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OPINIÓN: La salud mental del presidente de EU debe trascender a la política

Si Trump se niega a someterse voluntariamente a una evaluación mental de parte de los médicos militares, espero que sus partidarios lo exhorten a pensarlo nuevamente, opina Dean Obeidallah.

Nota del editor: Dean Obeidallah fue abogado; conduce el programa The Dean Obeidallah Show, que se transmite diariamente por la estación estadounidense SiriusXM, además de que es columnista del sitio The Daily Beast. Síguelo en Twitter como @deanofcomedy . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Es evidente que Donald Trump está muy agitado por las acusaciones de que es mentalmente incapaz para ser presidente de Estados Unidos. En una serie de tuits matutinos, el sábado 6 de enero, escribió que es "muy inteligente", "un empresario MUY exitoso", una "estrella de televisión muy importante" y que ganó la presidencia "en el primer intento". Concluyó que también es "un genio muy estable".

Si Trump quiere que la gente deje de cuestionar su competencia, esos tuits no le van a servir. De hecho, generaron más inquietudes , dentro y fuera de las redes sociales.

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Pero Trump podría poner fin al debate sobre su condición mental muy fácilmente. Trump se someterá a su examen físico anual el viernes 12 de enero , en el Centro Médico Militar Nacional Walter Reed. Durante el examen, los médicos militares también deberían evaluar la salud mental de Trump.

Los exámenes físicos del pasado no se centraban en el estado mental del presidente. Sin embargo, Trump no solo debería recibir de buen grado un examen de ese tipo, sino que debería exigirlo. Si asumimos que los médicos no encuentran pruebas médicas creíbles de que Trump es mentalmente inestable, con eso se pondría fin a la discusión sobre su condición mental… al menos entre quienes están sinceramente interesados en el bienestar de Estados Unidos. (Los resultados de la evaluación mental deberían hacerse del conocimiento del público, como ha ocurrido con los resultados de los exámenes físicos de los presidentes anteriores ).

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Pero si Trump se niega a someterse voluntariamente a una evaluación mental de parte de los médicos militares, espero que sus partidarios lo exhorten a pensarlo nuevamente. Parte del problema de que haya una discusión honesta sobre este tema es que algunos de los detractores de Trump afirmaron hace varios meses (irresponsablemente, en mi opinión) que Trump es mentalmente inestable. Así que es comprensible que los partidarios de Trump consideren instintivamente que las acusaciones crecientes sobre la aptitud mental de Trump no son más que el juego político de siempre.

Además, no se puede negar que cada vez más profesionales de la salud mental están haciendo sonar la alarma sobre el estado mental de Trump. Por ejemplo: esta semana, Trump le respondió en un tuit a Kim Jong Un, quien declaró que tenía un botón de lanzamiento de armas nucleares en su escritorio: "Yo también tengo un botón nuclear, pero es mucho más grande y poderoso que el suyo ¡y mi botón funciona!".

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En respuesta, la Coalición Nacional de Expertos en Salud Mental Preocupados de Estados Unidos emitió un comunicado , firmado por más de 100 profesionales en salud mental, que señala, en parte: "Escribimos como profesionales en salud mental profundamente preocupados por las aberraciones psicológicas de Donald Trump". El comunicado señala además: "urgimos a quienes lo rodean, y a nuestros representantes electos en general, que tomen medidas urgentes para controlar su conducta y para evitar la catástrofe nuclear potencial que pone en peligro no solo a Corea y a Estados Unidos, sino a toda la humanidad".

Esta semana, CNN reportó que Brandy Lee, una psiquiatra de la Universidad de Yale, declaró en diciembre sobre la salud mental de Trump ante legisladores de la Cámara de Representantes y del Senado. Ella argumentó que aunque no podía diagnosticar directamente a Trump, "se está volviendo muy inestable, muy rápidamente. Es necesario hacer una evaluación neuropsiquiátrica para demostrar su aptitud para el cargo".

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Incluso el periodista ganador del premio Pulitzer, David Cay Johnston, quien conoce a Trump desde hace varios años y que habló de cuestiones fiscales con él en una cena, explicó en mi programa de radio en SiriusXM , el viernes 5 de enero, que ve "un deterioro claro" de las capacidades cognitivas de Trump.

También está la cuestión de los antecedentes médicos de la familia de Trump. En una entrevista que Trump dio al New York Times, su difunto padre, Fred Trump, padecía Alzheimer. El entonces candidato dijo que no teme heredar la enfermedad… que es un "fatalista" que acepta que ese bien podría ser su destino.

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La salud mental del presidente de Estados Unidos debe trascender a la política por el bien de la nación. No hay mejores médicos para evaluar a Trump que los médicos militares de Walter Reed. Si estos médicos determinan que Trump padece un trastorno mental que lo haga "no apto para desempeñar las facultades y los deberes de su cargo", podrían ponerse en marcha los procedimientos contemplados en la 25ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos para determinar si habría que retirarlo del cargo.

Pero si no encuentran pruebas de ello, será hora de que dejemos de afirmar que Trump es mentalmente inestable. Y eso también es por el bien de nuestro país.

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