De acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), la pobreza multidimensional se ubica en 9.9% en 2025, la primera vez que el indicador rompe el piso del 10%.
La cifra representa una reducción de 1.6 puntos porcentuales frente al 11.5% registrado en 2024, con lo que 793,000 personas salieron de esa condición durante este periodo. Es el quinto año consecutivo de caída desde 2020, cuando el indicador llegó a 18.1%.
Sin embargo, en el lado negativo, Petro deja una Colombia más endeudada, donde la informalidad laboral aún es alta y con una inflación superior al 6%.
Más deuda, sin inversión pública
Petro recibió una economía débil tras la pandemia, recaudó menos impuestos de lo esperado y llevó al límite las arcas del Estado para financiar políticas sociales cuando el Congreso puso freno a algunas de sus reformas.
El gobierno de Petro termina con un déficit fiscal de casi el 7% del PIB y una deuda pública que supera el 64% del PIB.
Este deterioro en las finanzas públicas “podría terminar perjudicando la implementación de nuevos proyectos en el próximo gobierno, proyectos que apuntarían a mejorar el bienestar general, de la población en materia de educación, o en materia de salud”, dice Stellian.
El problema de la deuda pública, explica el economista, es que fue destinada principalmente a la financiación de gasto corriente, en lugar de inversión en infraestructura.
“No son gastos que apuntan a tener un impacto de largo plazo en la educación, en la productividad, en la disponibilidad de equipos y demás elementos de capital fijo que son fundamentales para las dinámicas macroeconómicas”, dice el académico de la PUJ.
La “trampa de subdesarrollo”
El gasto enfocado en el funcionamiento de las administraciones públicas no se tradujo en un crecimiento económico significativo. Durante el gobierno Petro, el crecimiento anual del PIB no ha superado el 2%, una cifra débil para el potencial del país sudamericano.