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Nuestras Historias

La lucha de poder detrás de la guerra comercial Estados Unidos-China

Las negociaciones comerciales entre ambos países se han convertido en un duelo personal entre los presidentes Donald Trump y Xi Jinping.
En ventaja
En ventaja. Trump cree que la solidez de la economía estadounidense le da la ventaja y la capacidad de culpar a Xi por el estancamiento

WASHINGTON (CNN)- Ni Donald Trump ni Xi Jinping pueden darse el lujo de parpadear.

El duelo personal entre dos presidentes rivales podría asegurar que la guerra comercial transpacífica se intensifique y dure más de lo que cualquiera hubiera esperado.

El enfrentamiento ya no es nada más entre China y Estados Unidos, una potencia en ciernes que desafía el dominio establecido del líder de la economía global. Se ha vuelto un duelo de voluntades entre dos de los hombres más poderosos del mundo, cada uno con intereses políticos que probablemente profundicen el conflicto en vez de resolverlo rápidamente.

Ambos se consideran hombres fuertes. Ambos han impuesto su poder sobre el sistema de gobierno de su país por pura voluntad. Ambos tienen la autoridad de desencadenar ondas de choque en todo el mundo, como lo hicieron cuando los mercados cayeron tras el anuncio de que Trump aumentaría los aranceles y las consiguientes represalias multimillonarias de China, el lunes, 13 de mayo.

Ambos creen que el honor de su país está en juego en este momento crucial de la historia de las relaciones sino-estadounidenses, ya que la competencia entre ambas potencias se está agudizando.

Aunque Trump haya dicho que ambas partes estaban a punto de llegar a un acuerdo la semana pasada, antes de que China se echara atrás, la brecha en las intenciones de ambos gigantes de la economía complicará las negociaciones futuras.

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Trump arremetió contra el robo de propiedad intelectual por parte de los chinos y su apoyo a las industrias estatales; cree que tiene que cambiar el sistema de comercio mundial porque representa una gran estafa para Estados Unidos.

Además, Trump cree que la solidez de la economía estadounidense le da la ventaja y la capacidad de culpar a XI por el estancamiento.

"Ahora somos una economía mucho más grande que China y hemos aumentado nuestro tamaño sustancialmente desde las grandes elecciones de 2016. Somos el 'cochinito' que todos quieren romper y del que todos quieren aprovecharse. ¡YA NO MÁS!", dijo Trump el martes, 14 de mayo, en una ráfaga de tuits matutinos sobre el duelo comercial.

Xi considera que las exigencias de Estados Unidos son una violación a la soberanía de China y tiene incentivos para mantener intacta la globalización porque China se ha beneficiado enormemente del statu quo a lo largo de 20 años de crecimiento impresionante.

Al parecer, ni el líder chino ni Trump tienen la intención de ceder un ápice.

"China cree que no tiene por qué ceder", dijo Max Baucus, exembajador de Estados Unidos en China, a Kate Bolduan, de CNN.

"A eso hay que agregar que guardar las apariencias es algo muy importante en China. El presidente Xi Jinping no quiere dar la impresión de que cedió. No creo que los estadounidenses lo entiendan", dijo el también exsenador por Montana.

Aunque Trump dijo el lunes, 13 de mayo, que hablará con Xi en la cumbre del G20 en Japón , a finales de junio (que por lo visto será una reunión de gran importancia), para entonces las brechas podrían ser demasiado anchas como para cerrarlas.

La ideología de Trump

Una de las razones por las que la disputa podría prolongarse es que parece que Trump cree sinceramente que va ganando. Está convencido de la primacía y el vigor de la economía de Estados Unidos, está dispuesto a restarle importancia a las pérdidas del día en el mercado accionario y blande su herramienta arancelaria favorita, así que Trump no está nada perturbado.

"Estamos en una posición muy buena y creo que va a mejorar", dijo Trump el lunes.

Trump suele ser ideológicamente ágil y puede cambiar de opinión sin previo aviso. Sin embargo, desde hace décadas ha tenido posturas muy arraigadas respecto a la amenaza que China representa para la economía y desde hace mucho defiende la estrategia proteccionista. Este es un tema en el que ha demostrado que cree sinceramente. Después de todo, parece que está dispuesto a apostar la salud de la economía estadounidense, su mejor carta en la partida por la reelección en 2020.

Los comentarios radicales que Trump hizo el lunes podrían ser un intento por calmar a los mercados. Sin embargo, también afianzaron una postura que será difícil abandonar sin pasar vergüenzas.

Al menos por ahora, antes de que el daño a la economía y al presupuesto de los consumidores por la intensificación de la guerra comercial se vuelva evidente, parece que Trump cree que su situación política mejorará si le planta cara a China. Además, como acusó al gobierno chino de "violar" a los trabajadores estadounidenses en su campaña de 2016 , quiere cumplir sus promesas antes de 2020.

Trump también está usando el enfrentamiento con China para enfatizar los contrastes con el ex vicepresidente Joe Biden, el aparente favorito a la candidatura demócrata para 2020.

El lunes, Biden se quejó de que Trump estaba abordando esta disputa comercial de forma incorrecta al desplegar "mucha bravuconería, pero nada de acción".

Sin embargo, Trump ha acusado a Biden de ser demasiado débil para enfrentar a Xi y es evidente que le encanta la comparación.

"China SUEÑA con que Joe Biden el aletargado o cualquiera de los otros resulte electo en 2020. ¡Les ENCANTA estafar a Estados Unidos!", tuiteó Trump el fin de semana.

La gran apuesta de Trump

Las apuestas de Trump en política exterior suelen ir motivadas por el deseo de mejorar su situación en la escena nacional. Además, CNN reportó hace poco que Trump está desesperado por mantener su reputación de maestro de la negociación, otra de las razones por las que le costará ceder.

El gran riesgo político al que se expone es que la guerra comercial de desgaste se prolongue y empiece a socavar el crecimiento de Estados Unidos, que se devalúen las cuentas de ahorro para el retiro por la corrección de los mercados, que el factor de la sensación de bienestar quede manchado y que las promesas de una nueva era de prosperidad se desvanezcan.

Los electores podrían cansarse de pagar un impuesto efectivo por bienes como los iPhones, los juguetes y los alimentos pese a que Trump asegure que es China, y no los consumidores estadounidenses, quien paga el costo de los aranceles.

Los exportadores estadounidenses se verán afectados por los aranceles de China, al igual que la manufactura estadounidense.

Rick Helfenbein, CEO de la Asociación de Ropa y Calzado de Estados Unidos, dijo que su industria estaba "más que asustada".

"[Estamos] sentados con la sensación de que acabamos de comprar boletos para el segundo viaje del Titanic, la única diferencia es que ahora sabemos exactamente en dónde están los icebergs", dijo Helfenbein a CNN.

El padecer de los agricultores que cargan con las consecuencias de los aranceles que China impuso en represalia (especialmente los de los estados oscilantes del Medio Oeste) también podría sacudir a Trump en 2020.

Castigar al gobierno chino también podría tener otros efectos residuales. Si China pierde impulso, otras economías, incluidos los mercados de exportación de Estados Unidos en Asia y Europa, podrían verse afectados y afectar asimismo a los empleos y la prosperidad estadounidenses.

"Si todos los aranceles llegan a velocidad máxima, nos arriesgamos a una recesión", dijo Diane Swonk, economista en jefe de Grant Thornton, a Brooke Baldwin, de CNN.

Este escenario tan desalentador es una de las razones por las que algunos analistas apuestan a que Trump llegará a un acuerdo tras un rato de poses.

Después de todo, con frecuencia ha intensificado una crisis para luego dar marcha atrás y declarar que los cambios graduales a un acuerdo existente son una victoria enorme para Estados Unidos.

Así fue como se resolvió la crisis por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y nos da una idea de cómo sería un acuerdo en el G20 si Trump cambia sus cálculos políticos respecto a la guerra comercial con China.

La decisión de Xi

El enfrentamiento ha revelado una verdad que refleja una evolución geopolítica importante: el gobierno chino no le tiene miedo a Estados Unidos.

Trump pasó el fin de semana advirtiéndole a China en Twitter que "se vería muy afectada" si no llegaba a un acuerdo.

Para el lunes por la mañana, recibió una respuesta: Beijing anunció su plan de aumentar 60,000 millones de dólares en aranceles a mercancías estadounidenses .

Al igual que Trump, Xi no es inmune a las presiones políticas.

Aunque es el líder chino más dominante en varias décadas, no puede ignorar del todo la dinámica compleja del Partido Comunista. A los líderes chinos siempre les preocupa que cambien las condiciones sociales —cosa que podría ocurrir a consecuencia de la desaceleración de la economía—, que el pueblo se resienta y eso se traduzca en actividad política. China también es sensible a su propia experiencia con el colonialismo y está orgullosa de su auge como potencia regional y jugador mundial. Entonces, no hay circunstancia alguna en la que Xi se permitiría que lo vieran ceder ante las bravatas de algún líder occidental, ya no digamos de un presidente estadounidense tan combativo como Trump.

La importancia del orgullo chino en esta disputa se reflejó en un artículo del Diario del Pueblo, el micrófono oficial del Partido Comunista . El diario acusó a Estados Unidos de juzgar mal "la fuerza, la capacidad y la voluntad" de China y de tomar "una decisión arriesgada y precipitada".

Baucus dijo que los estadounidenses subestiman el tamaño, el poder y la influencia de China. Agregó que Beijing está pensando más a largo plazo que Washington y que con la represión férrea de la disidencia, puede darse el lujo de absorber los efectos secundarios dolorosos de una guerra comercial.

Tanto Xi como Trump saben que el otro tiene mucho que perder. La pregunta es el clásico acertijo diplomático: ¿Pueden lograr un resultado que les dé a ambos la opción de declarar la victoria?

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