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De vender aguas a conquistar el Mundial, la historia del Pato Merlín y su registro de marca

Sin estrategia, sin publicidad y sin inversión en medios, el Pato Merlín conquistó las redes sociales y despertó el interés de marcas, autoridades y millones de aficionados en el Mundial.
De vender aguas a conquistar el Mundial, la historia del Pato Merlín y su marca
Con su jersey de la Selección Mexicana, Merlín conquistó a millones de aficionados dentro y fuera del país. (ALFREDO ESTRELLA/AFP)

En Paseo de la Reforma no es raro encontrarse con vendedores ambulantes. Lo inusual es que uno de ellos vaya acompañado por un pato con jersey de la Selección Mexicana y unas pequeñas calcetas que protegen sus patas del pavimento caliente.

El pato se llama Merlín. Acompaña los fines de semana a Karla Gómez y a su hijo Christian mientras recorren las calles de la Ciudad de México vendiendo botellas de agua. No es una mascota que se queda en casa, él camina junto a ellos, convive con los clientes y forma parte del negocio familiar como cualquier otro integrante.

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En pleno Mundial bastó con que algunos aficionados lo grabaran para que las imágenes comenzaran a multiplicarse en las redes sociales, y en unos días Merlín pasó de recorrer Reforma a aparecer en millones de pantallas dentro y fuera de México.

Pero la popularidad del pato llegó mucho más lejos de lo que imaginó la familia. Netflix lo invitó a recorrer sus oficinas en la Ciudad de México; Volaris aprovechó el fenómeno para generar expectativa alrededor de uno de sus anuncios; IHOP México adaptó su comunicación con un menú "pa-todos" inspirado en el personaje, y el Atlante lo nombró miembro honorario del club.

Lo interesante es que ninguna de estas marcas dio vida al fenómeno viral. Todas entendieron que Merlín ya formaba parte del momento cultural que vivían millones de aficionados y encontraron una forma natural de sumarse.

Los números ayudan a dimensionar el alcance. De acuerdo con Emplifi, apenas 7,424 menciones generaron más de cinco millones de interacciones y alrededor de 4,500 millones de impresiones potenciales entre el 23 de febrero y el 24 de junio. Instagram concentró la mayor cantidad de interacciones positivas, Estados Unidos registró el mayor nivel de engagement y la tendencia alcanzó picos de 216 menciones diarias.

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¿De quién es una marca viral?

Sin embargo, la fama también atrajo a oportunistas. En cuestión de días aparecieron solicitudes para registrar la marca " Pato Merlín " ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), aun cuando el personaje ya era identificado públicamente con la familia Gómez.

El caso escaló hasta convertirse en un debate nacional sobre quién puede apropiarse de un fenómeno viral y obligó a las autoridades a intervenir para respaldar el registro de la marca a favor de sus verdaderos propietarios.

Merlín incluso llegó a la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, y el influencer Poncho de Nigris ofreció más de 500,000 pesos por comprarlo, propuesta que la familia rechazó porque asegura que es un integrante más de la casa, y el pato terminó convertido en uno de los símbolos no oficiales del Mundial.

El alcance de Merlín fue tal que la propia FIFA llamó a la familia para participar en una grabación dentro del Estadio Azteca. El pato no pudo quedarse a ver el partido debido a las restricciones que prohíben el ingreso de animales, pero para ese momento ya había trascendido las calles de Reforma. Miles de aficionados lo habían adoptado como la mascota no oficial del Mundial y su imagen circulaba por todo el mundo.

Pocas veces un personaje nacido de manera espontánea consigue reunir, en apenas unas semanas, marketing, redes sociales, propiedad intelectual y cultura popular en una sola historia. Merlín lo hizo sin una campaña publicitaria, sin inversión en medios y sin imaginar que su éxito terminaría abriendo un debate que hoy también interesa a las marcas.

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Cuando el éxito llega antes que el registro

Las historias virales suelen compartir un patrón. Primero llegan los seguidores, las colaboraciones y las oportunidades de negocio. Después aparece una pregunta que casi nadie se hace al principio: ¿quién es dueño de esa marca?

El caso del Pato Merlín puso ese dilema sobre la mesa. Aunque el IMPI terminó respaldando el registro a favor de la familia, la polémica dejó una advertencia para emprendedores, creadores de contenido y empresas. El éxito puede llegar mucho antes que la protección legal.

"Cuando algo empieza a hacerse muy popular, empieza a generar valor, pero también riesgo. Siempre va a ser mucho más fácil prevenir que reaccionar cuando ya tienes un problema encima", explica Aurora López-Portillo, directora de Servicios Legales de ClarkeModet.

La especialista identifica un error frecuente entre quienes lanzan un negocio. "Muchos piensan: primero vendo, primero la uso y luego ya la registro. El problema es que cuando decides registrarla ya invertiste, ya tienes público, ya tienes redes sociales y ya estás haciendo un posicionamiento".

Aunque el caso del Pato Merlín recibió una atención inusual por parte del IMPI, López-Portillo aclara que los intentos de apropiarse de marcas virales son más comunes de lo que parecen. La diferencia es que la mayoría de los casos no alcanza la misma exposición pública y suele resolverse mediante procedimientos administrativos o litigios.

La buena noticia es que presentar primero una solicitud no convierte automáticamente a alguien en dueño de una marca. Si existe un uso previo comprobable, las empresas pueden defender sus derechos con facturas, campañas publicitarias, publicaciones en redes sociales y otras evidencias fechadas.

Otro factor juega en contra de quienes deciden esperar. El proceso de registro tarda entre cuatro y seis meses, siempre que no existan objeciones o conflictos con otras marcas. Por ello, dejar el trámite para cuando un negocio ya ganó notoriedad puede aumentar el riesgo de enfrentar una disputa justo cuando la marca empieza a generar valor.

"Proteger una marca no es un tema legal; es un tema de negocio, porque al final estás protegiendo tu inversión, tu reputación y el crecimiento futuro de tu empresa", apunta la especialista.

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