Tanto la IAB México como el IPADE plantean que las agencias deberán profundizar la relación entre el uso de IA y los indicadores de negocio, además de explorar modelos comerciales ligados al valor o a los resultados.
Para un cliente resulta más sencillo cuestionar una factura basada en 20 horas cuando una herramienta redujo el trabajo a diez, mientras que la discusión cambia si el precio se relaciona con ventas, efectividad, velocidad de salida al mercado o desempeño de una campaña.
Sin embargo, medir ese valor todavía representa uno de los desafíos, pues 13% identifica la medición del retorno de inversión como un reto. A esto se suma la percepción de “caja negra” cuando el cliente desconoce cómo se utilizó la tecnología o qué parte del resultado provino del equipo humano.
La transparencia gana entonces peso en la relación comercial, ya que el estudio recomienda documentar el trabajo estratégico, el volumen de piezas y variaciones generadas, la velocidad de producción y la profundidad de los insights para mostrar que ahorrar horas no necesariamente equivale a entregar menos valor.
La tecnología avanza más rápido que las agencias
La adopción tampoco significa que las organizaciones tengan resuelto cómo integrar la IA. Aunque 97% le concede relevancia estratégica, 56% todavía no cuenta con un presupuesto específico para estas herramientas, frente a 44% que sí lo tiene.
Asimismo, el dinero ni siquiera aparece como el principal obstáculo. La falta de procesos definidos encabeza las barreras con 26%, seguida de la falta de capacitación con 24% y la ausencia de talento con 19%, mientras el miedo al reemplazo alcanza 16% y la falta de inversión queda en 13%.
De esta forma, una agencia puede pagar una licencia de inteligencia artificial , pero todavía necesita decidir cuándo utilizarla, quién revisa el resultado, cómo protege la información del cliente y qué criterios aplica para validar el trabajo antes de entregarlo.
La capacitación también cobra fuerza a medida que estas herramientas atraviesan distintas funciones. El estudio señala que las agencias deben tener colaboradores capaces de utilizar IA, pero evitar que el conocimiento quede en unas cuantas personas y genere diferencias entre equipos.
Y no menos importante es la privacidad. El 19% identifica este aspecto entre los principales desafíos y las entrevistas revelan dificultades para controlar el uso cotidiano de plataformas externas, incluso cuando existen políticas internas o acuerdos con proveedores.
El estudio concluye que conforme los modelos de lenguaje y los generadores de imágenes se vuelven accesibles para todo el mercado, la ventaja real pasa a la capacidad de cada agencia para integrarlos a sus procesos, capacitar a sus equipos y convertir la eficiencia en resultados comprobables. Por ello, la siguiente disputa no será quién adopta primero la IA, sino quién logra demostrar su valor y convencer al cliente de pagar por él.