OPINIÓN: Las palabras que Trump debió decir en su discurso... pero no lo hizo

¿Ha pasado alguna vez que un presidente de EU, en el que podría considerarse el discurso más importante que dará en el año, haya omitido mencionar la palabra "democracia"?, cuestiona Frida Ghitis.
En su discurso del Estado de la Unión, Trump defiende su primer año de gobierno
Frida Ghitis

Nota del editor: Frida Ghitis, columnista de asuntos mundiales, fue corresponsal y productora de CNN. Colabora frecuentemente con CNN, el Washington Post y World Politics Review. Síguela en Twitter en @FridaGhitis. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente a la autora.

(CNN) — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, dio uno de los informes de gobierno más largos de la historia estadounidense; el apuntador electrónico recorrió temas y tropos que suenan conocidos a quienes ven estos discursos.

Escuchamos historias conmovedoras sobre valentía y patriotismo; escuchamos a Trump presumir sus logros (la fanfarronería se mantuvo en un nivel más decoroso de lo usual) y hacer llamados a la unidad nacional, cosa que esta Casa Blanca no suele hacer. Sin embargo, el aspecto más elocuente del discurso fueron las palabras que Trump no pronunció.

¿Ha pasado alguna vez que un presidente de Estados Unidos, en el que podría considerarse el discurso más importante que dará en el año (aquel en el que delinea sus prioridades y sus principios), haya omitido mencionar, una vez siquiera, la palabra "democracia"?

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Nada es más fundamental para la esencia de Estados Unidos que el concepto de democracia. Seguramente Trump y sus redactores de discursos no la omitieron deliberadamente. No obstante, la omisión confirma los temores de que a Trump, la democracia y sus normas le parecen más un obstáculo que una inspiración.

No sorprende que Trump tampoco haya mencionado los derechos humanos. Todos los presidentes de los pasados 25 años han destacado que la defensa de los derechos humanos y de la dignidad humana es un valor estadounidense esencial. La presidencia de Trump se ha alejado significativamente de eso. Esto coincide con la evidente simpatía que Trump siente por varios autócratas que están minando la democracia y los derechos humanos en sus respectivos países.

Para quienes pensaron que el Trump del martes 30 de enero podía recurrir a uno de sus escalofriantes tropos predilectos, fue un alivio que no se haya dedicado a arremeter contra la prensa ni a hablar de "noticias falsas". Sin embargo, el líder del mundo libre tampoco mostró su apoyo a la prensa libre en una época en la que la prensa independiente está bajo asedio en muchos países; los periodistas sufren acosos, encarcelamiento o cosas peores. Claro que pedirle a Trump ese apoyo habría sido demasiado.

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Otras de las palabras que Trump no pronunció en este momento singular de la historia fueron "refugiados" y "solicitantes de asilo". Hoy, el mundo tiene más refugiados que en cualquier época desde la Segunda Guerra Mundial, según Naciones Unidas. Pero Trump mencionó el tema de la forma más desagradable, una forma conocida para los demagogos nacionalistas de todo el mundo: explotó la historia trágica de dos familias cuyas hijas, según él, murieron a manos de pandilleros que supuestamente estaban ilegalmente en Estados Unidos.

Tratar de mancillar a una población de inmigrantes que en general respeta la ley, a través de estos ejemplos elegidos cuidadosamente, es un método probado y comprobado para fomentar los prejuicios. En este caso, Trump fue un poco más lejos al señalar que los asesinos llegaron a Estados Unidos como menores sin acompañante, precisamente la definición de los dreamers —inmigrantes que llegaron a este país cuando eran niños—, una población a la que Trump supuestamente quiere ayudar a quedarse en Estados Unidos.

Y hablando de matanzas, Trump tampoco propuso ideas sobre las amenazas de seguridad más graves a las que está expuesto el pueblo estadounidense: la proliferación de los tiroteos masivos, que son cada vez más letales y más frecuentes (al grado de que las organizaciones noticiosas optaron por informar únicamente de los más grandes o los más sin sentido). En esas masacres han muerto muchos más estadounidenses que terroristas; sin embargo, la búsqueda de una solución para resolver esa crisis no mereció mención en el informe, ni siquiera reconocimiento de parte de la presidencia de que, de hecho, es un problema.

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Trump habló de las fuerzas armadas una y otra vez y su informe contuvo la sección obligatoria sobre política exterior. Sin embargo, nunca mencionó a la OTAN, la columna vertebral de la defensa de Occidente desde la Segunda Guerra Mundial. A un año de su presidencia se han disipado los temores de la posible salida de Estados Unidos de la OTAN, pero no parece que Trump haya empezado a apreciar particularmente a la alianza ni a los amigos más cercanos de Estados Unidos en Europa. No mencionó a la OTAN, a Europa ni a algún país europeo.

Otro tema polémico que no entró en el informe fue la investigación sobre Rusia. Hace cuatro décadas, Richard Nixon aprovechó su informe de gobierno para hacer un llamado a ponerle fin al "supuesto escándalo del Watergate" y declaró que "un año de Watergate es suficiente" y que era hora de darle carpetazo. ¿Qué hizo Trump? Se mantuvo lejos del tema candente que ha azotado a su presidencia.

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