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Casi 300 muertos y 140 desaparecidos, la tragedia que deja el terremoto de Colombia una semana después

El ruido de las máquinas sustituyó al silencio de los rescatistas, mientras miles de personas siguen sin hogar y los voluntarios se niegan a abandonar la búsqueda entre las ruinas.
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El terremoto de magnitud 7.4 derribó miles de viviendas, edificios, hoteles y hospitales. (JOAQUIN SARMIENTO/AFP)

Colombia cumple este lunes una semana del terremoto de magnitud 7.4 que derribó miles de viviendas, edificios, hoteles y hospitales, dejando casi 300 personas muertas y al menos 140 desaparecidas.

En las zonas más afectadas, las labores de emergencia entraron en una nueva etapa. Retroexcavadoras, grúas y camiones trabajan en la remoción de los escombros, mientras las posibilidades de encontrar sobrevivientes son cada vez menores.

El ruido de las máquinas sustituyó al silencio que durante los primeros días era necesario para que los equipos de rescate pudieran detectar señales de vida entre las estructuras colapsadas.

En Pereira, una de las ciudades más afectadas, toneladas de ladrillos, varillas y otros materiales ya forman montañas de escombros. Los rescatistas también restringieron el acceso de voluntarios a las edificaciones debido a las condiciones de riesgo.

Andrés Cano, estudiante de enfermería de 30 años que participa en las labores de rescate, reconoce el desgaste después de una semana de emergencia.

"Se siente uno agotado, es un cansancio mental más que todo", dijo a la agencia de noticias AFP.

La esperanza de encontrar sobrevivientes también se ha reducido conforme pasan las horas. Aunque los equipos especializados consideran que las probabilidades disminuyen drásticamente después de las primeras 72 horas, algunos voluntarios mantienen la búsqueda.

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Casi 27,000 viviendas quedaron destruidas

La emergencia dejó también a miles de personas sin un lugar donde vivir. Cerca de 27,000 viviendas quedaron destruidas, mientras numerosos damnificados permanecen en albergues o en las calles.

En los refugios se instalaron códigos QR para que las personas puedan reportar a familiares desaparecidos y registrar las afectaciones sufridas en sus viviendas.

Decenas de damnificados duermen en pequeños camarotes o colchones mientras esperan una solución para recuperar un lugar donde vivir.

En las ciudades más afectadas, algunos edificios fueron marcados con una X roja, una señal utilizada para advertir sobre el riesgo de colapso y prohibir el paso de transeúntes.

La magnitud de la destrucción también ha obligado a las familias a abandonar sus viviendas con pocas pertenencias.

Jorge León, un abogado de 41 años evacuado de su departamento en Cali, describió a AFP el impacto de tener que comenzar nuevamente después de perder su hogar.

"Parece que estuviese viviendo una película o un sueño, no lo asimilo", relató mientras caminaba junto a un camión amarillo en el que trasladaba sus pertenencias.

El alcalde de Cali, Alejandro Eder, estimó que la reconstrucción de la tercera mayor ciudad de Colombia tendrá un costo de al menos 3,200 millones de dólares.

Colombia ya recibió ayuda económica de países como Estados Unidos y de organismos internacionales como el Banco Mundial.

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Voluntarios mantienen la búsqueda pese a que las probabilidades de supervivencia disminuyen con el tiempo. (RAUL ARBOLEDA/AFP)

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Voluntarios todavía buscan sobrevivientes en Colombia

Aunque las autoridades han comenzado a cerrar algunos puntos de búsqueda, grupos de voluntarios todavía se niegan a abandonar las labores de rescate.

En la pared de un edificio de cinco pisos que colapsó tras el terremoto, un rescatista colocó una V roja atravesada por una línea horizontal, señal que indica que las labores de búsqueda de posibles sobrevivientes habían terminado.

Para otros grupos, sin embargo, la búsqueda continúa.

Juan Carlos Tabares, profesor de 58 años que encabeza junto con otros voluntarios el punto de rescate denominado "Valentía", asegura que mantendrán las labores mientras exista alguna posibilidad de encontrar personas con vida.

"A pesar de que nos han dicho que ya han pasado muchos días, nosotros seguimos buscando vida porque queremos seguir apostándole a la vida", dijo a AFP.

El contraste entre ambos grupos refleja el momento que vive Colombia una semana después del terremoto: mientras las autoridades avanzan hacia la remoción de escombros, algunos rescatistas todavía mantienen abierta la posibilidad de encontrar sobrevivientes.

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El terremoto de magnitud 7.4 derribó miles de viviendas, edificios, hoteles y hospitales. (JOAQUIN SARMIENTO/AFP)

El terremoto pone a prueba al nuevo gobierno

La emergencia también representa la primera gran prueba para el gobierno del derechista Abelardo de la Espriella, quien asumió el cargo apenas tres días antes del terremoto.

El mandatario tuvo que enfrentar la emergencia prácticamente al inicio de su administración y comenzó a gestionar apoyos internacionales para atender las consecuencias del desastre.

El sábado, De la Espriella pidió a su aliado estadounidense, Donald Trump, una suspensión temporal de los aranceles con el objetivo de ayudar a Colombia frente al impacto económico de la tragedia.

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Colombia pasa del rescate a la reconstrucción

Una semana después del terremoto, el país comienza a dejar atrás la etapa inicial de búsqueda y rescate para concentrarse cada vez más en la remoción de escombros, la atención de los damnificados y la reconstrucción.

El desafío no se limita a recuperar las zonas donde colapsaron edificios. Cerca de 27,000 viviendas quedaron destruidas y miles de personas necesitan un lugar donde permanecer mientras las autoridades evalúan los daños.

Para quienes todavía buscan a familiares desaparecidos, la emergencia no ha terminado. Al menos 140 personas continúan sin ser localizadas, mientras las probabilidades de encontrarlas con vida disminuyen conforme pasan los días.

El ruido de las retroexcavadoras, grúas y camiones marca ahora el paisaje de las ciudades más golpeadas. Pero entre los escombros todavía hay voluntarios que se resisten a dar por terminada la búsqueda.

A una semana del terremoto, Colombia enfrenta así dos emergencias al mismo tiempo: la de quienes todavía esperan encontrar con vida a sus familiares y la de un país que comienza a calcular la dimensión de la reconstrucción que tendrá por delante.

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