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La biografía de Omarosa desafía la prueba de lealtad de Trump

Omarosa Manigault Newman está haciendo algo que ninguno de los que ha dejado al equipo del presidente de EU ha hecho: le ha dado la espalda a su antiguo jefe y a la Casa Blanca.
mié 15 agosto 2018 04:02 PM
Ataques particulares.
Desafío. Omarosa Manigault Newman es la primer exempleada de la Casa Blanca en voltearse en contra del presidente.

(CNN) - Podrías empezar a contar a los exempleados de la Casa Blanca y te quedarías sin dedos... y dedos de los pies. No todos han sido despedidos, pero muchos sí. A veces de manera espectacular.

Omarosa Manigault Newman está haciendo algo que ninguno de sus predecesores ha hecho, le ha dado la espalda a su antiguo jefe y a la Casa Blanca.

Eso es algo que ningún otro miembro de la plantilla de la Casa Blanca, desde Hope Hicks hasta Sean Spicer y Steve Bannon, ha hecho.

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Spicer ha probado el humor autocrítico. Bannon ha continuado desde lejos como un alma gemela ideológica. Otros simplemente se han quedado callados. Manigault Newman es la primera en encender a Trump con un soplete.

Ella está vendiendo su historia llena de rumores donde lo acusa de racismo y al mismo tiempo promete exponer a su exjefe y a las personas con quienes solía trabajar, a las que ahora llama mentirosas.

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"Diré que voy a exponer la corrupción que sucedió en la campaña y en la Casa Blanca. Continuaré denunciando todo eso", dijo el martes en MSNBC.

Eso es lo que la ha expuesto a una reacción tan visceral de Trump. Él ha señalado a otros exmiembros del personal por desprecio, pero Omarosa Manigault Newman ha sido la receptora de uno de los ataques de Twitter más mordaces: en un tuit, incluso se refirió a ella como un "perro" , un feo y deshumanizante epíteto contra una mujer y una de las pocas personas negras en servir en su equipo.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Sarah Sanders, sugirió el martes que la contraofensiva de Trump continuará mientras Manigault Newman aparezca en las noticias. Trump combate el fuego con fuego, dijo ella.

Manigault Newman alegó que utilizó la palabra n durante una grabación de "The Apprentice". Trump lo ha negado, pero todo el asunto llevó a un intercambio incómodo el martes, en el que Sanders no pudo garantizar que el presidente nunca usó la palabra n.

Si bien Manigault Newman no tiene pruebas de que lo haya dicho alguna vez, para otras denuncias que realiza en su libro y que fueron negadas por los empleados de la Casa Blanca, ella proporcionó grabaciones de conversaciones, lo que ha llevado a los miembros a preguntarse qué otras grabaciones podría tener en su archivo.

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Hay advertencias en abundancia por la distinción de que Manigault Newman es la primera exmiembro del personal en convertirse en antagonista.

No se escuchan ni píos de gente como Hope Hicks, que se fue bajo una nube, o Sean Spicer y Reince Priebus, que fueron tan visibles al principio.

Tal vez estos y otros tienen acuerdos de confidencialidad similares al que Trump dice que firmó Manigault Newman.

Si bien CNN no ha visto el acuerdo específico firmado por Omarosa, ha obtenido una copia del acuerdo de confidencialidad enviado a otro personal de campaña de 2016.

El documento incluye un lenguaje que los firmantes no deben "degradar ni desacreditar... al Sr. Trump...(o) cualquier miembro de la familia". Al firmar, también aceptan un arbitraje vinculante. Señala que la campaña de Trump tiene derecho a llevarlos a los tribunales.

Ciertamente algunos antiguos miembros de la Casa Blanca (Michael Flynn) y de la campaña (Rick Gates y George Papadopoulos) parecen haber dado la espalda a Trump, y tal vez incluso de una manera más perjudicial que Manigault Newman: están cooperando con el abogado especial Robert Mueller.Vimos lo feo que podría ser cuando Gates reveló los secretos de su exjefe Paul Manafort en la corte federal la semana pasada .

Pero Manafort, a pesar de que ha estado en confinamiento solitario durante meses y está enfrentándose a la posibilidad real de un tiempo en la cárcel, no ha menospreciado públicamente a Trump.

Trump tampoco ha dicho nada malo sobre Manafort, aunque sí hizo una extraña comparación con Al Capone, sugiriendo que el gobierno ha sido más duro con Manafort que con el fallecido jefe criminal.

Quién sabe qué secretos ha derramado el exasesor de seguridad nacional Michael Flynn después de su declaración de culpabilidad. Mueller recientemente pidió más tiempo con Flynn antes de la sentencia. Trump se ha mantenido fiel a Flynn en Twitter e incluso ha expresado pesar por su situación.

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Y la imaginación se vuelve loca con las conversaciones que Michael Cohen, el ex solucionador y abogado del presidente, ha tenido con las autoridades. Él claramente le ha dado la espalda a Trump desde que le dio a CNN el audio de una conversación telefónica grabada en secreto.

Pero Cohen no está en la televisión por cable atacando y quemando a Trump. Su traición, si eso es lo que es, parece un poco menos entusiasta.

Y Trump, aunque se dice que se siente traicionado por Cohen, no ha hecho públicas sus frustraciones.

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Flynn, de manera similar, no ha dicho ni una mala palabra sobre Trump en público. Su hijo todavía se presenta regularmente para apoyar a Trump en las redes sociales.

Es por eso que hay tantas personas que se preguntan en voz alta si Trump está telegrafiando que perdonará a las personas procesadas por Mueller como a Scooter Libby.

Otro escape espectacular de la Casa Blanca fue la permanencia de 10 días de Anthony Scaramucci . Claro, él criticará a Trump oblicuamente o no estará de acuerdo con una decisión aquí o allá, pero ha convertido su tiempo posterior a la Casa Blanca en una especie de emisario de la Casa Blanca en televisión.

Steve Bannon, como Manigault Newman, fue despedido por el jefe de personal de la Casa Blanca, John Kelly. Y Bannon se enfrentó seriamente con Trump al dirigir a su exjefe hacia el caballo equivocado en una elección especial de Alabama y también con lo que parecían ser tiros apenas disimulados en Fuego y Furia: dentro de la Casa Blanca de Trump, el libro de Michael Wolff.

Pero Bannon, aunque renegado, todavía está en el equipo Trump. Es un gran patrocinador de las políticas comerciales del presidente y sus esfuerzos por rehacer el orden mundial occidental.

Eso es algo muy diferente de lo que está haciendo Omarosa, que esencialmente se está convirtiendo en una enemiga de la Casa Blanca.

Y es evidente que la violación pública de la lealtad ha afectado a Trump de una manera en que no había afectado la partida de ningún otro miembro del personal.

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La lealtad, aprendimos de la versión de James Comey de la supuesta solicitud de Trump, es muy importante para el presidente.

Él se enfrentó a Jeff Sessions porque sentía que su propio fiscal general era desleal al apartarse de la investigación de Rusia. Sessions, asombrosamente, todavía está en el gabinete, por supuesto.

Al principio de su carrera, le preguntaron a Trump por las "cosas clave" que un jefe debería buscar al contratar a alguien y formar un equipo.

"Lo que más me importa es la lealtad", dijo Trump durante una sesión de preguntas y respuestas.

"No puedes contratar la lealtad. A lo largo de los años he tenido personas a las que juraba que me eran leales, y resultó que no lo eran. Luego tuve personas en las que no tenía la misma confianza y que resultaron extremadamente leales. Entonces nunca se sabe realmente".

No es algo totalmente único en la política estadounidense que el personal o incluso los funcionarios del gabinete se vuelvan contra su presidente (esto es territorio pisado, en diversos grados, por personas como John Dean, Scott McClellan, Paul O'Neill y George Stephanopoulos). Pero es algo único en la Casa Blanca Trump.

Jeff Zeleny y Kevin Liptak de CNN contribuyeron a este reportaje

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