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¿A la izquierda? Colombia está a punto de vivir una elección histórica

Gustavo Petro, senador y exguerrillero, se perfila para obtener el mayor número de votos el domingo, pero aún es incierto si le alcanzará para ganar en la primer a vuelta.
vie 27 mayo 2022 02:33 PM
El candidato de izquierda a la presidencia de Colombia, Gustavo Petro, de la coalición Pacto Histórico, saluda cuando llega a un debate en Bogotá, Colombia.
“Petro está interesado en cambiar en forma moderada la calidad de socio especial que tiene Colombia con EU, y México sería un buen socio para recorrer ese camino”, dice una especialista en política.

Por primera vez en su historia, Colombia está a un paso de girar a la izquierda durante las elecciones presidenciales 2022.

Las encuestas coinciden en que Gustavo Petro, exalcalde de la capital Bogotá y candidato de la coalición progresista Pacto Histórico, será, por lejos, quien obtendrá el mayor caudal de votos en las elecciones presidenciales del próximo domingo. Sin embargo, las cartas aún no están echadas.

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El interrogante pasa por saber si el impulso final de la campaña le alcanzará a Petro para obtener más de la mitad de los votos válidos y vencer en la primera vuelta o si deberá esperar a un incierto balotaje el 19 de junio en el que enfrentaría al derechista Federico Gutiérrez o al ascendente candidato independiente Rodolfo Hernández.

“La singularidad de estas elecciones no solo pasa por la posibilidad cierta de que la izquierda llegue por primera vez al poder, sino también porque el próximo presidente podría no surgir del sistema político tradicional del país”, dice Sandra Borda Guzmán, profesora asociada del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes.

“De concretarse el triunfo de Petro, representaría un cambio de época para Colombia, un país que ha sido tremendamente conservador en términos políticos y económicos, lo que ha producido estabilidad, pero al mismo tiempo los niveles de desigualdad más notorios de América Latina”, comenta la especialista.

Petro apuesta por la moderación

Más de 39 millones de colombianos habilitados para votar estarán el próximo domingo frente a una encrucijada entre la continuidad o el cambio. Gustavo Petro busca canalizar al creciente sector de la sociedad que ansía nuevos rumbos. En su tercer intento por llegar a la presidencia, abandonó el discurso radical de campañas anteriores y moderó sus propuestas.

 

Mientras en 2018, cuando perdió las elecciones con el actual presidente Iván Duque, su principal promesa pasaba por la convocatoria a una Asamblea Constituyente para reformar la Constitución, en la actualidad repite que su compromiso es total con la actual Carta Magna y que no planea modificarla.

"Petro ha dado un grandísimo giro a la moderación con respecto a la campaña de 2018", dice Borda Guzmán. "Está dispuesto a no patear o a patear más suavemente el tablero de la institucionalidad colombiana, y eso es importante porque hay sectores más moderados que podrían estar atraídos por su política social y económica, pero veían como peligrosa su posición en materia institucional".

Ese esfuerzo por moderarse, que incluye el acercamiento a sectores tradicionales de la política colombiana, procura exhibir un claro alejamiento no solo de sus propuestas radicales, sino también de parte de su pasado político. Petro, de 62 años, fue miembro del grupo guerrillero Movimiento 19 de abril (M-19) en la década del 80.

Ese movimiento es responsable de una de las peores tragedias en la historia de Colombia: la toma del Palacio de Justicia, en el centro de Bogotá, el 6 de noviembre de 1985. Después de dos días en que los insurgentes retuvieron a 350 rehenes entre magistrados, empleados judiciales y visitantes, en el operativo militar que retomó el control del edificio murieron 98 personas y 11 más fueron declaradas como desaparecidas. Petro no formó parte de aquella toma, pero sus críticos continúan vinculándolo con el hecho.

 

El empeño de Petro puesto en desterrar el temor que aún sigue inspirándole a una parte de la sociedad colombiana incluyó a mediados de abril la firma de un documento bajo juramento en el que se comprometió a no expropiar bienes si llegase a la presidencia.

No obstante, aún con ese giro notorio, el exalcalde de Medellín y candidato derechista Federico “Fico” Gutiérrez continúa definiendo al proyecto de Petro como populista y autoritario, y pide el voto para “preservar la democracia y las libertades”.

Ese intento por forzar la polarización, que fue exitoso para la derecha en las elecciones presidenciales de 2018, ahora parece no cuajar en la sociedad. “Gutiérrez busca contrarrestar el costo reputacional que supone ser la continuidad del gobierno de Duque con la idea del temor al cambio o del salto al vacío”, dice Juan Carlos Arenas Gómez, director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, en Medellín. “El problema de esa estrategia es que los niveles de rechazo al gobierno son hoy mucho más altos que los de Petro”.

No es la única dificultad para la campaña de Gutiérrez. En 2018, la candidatura de Duque había sido impulsada por un creciente rechazo social a los términos del Acuerdo de Paz firmado dos años antes por el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia-Ejército del Pueblo (FARC-EP).

 

“La agenda cambió, pero la propuesta de la derecha, no”, dice Borda Guzmán. “En esta elección, el Acuerdo de Paz, que había sido caracterizado por la derecha casi como una rendición del estado frente a la guerrilla, no está jugando ningún papel, y, en cambio, se hace referencia a los temas que pusieron sobre la mesa las manifestaciones populares de 2021, que son la desigualdad económica y de género, la pobreza y la falta de empleo”.

¿Qué desafíos enfrentará el próximo presidente de Colombia?

El cambio de los vientos políticos en Colombia que podría llevar a la izquierda al gobierno tuvo para buena parte de los analistas su origen en las masivas protestas de abril del año pasado.

Por entonces, la presentación de un controvertido proyecto de reforma tributaria por parte del gobierno de Duque fue la chispa que encendió la hoguera en una sociedad cruzada por una crónica desigualdad.

Según datos del Banco Mundial, en 2020 el 10% de la población más rica de Colombia percibía 11 veces más ingresos que el decil más pobre, un nivel de inequidad que solo es superado por Brasil en América Latina. En tanto, Colombia se ubica entre los cinco países con más concentración de la tierra en el mundo: el 81% de la tierra privada está en manos del 1% de la población.

Esos lastres se profundizaron con la pandemia. En los últimos dos años, casi 2 millones de personas pasaron a formar parte de la legión de 19,6 millones de pobres en el país. Ese panorama viene siendo agravado por una inflación en alza. En abril, el índice de precios trepó al 9.23%, el más elevado de los últimos 21 años, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane).

Quien asuma la presidencia el próximo 7 de agosto deberá hacer frente a esa larga lista de retos. Petro es el candidato que parece sintonizar mejor con las demandas que hoy son prioritarias para los colombianos.

En materia económica y social, su principal propuesta pasa por una reforma tributaria que reduzca la carga impositiva sobre las pymes y los bienes de la canasta familiar, y la incremente para las 4,000 fortunas más grandes del país.

“Un desafío que no va a distinguir al signo político del próximo presidente es el fiscal”, dice Arenas Gómez. “Eso obligará a negociar una reforma tributaria apenas comience el nuevo gobierno, que no contará con mayorías en ninguna de las cámaras”.

En ese marco, más allá de la moderación exhibida en campaña, los analistas coinciden en que si Petro llega al gobierno deberá mostrar fortaleza para enfrentar a fuerzas poderosas que se opondrán a cambios como la reforma tributaria y la agraria.

Frente a esos conflictos por delante, asoma como clave el rol que podría jugar su compañera de fórmula, Francia Márquez, una líder ambiental por la defensa de los territorios ancestrales y activista social.

“Hábilmente, Petro se ha moderado políticamente, pero tiene como candidata a vicepresidente a Francia Márquez, que se encarga de seguir representando a las bases, con una postura mucho menos congraciada con la parte de la política tradicional con la que se ha tenido que congraciar el candidato presidencial”, dice Borda Guzmán.

“Están jugando el juego del policía bueno y el policía malo, y les está funcionando bien”.

Con una intención de voto en torno al 40%, Petro duplica el caudal de Gutiérrez, según el consenso de los sondeos. Por detrás de los dos principales aspirantes, sobresale el ascenso acelerado en los últimos días del outsider populista Rodolfo Hernández, un magnate de la construcción que se muestra como un candidato de la anti política y que podría desbancar a Gutiérrez de un eventual balotaje.

Esa carrera recibió un nuevo impulso la semana pasada con el apoyo de la exrehén de las FARC Ingrid Betancourt, quien decidió renunciar a su candidatura presidencial para respaldar a Hernández. La grilla de candidatos la completan el centrista Sergio Fajardo, el ultraconservador Enrique Gómez Martínez y el derechista John Milton Rodríguez.

“Hay muchas cosas que van a cambiar en Colombia después del domingo, pero aún sabemos cuánto lo harán ni en qué dirección dado que las propuestas no ha sido lo suficientemente explícitas”, dice Borda Guzmán. “Lo cierto es que las masivas manifestaciones del año pasado dejaron un mensaje claro para el próximo gobierno: el nivel de tolerancia de la gente con el status quo ha llegado a su límite”.

¿Más cerca de México?

La política exterior de Colombia ha estado históricamente muy alineada con Estados Unidos. Aunque ese rumbo no se modificará tras el próximo cambio de gobierno, una eventual llegada de Gustavo Petro al poder podría marcar un matiz.

“Petro está interesado en cambiar en forma moderada la calidad de socio especial que tiene Colombia con Estados Unidos, y México sería un buen socio para recorrer ese camino”, dice Sandra Borda Guzmán. “La semi resistencia de (Andrés Manuel) López Obrador a Estados Unidos encuadraría muy bien con esa mirada de acercarse más a América Latina”.

Si bien en materia comercial nada indica que vaya hacer cambios sustanciales —el intercambio bilateral fue de apenas 3,580 millones en 2020—, un triunfo de Petro podría reforzarse el giro ideológico en la Alianza del Pacífico, la unión formada por México, Colombia, Chile y Perú en 2012.

Por entonces, ese eje parecía intentar contrarrestar el ascenso de liderazgos de izquierda y populistas en la región. Ese sesgo, que ya fue diluido con la llegada al gobierno de López Obrador, podría quedar definitivamente atrás si se concreta el triunfo de la izquierda en Colombia.

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