Una niña citada en el informe, cuya identidad no fue revelada, cuenta que buscó unirse a los grupos armados después de verlos cerca de su escuela con armas cargadas, lo que le parecía atractivo. “Yo le dije que sí, que yo quería entrar a ese grupo porque yo me sentía muy sola; tenía muchos problemas familiares. Y pues, que yo quería tomar esa decisión, para, no sé, bueno, supuestamente para librarme de los problemas”, contó la niña.
Los grupos armados y criminales de Colombia también llegan a posibles reclutas a través de las redes sociales. En Facebook, TikTok y otras plataformas, estas organizaciones ilícitas producen videos e imágenes, que van desde canciones y videos musicales propios hasta testimonios personales de reclutas sobre sus supuestas vidas de aventuras como combatientes.
Las autoridades colombianas que trabajan para rastrear a las redes afirman que los creadores de contenido son expertos en cambiar de cuentas, ocultar direcciones IP y sacar provecho de las preocupaciones de los menores y las prácticas culturales locales.
A pesar de que aparentemente actúan por voluntad propia, al ser menores de edad, estos combatientes son considerados reclutas forzados de acuerdo con el derecho internacional. En la práctica, la mayoría han sido engañados para unirse con promesas falsas.
Niños más vulnerables
Hay varios factores por los cuales los niños y adolescentes son más vulnerables al reclutamiento forzado, que incluyen la falta de oportunidades y el descuido del Estado a sus necesidades.
La pandemia de COVID-19 fue uno de los factores más importantes. Muchas escuelas públicas en las zonas rurales de Colombia permanecieron cerradas por hasta 18 meses, lo que dejó a los menores de edad sin un espacio seguro y, en el caso de alumnos de internados rurales, sin acceso regular a alimentación.
“En el momento en que dejamos de enseñar las clases es cuando comienza el reclutamiento”, señaló en 2021 un docente de Tumaco, en el suroccidente del país.