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OPINIÓN: Economía conductual y finanzas

Las personas en todas sus actividades siempre llevan impresa una carga emocional y la toma de decisiones financieras no es la excepción, opina Jorge Sánchez Tello.
Emociones
Emociones La economía conductual, que este año recibió el Premio Nobel de Economía con el profesor Thaler, es de carácter interdisciplinario. (Foto: whiteMocca/Shutterstock / whiteMocca)

Nota del editor: Jorge Sánchez Tello es investigador asociado de la Fundación de Estudios Financieros-FUNDEF A.C., centro de investigación independiente con sede en el ITAM. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(Expansión) — La teoría financiera asume que los inversionistas funcionan en mercados libres de fricciones y toman decisiones racionales. Bajo este argumento, se alude con frecuencia a la teoría de los mercados eficientes, la cual propone que los mercados están compuestos por inversionistas que simultáneamente son racionales y que están muy bien informados, lo que les facilita su toma decisiones y la derivación del verdadero valor de los activos.

Sin embargo, existe bastante evidencia la cual sugiere que el paradigma económico estándar, agentes racionales que operan en un mercado eficiente, no siempre es el adecuado para describir el comportamiento observable de los individuos en los mercados financieros.

En efecto, esta industria ha sido un espacio privilegiado, dada la gran cantidad de datos disponibles para que diversas teorías económicas realicen predicciones, las sometan a prueba y aprecien, muchas veces, la aparición de resultados inexplicables o, incluso, contradictorios respecto de lo afirmado por las teorías tradicionales.

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De este modo, las anomalías en los mercados financieros son de interés para muchos, pero atañen principalmente a economistas y estudiosos de las finanzas, así como a todo aquel involucrado en el mundo de los negocios, pues estas pueden afectar las decisiones fundamentales y la toma de decisiones, ya que en un inicio pueden parecer buenas, pero resultar fatales, o viceversa.

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Las personas en todas sus actividades siempre llevan impresa una carga emocional y la toma de decisiones financieras no es la excepción. Sin embargo, hasta hace poco se especulaba que los modelos económicos estándar (incluidos los principales modelos financieros) eran suficientes para explicar las decisiones económicas y financieras de las personas; pese a que estos toman como condición fundamental la idea de que, al tratarse de dinero, las personas son capaces de ocultar sus emociones, actuando de forma racional.

La economía conductual, que este año recibió el Premio Nobel de Economía con el profesor Thaler, es de carácter interdisciplinario. Hoy en día es una de las áreas más apasionantes y polémicas de la investigación en economía, la cual se concentra en la psicología y el comportamiento de agentes económicos individuales, y explora las implicaciones para la valoración de precios de activos, la regulación y la dirección.

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Una de las ramas de la economía conductual, son las finanzas conductuales que son en esencia, el estudio de la influencia de psicología y la sociología en el comportamiento de practicantes financieros y el efecto subsecuente que estos tienen en los mercados. Es el análisis de las finanzas desde un matiz de ciencia social más amplio, que ha causado un gran interés y revuelo al intentar explicar por qué y cómo los mercados pueden ser ineficientes.

Un ejemplo en el que la investigación de la Economía Conductual ha sido fructífera es el ahorro de los hogares. En efecto, la Teoría del Ciclo de Vida, ampliamente aceptada, propone que las personas ahorrarán durante los períodos más productivos de su vida y se endeudarán o consumirán sus ahorros durante los años de menores ingresos.

Claramente, esta predicción no está respaldada empíricamente. Por el contrario, se aprecia que el consumo de las personas está estrechamente relacionado con su ingreso y que, en muchos casos, el consumo de los individuos cae drásticamente cuando pasan al retiro, simplemente porque no cuentan con ahorros suficientes para suavizar sus patrones de consumo.

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Para terminar, tenemos un ejemplo de aversión a las pérdidas y de contabilidad mental, recogido por Camerer, es el comportamiento de los taxistas. En las grandes ciudades muchos taxistas pagan una tasa fija por el uso de un taxi, y conservan el resto de los ingresos que obtengan.

En esta situación, la estrategia “racional” de optimización sería trabajar más durante los días de alta demanda como los días con mal tiempo o los días en los que se produce un gran evento en la ciudad, y menos durante los días de baja demanda.

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Sin embargo, si los conductores evaluaran cada día de manera independiente, y compararan los ingresos del día con un estándar preestablecido podrían terminar trabajando más horas, precisamente en los días de baja demanda, que es precisamente el hallazgo empírico.

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Estos son solo algunos ejemplos de lo que se puede hacer al incorporar la economía conductual a los análisis e investigaciones que hacemos los economistas para tratar de comprender las decisiones que toman las personas, las empresas y los gobiernos para crear nuevas políticas públicas que transformen nuestro comportamiento social.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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