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¿Qué tanto afectarán las revelaciones de Woodward sobre Trump?

La lección que ha dejado la presidencia de Trump es que las controversias que socavarían una Casa Blanca a menudo lo dejan intacto. La pregunta es si esto pasará tras los informes de Woodward.

WASHINGTON (CNN) - Los señalamientos de Bob Woodward de que el alto personal de seguridad nacional de Estados Unidos se ve obligado a proteger al mundo del presidente estadounidense, Donald Trump, debería, en cualquier momento normal, precipitar una emergencia nacional casi sin precedentes.

Las revelaciones, incluidas en el nuevo libro del veterano reportero, Fear: Trump in the White House, son tan crudas e impactantes debido a que desarrollan una narrativa que los críticos del presidente han promovido desde hace mucho tiempo: que simplemente no es adecuado, por intelecto, temperamento y conocimiento, para ser el hombre más poderoso del mundo.

Para cualquier otro presidente, tales señalamientos desencadenarían un debate nacional, una acción dentro del gobierno para abordar la crisis nacional y quizás audiencias en el Capitolio, incluso dirigidas por los aliados republicanos del presidente. Ciertamente, cualquier comandante en jefe convencional se vería arrojado hacia una crisis política inmediata y podría ver escindidos sus índices de aprobación.

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Sin embargo, la lección que ha dejado la presidencia de Trump es que las controversias que socavarían una Casa Blanca normal a menudo lo dejan intacto. Al menos no alteran las realidades políticas que apuntalan su gobierno: una base leal e inamovible de votantes que apoyan sus intentos agresivos de desacreditar a cualquier persona u organización que intente juzgarlo y a un Partido Republicano que no quiere arriesgar su propia fortuna al contradecirlo.

La pregunta ahora es si la ecuación se mantendrá aun después de los informes de Woodward. Después de todo, su relato se basa en el juicio de los principales funcionarios del gobierno de que hay un “mentiroso” “desquiciado”, con un intelecto de “quinto grado” y un “rey shakespeareano” ofendido y abusivo que se enfurece en la Oficina Oval.

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Un presidente, que premia la lealtad y la autoimagen por sobre todo, queda expuesto y aislado en su propia Casa Blanca, visto con desprecio por quienes lo sirven y abierto al ridículo por otros que ven su imagen arrogante y dominante como un frente que muestra su incompetencia.

La pregunta más seria planteada por el nuevo libro de Woodward es la idea de que las personas en el salón de estrategia junto a Trump lo ven tan carente de sofisticación y juicio que toman medidas extremas, descritas como un “golpe de estado administrativo”, para eludir la amenaza que perciben que representa para la seguridad nacional.

Dada la rica textura de un libro entretejido con conversaciones y comentarios de altos funcionarios que filtran su desprecio por el presidente, debe haber una duda significativa sobre si los altos funcionarios de la Casa Blanca y el gobierno pueden simplemente capear la tormenta y seguir adelante como antes.

Aunque algunos críticos han cuestionado los métodos de Woodward en el pasado, su credibilidad de una vida como reportero y el volumen y la naturaleza asombrosa de las revelaciones contenidas en Fear: Trump in the White House son argumentos fuertes en cuanto a su autenticidad.

Trump respondió a la crisis adoptando los métodos agresivos que siempre usa para refutar las críticas y cumplir su máxima de devolver con fuerza el golpe.

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Pero también hubo un giro surrealista en su rechazo, ya que tuiteó negaciones a extrañas afirmaciones de que utilizó un lenguaje ofensivo para describir a su Fiscal General y destacó los ataques de medios conservadores.

“El ya desacreditado libro de Woodward, tantas mentiras y fuentes falsas, dice que ha llamado a Jeff Sessions ‘retrasado mental’ y ‘tonto sureño’. No dije nada de eso, nunca usé esos términos con nadie, incluido Jeff, y ser sureño es un cosa GRANDIOSA. ¡Inventó esto para dividir!, tuiteó Trump el martes por la noche.

A pesar de las negaciones cuidadosamente redactadas de los que fueron citados, las revelaciones de Woodward —quien las sostuvo el miércoles por la mañana frente a una crítica cada vez más dura por parte de la Casa Blanca— deberían suscitar preguntas sobre hasta qué punto los altos funcionarios le deben una explicación al público.

Si figuras clave como el jefe de gabinete John Kelly, el ex alto consejero económico Gary Cohn y si el secretario de Defensa, James Mattis, están realmente interviniendo regularmente para evitar desastres de seguridad nacional, ¿no deberían hacer que sus preocupaciones sean conocidas por el pueblo estadounidense y el Congreso? ¿O es el servicio continuo de algunos altos subordinados, a pesar del costo personal y sobre su reputación, un acto de patriotismo desinteresado que podría evitar un mayor daño?

También podría haber implicaciones políticas del nuevo éxito de Woodward.

Si su versión de los hechos, respaldada por entrevistas y cintas exhaustivas, es un reflejo real de la situación, ¿cuánto tiempo más continuarán defendiéndolo y sosteniéndolo los republicanos, que han protegido a Trump durante casi dos años?

Además está el impacto en el estado de ánimo y la psique del presidente. Ya ha dado muchas impresiones de regodearse en la furia y el resentimiento. Ahora, cuando su círculo más cercano de colaboradores parece estar aparentemente abandonándolo, es probable que se vuelva aún más frágil y solitario.

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Eso podría traducirse en arranques de furia en Twitter, reacciones incluso más volátiles a controversias globales clave e intentos cada vez más fervientes de cambiar el tema, emociones que a menudo se traducen en diatribas contra objetivos principales como el Fiscal General, Jeff Sessions, o contra la investigación especial de Robert Mueller sobre Rusia.

Torturador presidencial bipartidista

Los libros de Woodward a menudo se han especializado en desacreditar la ilusión de un presidente altamente competente y el culto a la infalibilidad que florece alrededor de la Oficina Oval.

Su nueva obra, que será publicada el próximo martes, es ligeramente diferente —y eso podría hacerla aún más dañina—, ya que parece confirmar en detalle y con documentación muchas versiones anteriores de una presidencia descarriada y un voluble comandante en jefe.

Aún así, la reacción inmediata de los citados por Woodward al criticar a su jefe fue un control de daños. Kelly negó llamar Trump un “idiota”. El exabogado del presidente, John Dowd, refutó una afirmación de que había advertido que las mentiras de su cliente terminarían con él en un “overol color naranja”.

Mattis dijo que nunca había usado palabras “despectivas” sobre Trump, como la afirmación de que el comandante en jefe tenía el intelecto de un alumno de quinto o sexto grado, lo cual fue reportado por Woodward en el libro, obtenido por CNN.

No hubo comentarios por parte de Cohn, de quien se dice que tomó un documento del escritorio de Trump que podría haber puesto en peligro un sistema de alerta temprana de misiles en la Península Coreana, diciendo: “Tengo que proteger al país”.

Trump siguió la secuencia de negaciones del gobierno con un tuit, su método probado de señalar a los seguidores que cualquier crítica es solo una trama partidista.

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“El libro de Woodward ya ha sido refutado y desacreditado por el general (Secretario de Defensa) James Mattis y el general (Jefe de Gabinete) John Kelly. Sus citas fueron fraudes inventados, una estafa para el público. Asimismo, otras historias y citas. ¿Es Woodward un operador de los demócratas? ¿Notaron la temporalidad?”.

Debido a que la Casa Blanca está siendo retratada en medio de un “colapso nervioso del poder ejecutivo del país más poderoso del mundo”, el libro de Woodward también podría manifestarse como una inteligencia útil para los enemigos de Estados Unidos que quieren poner a prueba a Trump.

También es probable que el libro inyecte nuevas toxinas políticas en la campaña electoral de mitad de periodo.

Momento duro

La pregunta que es imposible responder en este momento es si la tormenta de Woodward irrumpirá en Washington y desaparecerá —como lo sugiere la historia de Trump como político—, y las cosas volverán a la normalidad hasta las próximas revelaciones perjudiciales.

¿O es el libro tan creíble y corrosivo para la imagen de Trump que ayudará a generar una creciente inquietud sobre su presidencia entre una masa importante que podría comenzar a desmantelar las realidades políticas y el firme apoyo del Partido Republicano que lo ha mantenido en el puesto hasta ahora?

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Después de todo, el libro se publica en un momento difícil para el presidente. Él generó una desaprobación generalizada por su negativa a honrar al senador republicano de Arizona John McCain, quien murió a fines del mes pasado.

El presidente también ha aumentado su exposición legal personal a partir de las condenas de dos personas que alguna vez fueron cercanos a él, su ex presidente de campaña Paul Manafort y su abogado personal Michael Cohen.

Ahora es un cliché que la base leal de Trump no lo abandonará, pase lo que pase. Sus animadores de los medios conservadores seguramente participarán en la batalla para desacreditar a Woodward, aunque él no es conocido como partidista y ha atormentado tanto a presidentes demócratas como a republicanos.

Es posible que reportes aún menos halagüeños sobre la conducta y el carácter del presidente puedan agravar las dificultades de los republicanos, especialmente entre los votantes más moderados en los distritos suburbanos que podrían llegar a ser especialmente cruciales en la batalla por el control de la Cámara de Representantes.

El solo hecho de las audiencias de confirmación para el juez Brett Kavanaugh, un auténtico candidato conservador a la Corte Suprema, explica esta semana por qué muchos republicanos han estado dispuestos a ignorar las denuncias anteriores que alegan que Trump es incompetente y poco apto para la presidencia.

Pero hubo indicios genuinos de disgusto en el Capitolio por los ataques ofensivos lanzados contra Sessions por el presidente, según lo informado por Woodward.

El periodista galardonado con el Premio Pulitzer dijo que Trump había llamado a Sessions —quien frecuentemente es blanco de su furia— un “sureño tonto” y un “retrasado mental”.

A menudo hay una desconexión entre cómo Washington y las élites de los medios perciben los comentarios más explosivos de Trump y cómo se interpretan en otros lugares, especialmente en regiones que favorecen fuertemente al presidente y su estilo desenfadado.

Pero la burla "sureña” contra Sessions al menos pareció tener el potencial de ofender a algunos de los partidarios más comprometidos del presidente. Ciertamente no le cayó bien a algunos senadores de las zonas rurales que apoyan a Trump.

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“Me molesta”, dijo el senador Johnny Isakson, un republicano de Georgia, a Manu Raju de CNN.

El senador Lindsey Graham, un republicano de Carolina del Sur que a menudo defiende al presidente, dijo que la disputa con Sessions lo hacía sentir incómodo y que si Trump hubiera hecho tales declaraciones sería “inapropiado”.

Pero, aunque elogió a Woodward como un buen periodista, Graham agregó: “A la mayoría de la gente en el Sur le gusta lo que hace Trump. No leerán este libro".

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