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OPINIÓN: Oh ¿Qué será, será? Pronósticos para el sector energía en México 2018

Buenas fueran las predicciones ciertas. Pero el sector energético parece mandarse solo una vez que se libera a las fuerzas del mercado, opina Miriam Grunstein.
La industria energética
La industria energética es muy sensible a los ciclos políticos, en particular cuando en México la reforma apenas da sus primeros pasos. (Foto: Anton_Medvedev/Shutterstock / Anton_Medvedev)

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) — Las especulaciones son ingratas. Cuando una acierta en que las cosas saldrán mal, la culpa la tiene la adivina como si su pesimismo fuera la causa de los hechos. Si una predice que saldrán bien y no es así, se arriesga una a todo tipo de vituperios: ingenua, imprevisora, ábaco de cuentas alegres. Peor aún, si la que escribe pronostica lluvia y sale el sol, entonces se le tachará de pesimista, aguafiestas, enemiga de la prosperidad del sector energético. Y si se hacen buenos augurios y así sucede, entonces era obvio desde siempre.

En el sector energético, las esfinges se vuelven mininos indefensos. La movilidad y la variedad de las piezas es tal que toda predicción es frágil. En México, cuando se pretende proyectar el sector hacia 2018, es más difícil aun por factores internos y exógenos. Afuera hay un mercado volátil que no logra estabilizarse, con condiciones muy ligadas a las tasas de crecimiento en Asia y Europa y a las veleidades de los grandes países productores como Estados Unidos, Rusia y Arabia Saudí. Tampoco se divisa el viraje del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en su capítulo energético. Mientras tanto, en casa habrá elecciones en julio y todo puede pasar.

La industria energética es muy sensible a los ciclos políticos, en particular cuando en México la reforma apenas da sus primeros pasos. Si gana quien se opone a ella, no tendría que hacer mucho para frenarla. Las inversiones apenas entran a cuenta gotas y, con solo detener la oferta de proyectos, sin violar un solo contrato o permiso de los ya existentes, ni cambiar un punto o una coma en la ley, podrían desfallecer e incluso morir. Como sea, esto no sucederá de inmediato gane quien gane. Ni Hugo Chávez se atrevió a nacionalizar la industria petrolera venezolana hasta el repunte de los precios del barril en 2007, cinco años después de su triunfo en las urnas.

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Y si gana la “tecnocracia hacendaria”, pues sabremos más o menos lo que le espera al sector. ¿O sí? El fisco es mal amigo de la industria petrolera porque ve en cada barril una ubre de recursos fiscales y no una fuente multiplicadora de negocios. Pero eso se ve desde el espejo retrovisor. Sin embargo, podría ser que esta vez la llamada “tecnocracia neoporfirista” le haga honra a su apodo y, en lugar de rentismo fiscal, genere condiciones para que las empresas ganen dinero y paguen impuestos. ¿Qué decir del “Frente”? Que éste reúne tantas fuerzas antagónicas que con todos ellos juntos suman cero. Como el Quijote que se topa con una encrucijada en el camino, podría decidir no tomar alguno y volver a su casa.

Lee: Las petroleras firman 20 de 21 contratos de rondas 2.2 y 2.3

Así de incierta es la ruta del sector poco antes de las elecciones de julio. Por ahora, nuestro gobierno sigue listo para seguir de frente, lleve donde nos lleve. En exploración y producción, la CNH mantiene en pie la cuarta licitación de la Ronda 2 para 29 áreas contractuales en las aguas profundas del Golfo de México, que se llevará a cabo el 31 de enero de 2018. Así que México abre el año nuevo con una licitación vistosa y nutrida en crudo. No obstante, tras los festejos decembrinos hay que proceder con sobriedad. Una cosa es que el gobierno ofrezca y otra que el mercado reaccione.

México ha hecho una labor notable al ofrecer áreas contractuales con una respuesta favorable de las empresas, de las cuales una buena parte son nacionales e infantes sin una cartera de proyectos internacionales. Empero, muy pocas petroleras son aptas para operar en aguas profundas y las que lo son podrían ya tener suficiente con los contratos que ganaron en la cuarta licitación de la Ronda Uno. Las “Majors” podrían ya no tener tanto apetito por México cuando acaban de mojarse los labios en Brasil. ExxonMobil, BP, Shell, Total and Statoil, que ya tienen contratos en México, los acaban de ganar allá en las áreas subsalinas para varias cuencas petroleras. Como sea, concluida la última licitación de la Ronda 2, sigue en México la Ronda 3 con varias áreas contractuales en aguas someras. Contra viento y marea, la CNH no disminuye su marcha.

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En gasolinas, la CRE dio un arrancón pues recorrió el calendario para liberar sus precios en casi todo el país desde fines de noviembre de 2017. Para enero de 2018 podremos brindar, o lamentar, la retirada del puño de Hacienda a cambio de la “mano invisible.” A partir de entonces, el precio de referencia se marcará conforme al mercado de refinados de Texas, nos ha anunciado el regulador. Esto convendrá al consumidor en la medida en que el precio se mantenga bajo. Cuando suba tal vez hasta los más liberales extrañemos la intervención del gobierno. Adiós precios máximos. ¿O sí? No totalmente pues también se ha optado por una “suavización” de los precios de las gasolinas de Pemex, solo de Pemex, y sin que se sepa con precisión a qué se refieren las autoridades con esta medida. ¿Subsidio? ¿Control? Oh, ¿qué será? ¿qué será? Lo cierto es que cualquier reducción artificial a los precios de Pemex pondría en riesgo la competitividad de las importaciones de gasolinas de terceros.

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Hablemos, por último, de la siempre ignorada pero vital electricidad. México ya tuvo 3 subastas de contratos a largo plazo de generadores a CFE. También, avanza como gusanito medidor el mercado mayorista para grandes usuarios de electricidad. La construcción de un modelo eléctrico liberalizado es labor de un equilibrista que carga con maquinaria pesada. En realidad, los avances durante los tres primeros años de la reforma energética han sido pequeños pero significativos. Han entrado una multiplicidad de nuevos generadores y casi todos ellos utilizan energías renovables. Eso es un cambio. Sin embargo, el porcentaje de energía que proviene de estas fuentes es realmente mínimo. De la tercera subasta se calcula, en el mejor de los casos, que aportaría al 1.75% de la generación total de CFE. Si de electricidad hablamos, aún tenemos un “mini market” que no es previsible que crezca mucho a lo largo de 2018 y menos con la incertidumbre electoral.

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Oh, ¿qué será? ¿qué será? Buenas fueran las predicciones ciertas. Pero el sector energético parece mandarse solo una vez que se libera a las fuerzas del mercado. Subastas habrá, pero ¿tiradores? Solo ellos saben y así lo decidirán. En cualquier otro momento el gobierno podría crear condiciones de mayor certidumbre para la inversión pero esta reforma está en vilo de lo que dicten las elecciones y las decisiones políticas de algunos que, como cantara Chico Buarque, “no tienen sentido”.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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