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Más de 620 niños fueron reclutados por grupos armados y criminales en Colombia en 2024

La mitad de los nuevos reclutas son menores, de acuerdo con la policía, en un repunte documentado por el International Crisis Group.
jue 12 febrero 2026 05:55 AM
Un niño con una máscara disfrazada sonríe frente a una iglesia que se utiliza como refugio improvisado el 21 de noviembre de 2020 en la isla de Providencia, Colombia.
En un contexto de lucha territorial, los niños se han convertido en los reclutas ideales, pues son combatientes baratos y prescindibles que pueden desempeñar las funciones más peligrosas. (FOTO: Diego Cuevas/Getty Images)

El reclutamiento de menores de edad por parte de grupos armados y criminales se ha disparado en Colombia en la última década, de acuerdo con un informe del International Crisis Group, una organización dedicada a la resolución de conflictos. Esto transformó el conflicto armado en algunas zonas del país, pues muchos de los niños reclutados son enviados a la primera línea de combate.

En 2016, el año en que se firmó un histórico acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), el número de niños combatientes cayó a su nivel más bajo en una década, a poco más de 130.

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Desde entonces, la cantidad de niños reclutados no ha parado de crecer.

Solo en 2024, se reportaron más de 620 casos, una cifra que puede ser mucho mayor, debido a que muchas familias no se atreven a denunciar la desaparición de sus hijos por temor a represalias de los grupos criminales.

La policía colombiana advierte que la mitad de los nuevos reclutas son menores de edad. De acuerdo con datos del Ministerio de Defensa de este país, las filas de los grupos armados y estas organizaciones aumentaron 3,300 personas entre diciembre de 2024 y julio de 2025.

Si se toma en cuenta a estos nuevos reclutas, y se suma a los menores que ya formaban parte de los grupos armados, es probable que haya más de 1,000 niños combatientes en Colombia, señala el Crisis Group.

Los reclutas ideales para un nuevo conflicto

El conflicto en Colombia se ha transformado en la última década. Aunque las FARC dejaron las armas, el Estado colombiano no ha logrado retomar el control de las zonas que la guerrilla operó durante décadas. Casi todos esos sitios son ricos en recursos naturales y son atravesados por rutas del narcotráfico, por lo que otros grupos armados y criminales se apresuraron a ocupar estos lugares.

“Se dio un gran reclutamiento de menores y jóvenes a medida que los grupos intentaban ganar fuerza”, explicó un clérigo de Arauca, un departamento del oriente del país en la frontera con Venezuela.

En este contexto, los niños se han convertido en los reclutas ideales, pues son combatientes baratos y prescindibles que pueden desempeñar las funciones más peligrosas. “Son soldados rasos en las campañas de expansión y carne de cañón en las luchas con sus rivales”, señala el informe.

Hoy en día, todos los grandes grupos armados y criminales de Colombia reclutan menores sin excepción, de acuerdo con datos de la policía, y todos los departamentos de Colombia se ven afectados.

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El informe indica que muchos de los niños son enviados directamente al frente de batalla, a menudo con un entrenamiento mínimo que se limita a instrucciones básicas sobre el uso de armas.

En algunos grupos, los reclutas más jóvenes son utilizados como escudos humanos.

Del mismo modo, los nuevos reclutas son enviados a zonas donde grupos rivales se disputan el control. Por ejemplo, muchos menores han sido rescatados en los últimos meses de la región del Catatumbo, donde se dieron violentos enfrentamientos entre el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Frente 33, una disidencia de las FARC.

Debido a su rapidez para aprender y habilidades tecnológicas, se les entrena para fabricar y detonar artefactos como bombas camineras, minas terrestres y drones armados.

Los niños y adolescentes también pueden ser usados en labores de vigilancia, cobro de extorsión o en la protección de comandantes y altos mandos dentro de las organizaciones.

En el caso de las niñas, muchas son obligadas a realizar tareas de aseo y de cocina. Otras son sometidas a esclavitud y a sostener relaciones sexuales forzadas.

¿Cómo son reclutados los niños?

Actualmente es inusual que los menores sean secuestrados de sus hogares por la fuerza. En cambio, muchos de estos niños huyen, atraídos por falsas promesas de riqueza, estatus o incluso de protección.

“Los grupos armados se han vuelto expertos en tejer de mitos en torno a sus operaciones, patrullando en autos de lujo y entregando útiles escolares a familias de bajos recursos”, dice el informe.

Los reclutadores se enfocan en las escuelas y las actividades recreativas de los niños para captar a nuevos reclutas.

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Una niña citada en el informe, cuya identidad no fue revelada, cuenta que buscó unirse a los grupos armados después de verlos cerca de su escuela con armas cargadas, lo que le parecía atractivo. “Yo le dije que sí, que yo quería entrar a ese grupo porque yo me sentía muy sola; tenía muchos problemas familiares. Y pues, que yo quería tomar esa decisión, para, no sé, bueno, supuestamente para librarme de los problemas”, contó la niña.

Los grupos armados y criminales de Colombia también llegan a posibles reclutas a través de las redes sociales. En Facebook, TikTok y otras plataformas, estas organizaciones ilícitas producen videos e imágenes, que van desde canciones y videos musicales propios hasta testimonios personales de reclutas sobre sus supuestas vidas de aventuras como combatientes.

Las autoridades colombianas que trabajan para rastrear a las redes afirman que los creadores de contenido son expertos en cambiar de cuentas, ocultar direcciones IP y sacar provecho de las preocupaciones de los menores y las prácticas culturales locales.

A pesar de que aparentemente actúan por voluntad propia, al ser menores de edad, estos combatientes son considerados reclutas forzados de acuerdo con el derecho internacional. En la práctica, la mayoría han sido engañados para unirse con promesas falsas.

Niños más vulnerables

Hay varios factores por los cuales los niños y adolescentes son más vulnerables al reclutamiento forzado, que incluyen la falta de oportunidades y el descuido del Estado a sus necesidades.

La pandemia de COVID-19 fue uno de los factores más importantes. Muchas escuelas públicas en las zonas rurales de Colombia permanecieron cerradas por hasta 18 meses, lo que dejó a los menores de edad sin un espacio seguro y, en el caso de alumnos de internados rurales, sin acceso regular a alimentación.

“En el momento en que dejamos de enseñar las clases es cuando comienza el reclutamiento”, señaló en 2021 un docente de Tumaco, en el suroccidente del país.

Los grupos criminales se aprovecharon de las necesidades de estos menores ofreciéndoles comida, espacios sociales e incluso actividades deportivas como clubes de fútbol.

Los reclutadores identifican a los hogares con pobreza extrema, violencia intrafamiliar o negligencia para elegir dónde dirigir sus esfuerzos de reclutamiento.

Los menores de comunidades étnicas —como indígenas y afrocolombianos— así como los niños migrantes venezolanos son blancos desproporcionados debido a su falta de recursos y protección.

Ante estas acciones, el Estado colombiano ha ofrecido una respuesta desarticulada y lenta, que permite el avance más rápido de los grupos criminales.

“El enfoque actual de Colombia para abordar el reclutamiento infantil por parte de grupos armados es caótico. Al menos 19 agencias y ministerios, así como las administraciones locales de los más de 1,000 municipios de Colombia, contribuyen a esta labor”, señala el informe.

El esfuerzo estatal para frenar el reclutamiento enfrenta grandes obstáculos, como la falta de recursos o una respuesta demasiado lenta.

La Consejería Presidencial para los Derechos Humanos y el Derecho Internacional Humanitario, encargada de coordinar estos esfuerzos, solo cuenta con media docena de funcionarios dedicados de tiempo completo a esta función.

“El gobierno colombiano y sus aliados internacionales deben priorizar la seguridad de estos niños. Esto implica realizar labores de prevención mejor focalizadas y proporcionar ayuda, así como un mayor apoyo a las numerosas familias y comunidades que ya luchan por detener el reclutamiento”, concluye el informe.

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