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OPINIÓN: Ante el desabasto de gasolina, ciudadanos salen al quite

En Guadalajara, los tapatíos adoptaron acciones para abastecerse de combustible, como “cazar” pipas, dormir junto a gasolineras y crear chats para avisar dónde había gasolina, señala Jorge Valdivia.
jue 31 enero 2019 09:32 AM
Desabasto en Guadalajara
Intercambio de vivencias. En Facebook, Twitter, WhatsApp y otras redes sociales cibernéticas se organizaron los consumidores para intercambiar información en tiempo real de las gasolineras que estaban en servicio o por abrir, describe Jorge Valdivia.

Nota del editor: Jorge Valdivia García es periodista, editor y escritor enfocado a temas de coyuntura económica, política y social, así como a la ficción literaria.

(Expansión) – Andar a la caza de pipas, madrugar o de plano dormir en el coche, e incluso llevar una bacinica en el vehículo, forman parte de las estrategias que tuvieron que adoptar los tapatíos tras la implementación de los operativos para combatir el huachicol, que generaron una severa escasez de gasolina en diversas ciudades de México, entre ellas Guadalajara, donde sus habitantes tuvieron que afrontar el problema prácticamente solos.

OPINIÓN: ¿Qué falta en la estrategia contra el 'huachicol'?

El 27 de diciembre de 2018, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció el Plan Conjunto del Gobierno de México para Combatir el Robo de Hidrocarburos de Pemex, que incluyó el cierre de algunos ductos, entre ellos el que lleva el combustible de la refinería de Salamanca a Guadalajara, principal fuente de abastecimiento para la ciudad. A partir de entonces comenzó un calvario para los habitantes de la capital de Jalisco y otros estados del centro y occidente del país.

A medida que pasaron los días, decreció el número de gasolineras con combustible. El gobierno de Jalisco informó que el desabasto llegó a afectar hasta a 85% de las estaciones de servicio de la capital del estado (Milenio, 22 de enero de 2019). A la par, crecieron las colas y el tiempo de espera para cargar, obligando a muchos de los habitantes de Guadalajara a pasar hasta cuatro horas y media para llegar al principio de la fila, para encontrarse muchas veces con que ya se había agotado el combustible.

Jalisco necesita algo así como 14.9 millones de litros (94,000 barriles) diarios de gasolinas y diésel para abastecer a los casi cuatro millones de automotores que circulan por la ciudad y el estado, de los que más de la mitad lo hacen por la Perla Tapatía. Según el gobernador Enrique Alfaro, pese al compromiso de Pemex de satisfacer la demanda mediante el uso de pipas, Guadalajara solo estaba recibiendo 40% del combustible requerido (El Occidental, 22 de enero de 2019).

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OPINIÓN: A billetazos contra el ‘huachicol’, y ¿los más pobres, qué?

Entre dimes y diretes sobre el dilema entre el mandatario estatal —con constantes reclamos por mejorar el abasto— y López Obrador —aferrado al discurso oficial de que no había desabasto—, y ante la falta de información y de acciones concretas para organizar la distribución y venta por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno, los tapatíos se las tuvieron que ingeniar para conseguir el cada vez más escaso y preciado energético.

En un principio, lo que hizo la mayoría fue deambular por la ciudad en busca de una gasolinera abierta, lo que dejó a más de uno varado, sin combustible. Luego, muchos optaron por desmañanarse, atendiendo al refrán que dice “al que madruga Dios le ayuda”. Hubo gente que desde las cuatro de la mañana estaba buscando dónde cargar gasolina, pero ante la escasa oferta, solo unos pocos lograban su objetivo y la mayoría terminaba hacinándose por horas en unas cuantas estaciones de servicio.

Así que, de plano, hubo personas que optaron por estacionar su auto a las puertas de una gasolinera y pasar la noche a la espera del arribo de una pipa. Los más intrépidos dejaban su coche aparcado en la estación de servicio y volvían cuando les avisaban que iban a abrir.

OPINIÓN. Huachicoleo: faltan sensatez, información y humildad

La ignorancia sobre el día y la hora del arribo de un carrotanque era total, incluso entre los despachadores, por lo que se puso de moda andar a la caza de las pipas. Si alguien veía alguna circulando por la ciudad, la seguía hasta donde fuera a descargar. No faltó quien fue a esperarlas a las afueras de las terminales de almacenamiento y distribución de Pemex ubicadas en los municipios de El Salto y Zapopan, para acompañar al carrotanque desde la periferia de la urbe hasta su punto de destino. Pero ni siquiera esto garantizaba un final feliz. La tecnología terminó por venir en la ayuda de los consumidores.

En Facebook, Twitter, WhatsApp y otras redes sociales cibernéticas se organizaron los consumidores para intercambiar información en tiempo real de las gasolineras que estaban en servicio o por abrir, el tamaño de la fila, tiempo estimado de espera para cargar, tipo de combustible a la venta, cantidad que se podía comprar y forma de pago admitida, ya que para agilizar el cobro muchas gasolineras dejaron de aceptar tarjeta de crédito. La conexión vía Internet y celular también se aprovechó para intercambiar vivencias, ofrecer consejos para no fallar en el cometido y hacer más llevadera la experiencia. No fue raro encontrar mensajes como el que enumeraba diferentes “tips” para cargar gasolina:

1. Ir acompañado, para que la otra persona se baje a preguntar directamente a los despachadores si hay combustible y el tiempo aproximado que durará el servicio.
2. Llevar bebida hidratante.
3. Llevar cargador para celular de auto.
4. Llevar una bacinica para hacer del uno en caso de que se requiera (no es broma, hubo gente que posteó que necesitaba ir al baño, pero no podía dejar su auto para no entorpecer la fila o perder su lugar en ella).
5. Paciencia, mucha paciencia.

OPINIÓN: Dolor a gasolina, la crisis llegó

Sin lugar a dudas, el uso de redes sociales fue la estrategia más eficaz para surtir combustible. Soy testigo. Gracias a la información compartida no me tomó más de 20 minutos cargar combustible en las diferentes ocasiones que tuve que hacerlo durante lo más álgido de la crisis que enfrentó la ciudad.

Lo anterior es muestra de que basta un poco de iniciativa y ganas de hacerlo para encontrar soluciones eficaces para cualquier problema. Por desgracia, las autoridades no brillaron en la materia. Todo hubiera sido más fácil si estas hubiesen asumido el papel para el que fueron elegidas y hubiesen dictando medidas para organizar y agilizar la distribución y venta de combustible.

OPINIÓN: ¿Qué aprender del desabasto de combustibles?

Pero de parte de los gobiernos municipales y el estatal solo se escucharon reclamos al gobierno federal, dejando totalmente en manos del presidente la solución al problema y de sus diferentes aristas, mientras que del jefe del Ejecutivo y de su gabinete hubo oídos sordos a las quejas y solo hasta que estas tuvieron repercusión nacional e internacional tomaron acciones, aunque enfocándose únicamente al tema del abasto a las terminales de almacenamiento.

Menos mal que los ciudadanos no les imitaron y sí le entraron al quite al problema, de lo contrario, su impacto en la vida personal y laboral, así como en la economía de la ciudad y del estado hubiera sido mayor que los 5,000 millones de pesos reportados por el Consejo de Cámaras Industriales de Jalisco (El Informador, 25 de enero de 2019), mucho mayor.

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