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OPINIÓN: La interpretación mañosa de los datos

Vivimos en un mundo de datos. Las grandes firmas tecnológicas –las reinas absolutas del valor corporativo global– tienen esa escala gracias a que encontraron la manera de rentabilizar datos.
dom 04 noviembre 2018 07:04 AM
Datos
Valor otorgado. Analizar datos exige entender contextos y hurgar en las posibilidades de que los rangos y parámetros sean correctos, como ocurre, por ejemplo, con las encuestas.

Nota del editor: Esta columna se publicó originalmente en la edición 12421de la revista Expansión, 'El arte de negociar con Trump' , correspondiente a septiembre de 2018.

(Expansión) – Por supuesto, los datos en sí mismos no tienen mayor valor. Se requiere un análisis profundo de su contexto y una mínima sistematización de los mismos para que generen valor y nos muestren indicadores y tendencias.

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De otra manera, pueden ser sesgados a modo, haciendo cortes en los fragmentos de tiempo para que indiquen algo que queremos transmitir, generando comparativos que pinten la realidad de un color u otro, o, por supuesto, utilizando fuentes que no tengan la suficiente fortaleza metodológica o que, simplemente, carguen sesgos ideológicos.

Basta con repasar los tuits de Donald Trump para evidenciarlo: a quién cita, qué intervalos de tiempo usa, qué comparativos hace y qué datos desmenuza para crear la realidad que le convenga para convencer a sus conciudadanos de sus verdades.

Los datos, pues, a los que tanto valor otorgamos, pueden ser verdades a medias, mentiras arbitrarias o verdades contundentes. Tomemos, por ejemplo, el gustado mundo de los rankings mundiales para ilustrar estos puntos. Juguemos con ese pozo profundo de comparativos de datos que es Human Progress.

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Por ejemplo, en 1985, apenas en la puerta de la entrada al célebre GATT (y lo que implicaba en términos de dejar atrás el proteccionismo para subirse, de lleno, a la apertura comercial global), México era el país número seis del mundo en transporte de pasajeros aéreos. En 2016, cayó al lugar 20.

Pareciera, visto así, que disminuimos en el número de pasajeros, aunque en realidad en ese periodo se multiplicó por tres el volumen. Sin embargo, hubo más de una decena de países que crecieron con mayores bríos. Es decir, para realmente sacar una conclusión, habría que escarbar con mayor profundidad para ponerle algún color positivo o negativo.

Otro dato: en el Índice Mundial de Donativos (porcentaje de gente donando a proyectos sociales, filantrópicos y caridades), México pasó del lugar 77 (25% de la población donaba a algo) al sitio 101 (18% de la población). ¿Qué significa esto? Habría que entender si hubo algo que se dejó de medir.

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O si los movimientos en la paridad cambiaria se tomaron en cuenta para hacer comparativos de peras con peras. O si el bajo o nulo crecimiento del poder adquisitivo incidió en que los mexicanos disminuyéramos nuestras contribuciones a ciertas causas filantrópicas.

Hay otro tipo de datos que dejan menos espacio a las interpretaciones. En el Índice de Mortalidad Infantil, donde es muy evidente el progreso de México, al disminuir del lugar 67 (77 de cada 1,000) al 121 (11 de cada 1,000).

Todo es calculable y casi todo es comparable. Pero lo que importa hacer notar es que hay siempre relatividad. Analizar datos exige entender contextos y hurgar en las posibilidades de que los rangos y parámetros sean correctos, como ocurre, por ejemplo, con las encuestas.

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Sin tomar esto en cuenta, sería fácil incurrir en validar aseveraciones tan tramposas como las de Trump, quien vendió, una y otra vez, la perversa fantasía de que los indocumentados mexicanos eran quienes habían robado los empleos manufactureros de los estadounidenses, cuando en realidad fue la automotización y robotización de los procesos. El único dato correcto era la caída del número de empleos. Lo demás, la interpretación mañosa de los números.

* Javier Martínez Staines es periodista y director fundador de ThinkTank New Media. Autor de dos libros y devoto de la gastronomía, los viajes, el yoga, la música, el cine, el whisky, el mezcal y las buenas conversaciones.

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