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OPINIÓN: Integrar aspectos ambientales al modelo de negocio, asunto de diseño

Un gran tema olvidado actualmente en los modelos de negocio es dimensionar el valor de los servicios ambientales que la naturaleza provee, opina Francisco Bonilla.
vie 05 octubre 2018 10:30 AM

Nota del editor: Francisco Bonilla Sevilla es Director General de la empresa Synergy Agua y Energía, socio fundador de la Universidad del Medio Ambiente y docente de la Universidad Anáhuac. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Desde la segunda guerra mundial y hasta la actualidad, nuestros sistemas productivos han estado observando modelos lineales de extracción, procesamiento, uso y desecho sin tomar en cuenta que la tierra es un sistema cerrado, sujeto a límites y restricciones y que, por lo tanto, sus recursos son limitados y finitos.

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Nuestra civilización industrial actual obedece a modelos de pensamiento donde pareciese que los lineamientos del diseño de estos son:

· Generar millones de toneladas de materiales tóxicos para ser descargados en el aire, el agua o la tierra cada año.
· Producir materiales tan peligrosos que requerirían supervisión constante por varias generaciones.
· Generar gigantescas cantidades de basura e introducir los materiales valiosos contenidos en ella en hoyos para después ser rellenados por todo el planeta.
· Crear prosperidad después de haber excavado y cortado los recursos naturales, disminuyendo la diversidad de especies naturales y culturas humanas.

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Por absurdas que parezcan las premisas anteriores (bajo las cuales operamos actualmente), esto obedece a que nuestra revolución industrial nunca fue diseñada como un todo. A la par que durante poco más de un siglo esta fue tomando forma, industriales, ingenieros y diseñadores intentaban solucionar problemas y tomar ventaja inmediata de lo que ellos consideraban oportunidades de negocio en un periodo de cambios sin precedente (propiciados por una rápida sucesión de nuevas tecnologías).

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El gran problema radica en que muchos industriales, diseñadores e ingenieros nunca han visto sus proyectos como parte integral de un sistema más allá de las fronteras de las variables económicas, y en donde la calidad del entorno ambiental no ha sido, sino hasta fechas muy recientes, una preocupación común. Esta idea se ha incubado en la falsa ilusión de que los recursos naturales aparentan ser inmensurablemente vastos y la naturaleza misma es percibida como nuestra madre tierra que perpetuamente nos abastecería de recursos, absorbería nuestros desechos, regeneraría el daño ambiental y seguiría creciendo indefinidamente.

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El problema con este modelo de mundo en donde nos hemos permitido engordar industrias a costa de recursos que se convierten en productos que terminan en cementerios, radica en que el entendimiento de nuestra relación con la naturaleza carece de una visión que reconozca que todos los seres vivos estamos interconectados y que la salud de los sistemas naturales, su delicadeza, complejidad e interconectividad son parte integral de la agenda del diseño industrial porque nos brindan servicios esenciales no solo para nuestra supervivencia, sino para la creación de riqueza y abundancia en el entorno de una población siempre creciente y demandante de recursos, bienes y servicios.

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¿Qué pasaría si cambiamos nuestras premisas de diseño hacia una revolución industrial? Donde:

· La sociedad aplaudiría cada vez que alguien sustituye su vehículo por uno que genera agua y purifica el aire.
· Los edificios se conciban desde su diseño como árboles, que puedan brindar sombra, regulación de temperatura, producción de comida, hábitat para aves, energía y agua limpia.
· Las comunidades humanas regeneren los activos del capital natural a gran escala en vez de llevar al planeta al borde del desastre.
· Diseñemos productos que al final de su vida útil se conviertan en nutrientes ya sea para producir comida para plantas, animales y fertilidad del suelo; o en su defecto, pertenezcan a ciclos industriales que abastezcan materia prima de primera calidad para nuevos productos.
· Produzcamos materiales que no dañen al humano o a su medio.

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Si tomamos a la naturaleza como modelo, podríamos hacer que el curso de nuestros actos individuales trabaje hacia una rica conexión con el lugar y con el ecosistema circundante (tanto natural como humano), de tal suerte que en vez de utilizar a la naturaleza como mera herramienta para beneficio del ser humano, podríamos ser nosotros una herramienta de la naturaleza haciendo sociedad con ella y para crear abundancia a partir de ella.

¿Serán estas palabras una utopía o una necesidad?

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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