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Sudamérica gira a la izquierda, pero con marcadas diferencias entre sus líderes

La pobreza y la desigualdad han movido el péndulo hacia políticos que ofrecen soluciones más radicales, pero con ejemplos tan distantes como Pedro Castillo en Perú y Gabriel Boric en Chile.
vie 11 febrero 2022 05:04 AM
El presidente de Perú, Pedro Castillo, inviste a su nuevo primer ministro, Anibal Torres.
Pedro Castillo enfrenta la inestabilidad política en Perú.

Sudamérica gira a la izquierda. El hartazgo social por el aumento de la pobreza y la desigualdad —lastres crónicos ahora profundizados por la pandemia— vienen moviendo el péndulo político hacia líderes que promueven cambios más radicales.

Tras el triunfo de Gabriel Boric en Chile a fines del año pasado, en 2022 habrá dos elecciones presidenciales que también podrían impulsar a líderes izquierdistas. Gustavo Petro en Colombia y Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil son firmes candidatos para llegar a la presidencia y reemplazar, al igual que en Chile, a mandatarios conservadores. De confirmarse, esa ola se sumaría a las recientes llegadas al poder de Luis Arce en Bolivia y Pedro Castillo en Perú.

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Aprender de los errores del chavismo y otras corrientes de izquierda

A simple vista, este viraje a la izquierda parece replicar al proceso transcurrido en la primera década del siglo. Por entonces, la irrupción de líderes que, si bien tenían ideas y prácticas muy diferentes, compartían la adscripción a la izquierda abarcó a buena parte de la región.

Desde Ricardo Lagos y Michelle Bachelet en Chile hasta Hugo Chávez en Venezuela, pasando Tabaré Vázquez y José Mujica en Uruguay, Lula en Brasil, Evo Morales en Bolivia y Rafael Correa en Ecuador, los gobiernos de izquierda conformaron una oleada que surgió en respuesta a los pobres resultados obtenidos por los modelos neoliberales que habían predominado en la década del 90.

El izquierdista Gabriel Boric será el nuevo presidente de Chile.

La novedad es que, ya con las lecciones aprendidas del proceso anterior, esta nueva irrupción de la izquierda en el sur del continente promete no repetir viejos errores.

“A comienzos de siglo todavía no habíamos tenido la experiencia bolivariana y eso marca una notoria diferencia con el actual proceso”, dice Javier Couso, académico de la Universidad Diego Portales, en Santiago de Chile. “Hay muchas lecciones aprendidas de no solo los gobiernos de Chávez y (Nicolás) Maduro, sino también de las administraciones que estuvieron cerca del chavismo, como las de Correa y Evo Morales”.

 

Un signo evidente de los nuevos tiempos es el rechazo sin rodeos al modelo chavista que exhiben los líderes izquierdistas emergentes en Sudamérica. Boric, quien asumirá la presidencia de Chile el próximo 11 de marzo, es el dirigente que refleja con mayor claridad ese alejamiento.

“Venezuela es una experiencia que ha fracasado y la principal demostración son los 6 millones de venezolanos en diáspora”, dijo en una entrevista con el portal BBC Mundo a fines de enero. Esa dura crítica fue potenciada días después con la designación como futura canciller de Antonia Urrejola, conocida por su oposición al gobierno de Maduro cuando estuvo al frente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en 2021.

Más allá de la postura de Boric, el cambio de enfoque de la izquierda sudamericana con relación al chavismo queda todavía más evidenciado con el giro abrupto de líderes que habían coqueteado durante años con el régimen venezolano.

El recorrido de Petro, favorito según los sondeos a triunfar en las elecciones presidenciales del 29 de mayo en Colombia, refleja ese cambio de ciclo. Lejos de los tiempos en que se consideraba amigo de Chávez, el ex alcalde de Bogotá emprendió una rápida estrategia de diferenciación que lo llevó a afirmar que “no hay revolución en una rosca que se perpetúa solo para captar rentas petroleras”.

Un viraje similar fue protagonizado por Pedro Castillo.

 

Una izquierda con más disciplina fiscal

Para los analistas, el alejamiento del chavismo por parte de los nuevos líderes de izquierda en la región no solo implica un rechazo a las prácticas autoritarias y represivas del régimen venezolano, sino también a sus lineamientos económicos.

“La izquierda que quiere ganar estabilidad hace bien en distanciarse del modelo económico chavista para mostrarse como viable”, dice Eduardo Dargent, analista político y profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú, en Lima. “Cualquier líder de izquierda responsable ya reconoce que las políticas contra las empresas privadas con medidas grandilocuentes no generan resultados positivos”.

Con esa lección incorporada, otro factor que une a los líderes emergentes en Sudamérica es la apuesta por la moderación fiscal. Lejos de planteos más radicales, tanto Boric como Castillo designaron como ministros a economistas con posturas muy moderadas.

El presidente electo de Chile nombró como ministro de Hacienda a Mario Marcel, quien fue titular del Banco Central designado por la ex presidenta socialista Michelle Bachelet en 2016 y ratificado en su cargo por el mandatario conservador Sebastián Piñera.

Las posiciones de Marcel están lejos de representar un giro abrupto con respecto a las políticas económicas que fueron llevadas adelante en Chile durante las últimas tres décadas. De hecho, el designado ministro fue un férreo opositor a los retiros anticipados de los fondos acumulados en las administradoras de pensiones, medida que fue promovida por las bancadas de izquierda y centroizquierda en el Congreso en los últimos dos años.

 

Ya alejado de sus posturas más duras, Boric plantea que la reforma tributaria que debe encararse en Chile no puede verse “como un enfrentamiento entre clases sociales”, sino que debe apuntar hacia un régimen “más parecido al que tienen la mayoría de los países de la OCDE, tanto en términos de recaudación como en progresividad”.

Ese viraje de Boric es compartido por Castillo, quien ya durante la campaña que lo llevó a la presidencia se fue distanciando de algunas de sus promesas electorales más radicales, como la elaboración de una nueva Constitución y las restricciones a las actividades de las empresas que explotan los recursos naturales en Perú.

A cambio, dio paso a posturas moderadas que se consolidaron con la designación como ministro de Economía y Finanzas de Pedro Francke —un economista con un discurso progresista y alejado de posiciones populistas— y la ratificación como presidente del Banco Central de Julio Velarde, un funcionario muy respetado por la prudente política monetaria que viene llevando adelante desde 2006 y que permitió reducir la inflación a niveles muy bajos.

En una de las recurrentes crisis políticas que viene sufriendo el gobierno de Castillo, Francke renunció a su cargo a comienzos de febrero en solidaridad con los funcionarios que exigen más contundencia contra la corrupción. Pero la salida no representa un giro: Francke fue reemplazado por Oscar Graham, un economista de perfil técnico que promete sostener el actual esquema económico.

En todo caso, los ajustes de Boric y Castillo en su rumbo económico recuerdan a los emprendidos por Lula tras asumir por primera vez la presidencia de Brasil a comienzos de 2003. Por entonces, para calmar la agitación de los mercados financieros que provocó su triunfo electoral, Lula abandonó parte de sus viejas posturas para abrazarse a una política económica ortodoxa de austeridad fiscal y metas de inflación que continuaron las líneas básicas iniciadas por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso.

“Hay bastante conciencia entre los nuevos liderazgos de que la amenaza de la inflación, derivada inevitablemente de los desequilibrios fiscales, vuelve inviables las políticas sociales sustentables”, dice Couso. “Dado que la inflación es un impuesto que pagan más los desaventajados, la disciplina fiscal hoy es un requisito sine qua non de políticas progresistas”.

Boric y Castillo: dos tipos de izquierda distintos

Las coincidencias en torno al abandono del chavismo y a posturas moderadas en materia económica no implican que los nuevos líderes de la izquierda en Sudamérica presenten posiciones homogéneas en general. De hecho, una clara línea divisoria separa a quienes plantean una agenda de reformas progresistas a tono con las nuevas demandas de la sociedad de aquellos que continúan rechazando esos cambios.

Boric, un líder de 35 años surgido de las protestas en favor de una mayor igualdad en el acceso a la educación en Chile, promete ser la cara de reformas sociales y culturales pendientes en Chile.

Además de plantear una nueva cultura de izquierda con eje en los derechos humanos y en la lucha contra el cambio climático, el presidente electo pone especial foco en temas relacionados con la paridad de género, el aborto y la violencia contra las mujeres, posturas que le permitieron diferenciarse en la campaña electoral de las posiciones reaccionarias esgrimidas por el candidato ultraderechista, José Antonio Kast.

En paralelo al reformismo socialdemócrata que propone Boric, surge también una izquierda conservadora en cuestiones sociales. Castillo es el exponente más notorio de esa corriente.

El presidente de Perú mantiene una cerrada postura en contra de la legalización del aborto, el matrimonio de las personas del mismo sexo y el enfoque de género en la educación. Tampoco en Bolivia hay avances significativos en esos aspectos luego de los casi 14 años de gobierno de Evo Morales y algo más de un año del actual presidente Luis Arce.

No son las únicas diferencias. “Posturas como las de Lula y Boric ponen distancia del neoliberalismo, creen en un estado social fuerte, pero a la vez consideran que hay un enorme valor en respetar las instituciones del estado de derecho”, dice Couso. “En cambio, los populismos de izquierda se parecen a los de derecha: son resistentes a la justicia independiente y a la crítica periodística”.

Con algunas similitudes y evidentes diferencias entre sus líderes, la izquierda vuelve a tomar protagonismo en Sudamérica. A favor, cuenta ahora con los aprendizajes derivados del proceso anterior.

“A diferencia de lo que ocurrió en la primera década del siglo cuando sí hubo una serie de gobiernos con características más de izquierda que llegaron al poder y eso fue un proceso novedoso en muchos países, esta vez lo que se busca es un horizonte de reformas económicas, pero también de seguridad y estabilidad”, dice Dargent.

La emergencia por el cambio climático es asunto de interés nacional en Perú

“Lo que resta saber ahora es cuánto hay de convencimiento en los nuevos líderes de la importancia de una estabilidad macro sobre la cual se harán las reformas y cuánto hay de mera estrategia por temor a un ataque de los mercados: del resultado de esa ecuación dependerá el compromiso que tengan los presidentes para encarar realmente una agenda de reformas progresistas”, concluye.

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