proyecciones de más de 100 millones de espectadores alrededor del mundo y espacios publicitarios cotizados en hasta 10 millones de dólares por 30 segundos de anuncio. Ese nivel de audiencia convierte al espectáculo en una plataforma global en la que cada aparición se traduce en valor para las marcas.
Bad Bunny no es un artista más en la lista de invitados. Es el primer solista latino e hispanohablante en encabezar el espectáculo, un movimiento con carga cultural que refleja que la cultura latina ya no es nicho, sino fuerza dominante en el mercado. Esa posición trae consigo beneficios tangibles para marcas que logran conectar con ese fenómeno.