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Netanyahu busca nuevos aliados en la cuarta elección en Israel en dos años

El primer ministro de Israel se enfrentará a unos comicios más duros que los de abril del año pasado, por lo que ha comenzado a acercarse a los partidos árabes para amarrar su victoria.
jue 28 enero 2021 06:02 AM
Israel
Los árabes-israelíes sufren una "discriminación estructural" en el país, un fenómeno que "no les impide disfrutar del progreso y de una buena vida”.

Frente a una nueva ronda de elecciones en la que se jugará su futuro político contra adversarios también instalados en la derecha nacionalista, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, está pensando en acercarse a un aliado insólito: el votante árabe.

Tras la caída de su alianza con el líder de la coalición centrista Kajol Lavan (Azul y Blanco), el ex comandante de las fuerzas armadas Benny Gantz, que le permitió formar gobierno el año pasado en uno de los peores momentos de la pandemia de coronavirus, Netanyahu competirá en marzo en unos comicios todavía más complicados que los anteriores tres que se celebraron en los últimos dos años.

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Uno de sus principales rivales, Gideon Sa'ar, fue durante mucho tiempo uno de sus más cercanos colaboradores, tanto en el gobierno como dentro del partido, el bastión de derecha Likud. El otro será, una vez más, el ex presentador televisivo Yair Lapid, una esperanza —que nunca se termina de concretar— para lo que queda del electorado progresista israelí.

Sa'ar ganó fuerte impulso cuando, después de dejar el Likud, formó en diciembre último el nuevo partido Tikvá Jadashá (Nueva Esperanza), con el que espera captar los votos conservadores y de centroderecha de aquellos que están cansados de las acusaciones de corrupción contra Netanyahu, quien justamente viene evadiendo los procesos por esas causas al mantenerse inmune como primer ministro.

Lapid, por su lado, formó su partido, Yesh Atid (Hay Futuro), en el 2012, y ya no es la "cara fresca" de la política israelí que prometía representar a los centristas, moderados y laicos que todavía quedan en el país. Su figura, sin embargo, se mantiene porque el progresismo local no produce otros candidatos, más allá del experimento fallido de Gantz.

Según los resultados de una reciente encuesta, divulgados a mediados de esta semana, el Likud de Netanyahu obtendría 39 bancas para el parlamento unicameral, la Knesset, que cuenta con 120 asientos, dejándolo lejos de los al menos 61 escaños necesarios para formar gobierno.

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Israel celebrará sus cuartas elecciones en dos años justamente por esa razón: el Likud sigue siendo el partido más votado, pero no llega por sí solo a los 61 escaños que exige el sistema parlamentario. Netanyahu habitualmente recurre al apoyo de los partidos ultra-religiosos y a los otros partidos de derecha.

En el segundo lugar del sondeo, preparado para el Canal 12 de la televisión israelí, aparece Lapid con 16 y tercero Sa'ar con 15. Más abajo, con doce bancas proyectadas, quedó Yemina (Derecha, en hebreo), una coalición de partidos todavía más a la derecha del Likud, liderada por Naftali Bennett, quien —al igual que Sa’ar— fue en varios momentos ministro de los gabinetes de Netanyahu.

En el quinto puesto, con diez bancas, la encuesta encontró a la Lista Conjunta, la coalición de partidos árabes que llegó a sumar quince históricos escaños en las elecciones de marzo del 2020. Bajo el paraguas de la Lista Conjunta conviven varias formaciones políticas árabes que representan diversos intereses, que van desde el nacionalismo de los israelíes de origen palestinos o los más moderados que buscan mejoras sociales para esta minoría, que forma alrededor del 20% de la población del país.

La Lista Conjunta terminó siendo, tras las elecciones de marzo del año pasado, el fiel de la balanza que impidió que Gantz formara un gobierno progresista. En un primer momento se mostraron dispuestos a apoyar al ex militar, pero luego tres de los diputados dieron marcha atrás, lo que permitió que Netanyahu siguiera en el poder y terminara creando, en mayo, el "gabinete de unidad" para enfrentar al COVID-19.

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Esta vez, las voluntades de los líderes de las formaciones árabes al interior de la Lista Conjunta aparecen todavía más diversas. Algunos de ellos, incluso, llegaron al borde de lo que era una herejía para el sector árabe: considerar apoyar un gobierno de Netanyahu.

Una minoría clave

Para comprender mejor los movimientos de los partidos y de los votantes árabes en Israel hay que dejar de lado los prejuicios y admitir que, aunque existen ciertos niveles de discriminacion, esta minoría no vive en un apartheid ni nada que se le acerque.

Una cosa es los palestinos en los Territorios Ocupados y otra los árabes-israelíes, quienes—en líneas generales— disfrutan de los avances económicos del país, son presencia común en la educación, la salud y la justicia, y cuentan con un extendido sistema cultural y de medios de comunicación propio.

Además, a diferencia de los palestinos en Cisjordanía o en la Franja de Gaza, los árabes-israelíes están recibiendo las vacunas contra el COVID-19 al igual que el resto de los ciudadanos del país.

Es decir, se encuentran en medio de un gran dilema: tienen que convivir con los judíos que llegaron al país en las últimas décadas y sus descendientes, los mismos que forman parte del ejército que periódicamente lucha contra otros árabes pero que también forjaron un sistema político y económico que les da acceso a un nivel de vida y a libertades cívicas con las que muchos no podrían soñar en países islámicos vecinos.

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Durante mucho tiempo una fuerza marginal, los partidos árabes ahora tienen una voz ineludible en el escenario político nacional, una situación a la que parecen estar acostumbrándose de a poco.

¿Habrá llegado la hora de que los partidos árabes entren de lleno en el toma y daca más crudo de la política israelí, ese proceso que lleva a extrañas alianzas y puestos en los gabinetes? Si se tienen en cuenta ciertos actos y declaraciones de líderes árabes en las últimas semanas, parecería que sí.

Quien lanzó la primera bomba fue el diputado Mansour Abbas, del partido Ra'am, que forma parte de la Lista Conjunta. En octubre del año pasado, Abbas votó en contra de un procedimiento parlamentario contra Netanyahu. Pocas semanas después, conmovió al declararse dispuesto a apoyar un nuevo gobierno del actual primer ministro.

"La mayor parte del tiempo, los partidos árabes forman automáticamente parte de la izquierda, sin considerar cuestiones claves" para la minoría que representan, afirmó en aquel momento Abbas. Entrevistado por el diario The Jerusalem Post, añadió: "ese enfoque está equivocado y debemos reposicionarnos hacia todo el espectro político israelí y no hacia un solo lado".

"No estamos en los bolsillos de la izquierda ni de la derecha, necesitamos actuar dentro de los intereses de la sociedad árabe que nos eligió", completó el congresista.

Eso sonó como música en los oídos de Netanyahu, quien tras las próximas elecciones deberá hacer malabarismos para alcanzar la mayoría parlamentaria que le permita formar gobierno. Junto a sus habituales aliados, como Yemina y los partidos ultra-religiosos, todavía no pasa las 60 bancas, según las encuestas.

Netanyahu —quien muchas veces usó el peso del electorado árabe como un "cuco" para mover a los votantes de derecha hacia las urnas.. no perdió tiempo y ya viene realizando declaraciones a favor de esta posibilidad de colaboración. Incluso ya tuvo varias reuniones con alcaldes de ciudades árabes y realizó una visita de alto perfil a Nazaret, uno de los centros principales de esta minoría.

¿Se trata de un nuevo amor o de un acercamiento de conveniencia? Según el politólogo israelí Alberto Spektorowski, son apenas "pasos tácticos de Netanyahu”.

Spektorowski, nacido en Uruguay y destacado profesor en la Universidad de Tel Aviv, cree que Netanyahu "no es racista, pero utiliza el racismo como también puede utilizar lo opuesto, si le sirve”.

"Lo importante no son las intenciones sino el resultado, y si por 'malas intenciones' salen presupuestos para infraestructura en los pueblos árabes y intervención del estado contra la delincuencia en esas ciudades, pues bienvenido sea", dijo el analista a Expansión.

Los árabes israelíes, continuó, siguen sufriendo una "discriminación estructural" en el país, un fenómeno que "no les impide disfrutar del progreso y de una buena vida”.

Esa discriminación se traduce en altos niveles de crimen en las localidades árabes y una fuerte sensación de resentimiento social hacia un vecino judío que, al mismo tiempo, los ayuda y los mantiene a cierta distancia.

Según Spektorowski, este romance entre Netanyahu y algunos dirigentes árabes podría terminar en una "cooperación basada en intereses complementarios, pero no en una alianza" política formal.

Por lo pronto, ya se especula con que la posición de Abbas podría destruir la coalición de la Lista Conjunta, alejando a los partidos árabes más a la izquierda.

Ra'am, el partido de Abbas, es conocido por sus posiciones conservadoras de tono islámico. No muy distintas de las posiciones conservadoras, de tono judío, del Likud.

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