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OPINIÓN: Arabia Saudita y el dudoso impulso modernizador del príncipe heredero

Qué tan comprometida puede estar la estrategia de Mohamed bin Salmán, llamada Vision 2030, con lo que la opinión pública de Occidente consideraría una modernización genuina, se pregunta Ian Black.
Heredero al trono
Heredero al trono Se sabía que bin Salmán era una estrella en ciernes desde que era ministro de Defensa y segundo en la línea de sucesión. (Foto: FAISAL AL NASSER/REUTERS)

Nota del editor: Ian Black es miembro numerario visitante del Centro para Medio Oriente de la London School of Economics. Fue editor de Medio Oriente, Asuntos Diplomáticos y Europa del diario británico The Guardian. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Mohamed bin Salmán, el joven príncipe heredero de la corona saudí, ha acaparado los titulares en todo el mundo tras prometer que su reino retomará una forma "moderada" del islam. También garantizó un futuro mejor para su pueblo a través de la promoción de planes para que el país dependa menos del petróleo, para atraer inversión extranjera y para diversificar la economía.

La estrategia de bin Salmán, llamada Vision 2030, parece sorprendentemente ambiciosa desde que se dio a conocer el año pasado, cuando todavía era el segundo en la línea de sucesión. Desde un principio, ha ido acompañada de una eficaz campaña de relaciones públicas que aparentemente está mejorando la imagen internacional del reino a través del énfasis en lo positivo, lo vanguardista y las necesidades de los jóvenes.

Naturalmente, se pasa por alto la oposición de los saudíes que se alarman hasta con las maniobras limitadas con miras a la liberalización social. Tampoco se menciona la represión al interior.

En el mensaje más reciente de bin Salmán se incluyó una referencia a estar "abiertos a todas las religiones", compromiso notable en un país profundamente conservador, cuna del islam y en donde las iglesias están prohibidas y no se tolera a los judíos.

Tal vez no debería sorprender que estos comentarios se hicieran en una conferencia internacional sobre inversiones (llamada Davos en el Desierto, nombre bastante revelador) con una llamativa lista de personalidades invitadas y una nutrida delegación de periodistas extranjeros, a quienes normalmente les costaría obtener un visado.

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El decreto real de septiembre, con el que se permite que las mujeres conduzcan , fue un elemento igualmente llamativo de la transformación nacional de bin Salmán. Ciertamente tiene sentido desde el punto de vista económico, ya que fomenta la participación de las mujeres en la fuerza laboral. Además, las mujeres ahora pueden asistir a eventos deportivos.

Sin embargo, el reflejo de las limitaciones a este salto al futuro es que no ha habido medidas paralelas para acabar con el famoso sistema de tutela, según el cual las mujeres requieren el permiso de su padre, de su esposo o de un hermano para viajar al extranjero o para casarse. Ese sería un paso mucho más importante para el avance de las mujeres saudíes y una prueba más convincente de que este país está adoptando la liberalización social. Las promesas de modernización de Salmán deben leerse en este contexto.

nullDesde que su padre lo nombró príncipe heredero, el hombre de 32 años ha estado consolidando poder al estilo tradicional: designando a sus primos de la realeza en cargos clave. En las monarquías absolutas, algunas cosas nunca cambian.

Se sabía que bin Salmán era una estrella en ciernes desde que era ministro de Defensa y segundo en la línea de sucesión. Sin embargo, cobró prominencia internacional en junio, cuando su padre, el rey, quien tiene 82 años y una salud precaria, lo nombró príncipe heredero en sustitución de Mohamed bin Nayef . En un país en el que las rivalidades dinásticas son importantes, fue una maniobra muy significativa… principalmente por la juventud y la inexperiencia de bin Salmán.

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Su fama de ser impetuoso se intensificó por la decisión de declararle la guerra a su vecino Yemen en 2015, poco después de que lo nombraran ministro de Defensa.

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La crisis persistente con el Estado vecino de Qatar (al que los saudíes han bloqueado y aislado con base en acusaciones falsas de que respalda el terrorismo y el extremismo), también parece imprudente para un hombre que trata de proyectar una imagen de estadista sereno.

Lee: Las claves para entender por qué Qatar se está quedando solo

Todo esto provoca que nos preguntemos qué tan comprometido puede estar bin Salmán con lo que la opinión pública de Occidente consideraría una modernización genuina. Es más: ¿qué tan fácil le será cumplir sus promesas en un país como Arabia Saudita?

Está claro que su deseo de retomar una forma "moderada" del islam tiene la intención de contrarrestar la creencia generalizada de que la doctrina wahabí saudí es fuente de extremismo e inspiración para los yihadistas de ISIS y al Qaeda. Con la fundación reciente de un centro para examinar la autenticidad de los textos religiosos musulmanes se quiso dar la misma impresión.

Los escépticos mencionan invariablemente el acuerdo histórico de la casa de Al Saúd con el aparato religioso: los saudíes financian las mezquitas y la educación wahabí en todo el mundo. ¿Bin Salmán realmente podrá cambiar esto?

Los clérigos conservadores siguen siendo poderosos y las violaciones a los derechos humanos suelen ser consecuencia de castigos contemplados en la sharía o ley islámica. Sin embargo, la Mutawa, la policía religiosa, ha perdido poder en años recientes. Aún queda por ver cómo reaccionarán los clérigos populares, particularmente los que tienen un enorme séquito en las redes sociales, ante los planes de fomentar el turismo en el mar Rojo y los hábitos occidentales liberales que esto conllevaría inevitablemente.

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Además, la represión persiste, aunque los visitantes no la vean en los eventos cuidadosamente organizados. En septiembre arrestaron a varios personajes religiosos y a otros intelectuales y activistas; posteriormente, los líderes de la oposición en el exilio llamaron a hacer manifestaciones después de las oraciones del viernes… aunque las fuerzas de seguridad se desplegaron con anticipación para impedirlas, lección aprendida durante los años turbulentos de la Primavera Árabe.

Además, algunas de las reformas económicas de bin Salmán ya han provocado cambios impopulares, entre ellos la eliminación de subsidios que provocaron que el precio del combustible y el agua se disparara, afectando a personas comunes que no tienen manera de elegir a sus representantes en un país sin democracia alguna.

Retomando el tema del extremismo religioso, bin Salmán atribuyó la inestabilidad en la región a la influencia de Irán, el rival estratégico de Arabia Saudita. Ciertamente la revolución islámica de 1979 reverberó en todo el mundo musulmán, pero una de las formas en las que afectó a Arabia Saudita fue que el rey adoptó el título grandilocuente y legitimador de "guardián de las dos mezquitas sagradas" (la de La Meca y la de Medina).

No hay indicios de que ni quien ostenta tal título ni su notorio hijo y heredero estén pensando en diluir su propio poder en los albores de una nueva era. Por ahora, se puede perdonar a los observadores saudíes por esperar a ver qué pasa con la modernización del reino… y por no distraerse con las promesas en la espera de resultados más sustanciales.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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