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OPINIÓN: El sector energético, la administración de nuestra incompetencia

El sector energético requiere de muchos diestros para evitar siniestros industriales, ambientales, económicos y sociales, opina Miriam Grunstein.

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

Para Analí.

(Expansión) – Todos somos incompetentes en alguna cosa u otra. La capacidad humana es más propensa al error que al acierto porque nos rodea un universo de ignorancia y de ignorantes. No hay persona más peligrosa que la que pretende saberlo todo y por esa misma razón los gobiernos, de cualquier partido, necesitan apoyo. No es tan malo no saber como no saber ni querer pedir ayuda.

Por alguna razón, el sector energético ha tenido hordas de capital humano golondrino. Como chapulines, son más grillos que técnicos. Incluso el secretario actual, quien es aún Pedro Joaquín Coldwell, es un gran político que, con notable compromiso, le dio un giro de 180 grados a la tuerca.

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La curva de aprendizaje de su equipo ha sido, en general, notablemente positiva, en particular si se toma en cuenta que comenzaron desde cero hace nada.

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Una parte de ese equipo está casi listo para la entrega. Una funcionaria me comentó hace poco que lo único que espera es que no la saquen del vuelo como pasajero de United. ¿Recuerdan? Me refiero al médico que se rehusó a bajarse del vuelo porque debía llegar a una cirugía, que se requería de su destreza para salvar una vida.

De la misma forma, el sector energético requiere de muchos diestros para evitar siniestros industriales, ambientales, económicos y sociales. De este sector depende la vida de México.

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Si es así, son incomprensibles los mensajes de indecisión del gobierno que viene, ni los nombramientos de algunos de sus más importantes operadores. Porque aquí no se necesitan expertos de tribuna; aquellos que saben oponerse a gritos pero que no han llevado una sola decisión ejecutiva en la que están de por medio los intereses y derechos de muchos otros actores que su punto ciego borra del mapa.

Un día asienten y al siguiente disienten: que sí y que no a la reforma; que sí y que no a las licitaciones; que sí y que no a un precio de gasolina liberado; que de los contratos de exploración y producción pues ya veremos. Tal vez no se percaten de que los proyectos que realmente pueden evitar que México sucumba en una crisis energética no operan aún.

Por ejemplo, aunque ya estén adjudicados los contratos de exploración y producción en aguas profundas, los operadores aún no han bajado un solo taladro en sus áreas contractuales. Y no lo harán si no tienen certeza de la seriedad del gobierno entrante.

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¿Cómo tomar en serio a un presidente que, con toda ligereza, anuncia la “bancarrota” del país y que a la vez pretende construir refinerías, como si éstas fueran de legos? Se esperaba más de quien tuvo el liderazgo de la metrópolis más vasta del mundo; que llevó a cabo obras públicas de escala; que fue capaz de amalgamar inversión público-privada para ampliar las opciones de movilidad en esta urbe imposible. Por eso, se antojaban exageradas las comparaciones con Maduro, las comparaciones obsesivo-compulsivas con Venezuela.

Ya no es así. Cada vez hay más signos de que no hay capitán sino marineros que giran el timón para donde les conviene. El de Morena es un coro disonante; donde unos callan a otros; donde los mismos se desdicen. Este es un clima inhóspito para la entrada de nuevas inversiones en cualquier sector; y en el energético se han hecho muchos compromisos que, por incompetencia de quienes hablan mucho, sin aún hacer nada, podríamos perder. Ninguna empresa que valga la pena va hundir sus activos en un pantano cuando los puede llevar a buen puerto.

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El campo energético no es idóneo para jugar. El mismo está lleno de minas y un mal paso, fuera de afectar a las empresas, puede detonar una crisis energética de la que no nos podremos reponer fácilmente. Y estamos en el peor intersticio posible. La administración anterior, por su propia incompetencia, dejó un Pemex y a CFE desbaratados, tal vez el segundo menos que el primero.

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Por otra parte, la inversión privada no ha alcanzado una escala lo suficiente grande para sostenernos en ella. Sin nuestras empresas públicas más importantes y a falta de inversión privada podría venir la penumbra mucho más temprano de lo que esperábamos. Y de ese túnel puede ser que no salgamos en mucho tiempo y a un costo socio-económico astronómico.

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Todos somos incompetentes pero, para la suerte de otros, no detentamos el poder. Quien sí lo tiene, y lo es, debe hacer hasta lo imposible por superar sus carencias. Hasta ahora, Morena, aunque tiene buenos elementos, no ha sido gobierno y menos de un país del tamaño y la complejidad de México.

Si el partido ahora hegemónico no supera sus incompetencias, nos quedaremos con la administración de la nada.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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