Su esposa, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton, fue obligada a testificar este jueves ante una comisión del Congreso sobre sus vínculos con Epstein. La excandidata presidencial exigió que el presidente Donald Trump también sea llamado a prestar declaración bajo juramento.
"Si esta comisión quisiera conocer seriamente la verdad (...) le pediría directamente a nuestro actual presidente que declarara bajo juramento sobre las decenas de miles de ocasiones en las que aparece en el expediente", dijo la veterana dirigente en la red X.
Las audiencias de los Clinton se desarrollarán a puerta cerrada en un centro de eventos artísticos en Chappaqua, Nueva York, la localidad donde la expareja presidencial vive. Ambos reclamaron que sus declaraciones fueran públicas, pero el comité insistió en interrogarlos a puerta cerrada, una decisión que el exmandatario calificó de "pura política" y comparable a un "tribunal de opereta”.
Los testimonios a puerta cerrada acostumbran a ser habituales en comisiones de investigación, puesto que permiten plantear al testigo preguntas más incisivas, que por motivos legales no pueden ser realizadas ante cámaras televisivas.
Epstein cultivó una red de poderosos ejecutivos empresariales, políticos, celebridades y académicos, y la publicación de los archivos ha tenido repercusiones en todo el mundo, incluidas las detenciones en el Reino Unido del expríncipe Andrés y de Peter Mandelson, el exembajador ante Estados Unidos.
Varios estadounidenses prominentes han visto dañada su reputación por sus amistades con Epstein y han dimitido de sus cargos. Por ejemplo, Larry Summers, secretario del Tesoro en la presidencia de Clinton, renunció el miércoles a su puesto como profesor de Harvard después de que se revelara su relación con el financiero. El jueves, hizo lo mismo el director del Foro Económico Mundial.
Sin embargo, nadie aparte de Ghislaine Maxwell, su expareja, ha afrontado consecuencias legales.