Cuando el éxito llega antes que el registro
Las historias virales suelen compartir un patrón. Primero llegan los seguidores, las colaboraciones y las oportunidades de negocio. Después aparece una pregunta que casi nadie se hace al principio: ¿quién es dueño de esa marca?
El caso del Pato Merlín puso ese dilema sobre la mesa. Aunque el IMPI terminó respaldando el registro a favor de la familia, la polémica dejó una advertencia para emprendedores, creadores de contenido y empresas. El éxito puede llegar mucho antes que la protección legal.
"Cuando algo empieza a hacerse muy popular, empieza a generar valor, pero también riesgo. Siempre va a ser mucho más fácil prevenir que reaccionar cuando ya tienes un problema encima", explica Aurora López-Portillo, directora de Servicios Legales de ClarkeModet.
La especialista identifica un error frecuente entre quienes lanzan un negocio. "Muchos piensan: primero vendo, primero la uso y luego ya la registro. El problema es que cuando decides registrarla ya invertiste, ya tienes público, ya tienes redes sociales y ya estás haciendo un posicionamiento".
Aunque el caso del Pato Merlín recibió una atención inusual por parte del IMPI, López-Portillo aclara que los intentos de apropiarse de marcas virales son más comunes de lo que parecen. La diferencia es que la mayoría de los casos no alcanza la misma exposición pública y suele resolverse mediante procedimientos administrativos o litigios.
La buena noticia es que presentar primero una solicitud no convierte automáticamente a alguien en dueño de una marca. Si existe un uso previo comprobable, las empresas pueden defender sus derechos con facturas, campañas publicitarias, publicaciones en redes sociales y otras evidencias fechadas.
Otro factor juega en contra de quienes deciden esperar. El proceso de registro tarda entre cuatro y seis meses, siempre que no existan objeciones o conflictos con otras marcas. Por ello, dejar el trámite para cuando un negocio ya ganó notoriedad puede aumentar el riesgo de enfrentar una disputa justo cuando la marca empieza a generar valor.
"Proteger una marca no es un tema legal; es un tema de negocio, porque al final estás protegiendo tu inversión, tu reputación y el crecimiento futuro de tu empresa", apunta la especialista.