A 20 años del Corralito, ¿cómo Argentina quedó marcada para siempre?

El país sudamericano, que vivió dos días fuertes protestas sociales que terminaron con el gobierno de Fernando de la Rua, vive desde diciembre de 2001 una gran inestabilidad económica.
La policía cargó con sus caballos contra las Madres de Plaza de Mayo, que buscan a sus hijos desparecidos durante la dictadura. Fue como echar leña al fuego. Centenares de miles se lanzaron a las calles.

Argentina vivió hace 20 años la peor de sus crisis económicas y políticas, con el default más grande de la historia, al colapsar el tipo de cambio fijo, con depósitos bancarios confiscados y un presidente que huyó en helicóptero en medio de una rebelión popular.

Las cicatrices de aquel trauma se palpan aún hoy, en una desconfianza generalizada hacia la dirigencia política a la que en 2001 la población le pedía a gritos "¡Que se vayan todos!". Unas 40 personas cayeron bajo las balas policiales en las manifestaciones y saqueos.

El “corralito”: la gota que derramó el vaso

Estas jornada negras fueron consecuencia de la profunda crisis que se había instalado en el país y la instauración por parte del gobierno del llamado "corralito", que restringía los retiros bancarios a los ciudadanos a 250 pesos/dólares por semana.

En ese momento regía la paridad del dólar y un peso argentino equivalía a un dólar estadounidense. Este modelo junto con las privatizaciones y la apertura comercial sin control había dado una falsa ilusión de prosperidad a un país empobrecido.

Miles de personas se lanzaron a los supermercados a saquear alimentos, un brutal contraste con la época en la que muchos argentinos compraban bienes importados de lujo gracias a un peso sobrevaluado.

Y aquel 2001 entraba en la memoria colectiva. "Hubo una sensación de fuerte orfandad, desconfianza en las instituciones, el Estado y los bancos", dijo a la AFP el historiador Felipe Pigna.

Los ahorristas reclamaban a gritos y cacerolazos la devolución de su dinero bloqueado en los bancos en el 'corralito', instrumentado por el ministro de Economía Domingo Cavallo en busca de evitar el derrumbe del sistema bancario.

"¡Chorros, chorros (ladrones), devuelvan los ahorros!", cantaba a voz en cuello la gente, mientras golpeaba con martillos las persianas bajas de los bancos.

Cavallo había sido ministro del peronista de derecha Carlos Menem (1989-1999). Fue el padre de la "Convertibilidad" uno a uno, que duró 10 años hasta que le explotó al presidente Fernando de la Rúa.

"De 77,000 dólares que tenía en el banco, en el 'corralito' perdí 40,000. Ese diciembre fue terrible, había quilombo (revueltas) por todos lados", evocó a la AFP el informático Ricardo Lladós (71 años).

La represión contra las manifestaciones y el abandono de De la Rúa

En medio del incendio, De la Rúa decretó el estado de sitio el 19 de diciembre. La policía cargó con sus caballos contra las Madres de Plaza de Mayo, que buscan a sus hijos desparecidos durante la dictadura. Fue como echar leña al fuego. Centenares de miles se lanzaron a las calles.

"Fue una vorágine. Al anochecer del 19 se reunía gente en las esquinas con las cacerolas. Luego era una multitud que marchaba al Congreso", recuerda la abogada María del Carmen Verdú, titular de la Coordinadora contra la Represión Policial (Correpi).

En las escalinatas del parlamento la policía baleó a un manifestante que murió después. "Fue la demostración de que ya usaban balas de plomo", señala.

"La orden del gobierno de De la Rúa era despejar la Plaza de Mayo, que no hubiera una multitud pidiendo su renuncia y gritando 'qué se vayan todos'", la proclama que unificó las protestas.

Debido a la fuerte presión social que se vivió en las calles de todo el país, el presidente De la Rúa optó por renunciar y abandonar en helicóptero la Casa Rosada. Fue procesado por homicidio, pero la justicia lo sobreseyó. Falleció en 2019.

"Abandonó el barco en una crisis inédita, con enorme costo social, aumento geométrico de la pobreza (57%) y el desempleo (20%) y millones de damnificados de la (posterior) devaluación" del peso, explicó a la AFP el académico Pablo Tigani, máster en Política Económica Internacional.

La deuda pública era impagable. Nombrado presidente por el Congreso, el peronista Adolfo Rodríguez Saá declaró entre vítores el default más grande de la historia por 100,000 millones de dólares (70% del pasivo). Duró una semana en el poder.

La inestabilidad económica: una constante argentina

Otro presidente peronista de derecha, Eduardo Duhalde, asumió y llamó a elecciones anticipadas. Así surgió un mandatario también peronista pero ubicado más a la izquierda, Néstor Kirchner (2003-2007), que inició una era que continuó con dos mandatos de su esposa, la hoy vicepresidenta Cristina Kirchner.

Durante ese período Argentina canceló la deuda que tenía con el FMI en un pago de 9,500 millones de dólares y reestructuró bonos con apoyo del 93% de los acreedores. El resto se resolvió en juicios con "fondos buitre", que compraron la deuda ya en default y litigaron en Estados Unidos para conseguir pagos y ganancias.

Argentina, en medio de una nueva crisis monetaria, volvió a pedir auxilio al FMI durante el mandato del liberal Mauricio Macri (2015-2019). Recibió el mayor préstamo que el organismo acordó a un país: 57,000 millones de dólares de los que se desembolsaron 44,000.

Macri sostuvo que los fondos se usaron para pagos a bancos privados que evaluaban irse del país, para que recuperaran inversiones.

Argentina enfrenta vencimientos de unos 20,000 millones de dólares por año en 2022 y 2023, y sus exiguas reservas internacionales y su situación económica —en recesión desde 2018, con inflación de 51% anual y pobreza de 40.6%—, la obligan a renegociar con el Fondo.

Aunque los bancos respaldan los depósitos en dólares (20% del total), existe un control de cambios que limita las extracciones. Y para muestra, basta un botón: una falsa noticia de 'corralito' provocó en noviembre retiros de depósitos.

"El 2001 es un fantasma que reaparece en tiempos de crisis. No en términos racionales, pero sí emocionales", concluyó Piña.

Justicia tardía

El presidente argentino, Alberto Fernández, descubrió este domingo una placa conmemorativa en la Casa Rosada que llevará los nombres de las 39 víctimas de la represión policial durante las revueltas del 19 y 20 de diciembre de 2001.

El mandatario no dejó de señalar que "la justicia en este caso tardó en llegar 20 años", que "llegó mínimamente" porque consideró que los condenados lo están por delitos que calificó de "menores”, y destacó que “llegó 20 años después porque los que tenían que firmar el fallo sabían que esta plaza se iba a colmar de gente el día 20 reclamando justicia y quisieron acallar esas voces”.

Los responsables de la represión policial que terminó con cinco muertos y centenares de heridos en la zona de Plaza de Mayo recién fueron condenados en mayo de 2016 y la Cámara Federal de Casación Penal ratificó esas condenas, luego rebajadas, el pasado 13 de diciembre, y aún resta el pronunciamiento de la Corte Suprema.

Fernández también dijo que enviará al Congreso argentino un proyecto de ley que establecerá una reparación, en concepto de indemnización para las personas que fallecieron o sufrieron lesiones graves como consecuencia de la represión estatal en 2001.

En las manifestaciones de este lunes, los discursos denunciaron "la continuación del ajuste y la deuda externa" durante el gobierno de Alberto Fernández: "A 20 años reinvindicamos su vigencia en el marco de un pacto con el FMI que traerá mas ajuste, miseria y desocupación", planteó una dirigente del Polo Obrero, una organización de izquierda no alineada al gobierno de Fernández.

Con información de AFP y EFE