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OPINIÓN: El Acuerdo de París no nos salvará del cambio climático

La humanidad no ha hecho suficiente para marcar una diferencia en la acumulación incesante de dióxido de carbono en la atmósfera, comenta Mark Lynas.

Nota del editor: Mark Lynas escribe sobre cambio climático y es investigador invitado en la Alianza para la Ciencia, de la Universidad de Cornell. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) - Para tener un panorama mejor de los avances en el combate al calentamiento global, tienes que escalar un gran volcán en Hawái.

En todo el mundo, en donde se cierra una planta nuclear resurgen los combustibles fósiles, lo que empeora nuestra emergencia climática
Mark Lynas

En las alturas enrarecidas del Mauna Loa, a más de 3,000 metros sobre el bullicio de la civilización moderna, unos instrumentos sofisticados del Observatorio Mauna Loa toman mediciones diarias de la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera.

Estas mediciones, que Charles Keeling inició en 1958, trazan una curva elegante que ha subido gradualmente en las pasadas décadas y puedes seguir la medición en Twitter. Hace unos meses los niveles de CO2 rebasaron las 410 partes por millón, más que en cualquier época desde el Plioceno, hace unos tres millones de años.

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La curva de Keeling es una llamada de atención porque no da el menor indicio de que esté bajando pese a los esfuerzos internacionales cada vez más intensos por limitar las emisiones de gases de efecto invernadero. ¿Se acuerdan del Protocolo de Kioto? No lo notarás en la curva de Keeling. Tampoco encontrarás indicios del Acuerdo de Copenhague de 2009, ni del cacareado Acuerdo de París de 2015.

En otras palabras: pese a tanto ruido y tanta fanfarria, a las noches en vela y a las largas jornadas de los delegados en las conferencias anuales sobre el cambio climático en la ONU (las Conferencias de las Partes o COP), pese a todos los compromisos sobre objetivos respecto a energía solar o a las fechas de producción máxima de energía con carbón, la humanidad no ha hecho suficiente para marcar una diferencia tangible en la acumulación incesante de dióxido de carbono en la atmósfera de nuestro planeta.

La adicción a los combustibles fósiles

Para encontrar la razón de esta falta de avances, no hay que hacer más que ver los reportes anuales de la Agencia Internacional de Energía. En 2000, la proporción de energía mundial que se generaba con combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas) fue del 80%. En 2006 fue del 81% y en 2017 fue del (redoble de tambores) 81%, otra vez.

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Sí, las energías renovables (encabezadas por la eólica y la solar) han crecido enormemente en años recientes, pero también ha crecido la economía mundial y con ella la demanda de energía para estaciones eléctricas, transportes, industria y agricultura. En términos absolutos, las energías limpias apenas pueden seguirle el paso al crecimiento, así que la proporción de combustibles fósiles sigue sin cambios.

En el Acuerdo de París se incluyó el compromiso de restringir el aumento de la temperatura mundial a 1.5 grados centígrados sobre el nivel previo a la era industrial. Ya llevamos un grado y, a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan a la mitad en los próximos doce años (algo imposible, económica y políticamente hablando), es prácticamente seguro que rebasaremos los 1.5 grados centígrados.

¿Qué hay de los demás compromisos que los gobiernos firmaron en París? Según el más reciente análisis de Climate Action Tracker, las políticas gubernamentales actuales provocarán un incremento de 3.4 grados centígrados para 2100, nivel muy superior al objetivo de 2 grados centígrados y ciertamente suficiente para tener efectos catastróficos en el futuro de la civilización.

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En París los gobiernos se ofrecieron a reducir sus emisiones, pero estos compromisos resultan en una reducción de apenas dos décimas de grado en el aumento de la temperatura mundial, con lo que el aumento para 2100 sería de 3.2 grados centígrados.

La negación de los datos científicos

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Esto se pone peor. El auge actual del populismo de derecha, ejemplificado en el triunfo electoral de Donald Trump (quien en su momento anunció que Estados Unidos se retiraría del Acuerdo de París), pone en peligro hasta el más mínimo avance que se haya logrado hasta ahora.

Muchos de estos movimientos populistas niegan los datos científicos como si fuera un dogma de fe y la víctima más notoria es la acción contra el cambio climático. El gobierno de derecha de Australia insinuó que podría seguir el ejemplo de Trump y salirse del Acuerdo de París, mientras que en Brasil, el presidente electo, Jair Bolsonaro, indicó que redoblará la destrucción de la selva del Amazonas, cuya deforestación ya había aumentado rápidamente.

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En los lugares donde parece que la presión de la gente está logrando reducir las emisiones de carbono, las empresas de combustibles fósiles destinan millones de dólares para contrarrestarlos. Por ejemplo: BP destinó alrededor de 12 millones de dólares para bloquear un impuesto moderado al carbón en Washington. En general, las empresas de combustibles fósiles gastan diez veces más en cabildeo que los grupos ambientales.

Además, los mismos ecologistas se han metido autogoles notorios. El movimiento que pretendía eliminar la energía nuclear en Alemania ha renovado la dependencia en el carbón y la deforestación de bosques antiguos a consecuencia de la expansión de la extracción de carbón en minas a cielo abierto. En todo el mundo, en donde se cierra una planta nuclear resurgen los combustibles fósiles, lo que empeora nuestra emergencia climática.

Al reconocer esto, la Union of Concerned Scientists -un grupo ambientalista estadounidense- rompió filas con el movimiento ambientalista en nuevo informe donde pide que las estaciones nucleares que están en riesgo de clausura sigan abiertas para no incrementar las emisiones del sector del carbón. En Taiwán, unos activistas se pusieron máscaras de oso polar y ganaron un referéndum sobre la revocación de la política de abandono de la energía nuclear.

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La lucha apenas comienza

En Reino Unido surgió un nuevo grupo de acción climática: Extinction Rebellion. Desde hace un mes ha tomado medidas audaces y ha desatado el caos en el centro de Londres. Su mensaje se dejó oír fuerte y claro, si queremos evitar la catástrofe climática tenemos que hacer más que hacer compromisos corteses pero inoperantes en las conferencias anuales de la ONU.

Las COP son importantes, pero lo que pasa en las calles, en el mundo real, lo es más. Puedes verlo desde lejos, en la cima de ese volcán hawaiano y las cifras no mienten: el CO2 se está acumulando irrevocablemente con cada año de retraso. Pese a décadas de COP, la lucha por salvar al clima de la Tierra del colapso apenas está comenzando.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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