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OPINIÓN: Estamos listos para las finanzas sostenibles

Están en auge, se han hecho un hueco en la agenda global, y pueden beneficiar el mundo, destaca Carlos Vargas.

Nota del editor: Carlos Vargas es profesor investigador en Finanzas en EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey. Asimismo, imparte las materias de Finanzas Sostenibles y Economía Ambiental en la Universidad de Harvard. Cuenta con más de 10 años de experiencia en compañías multinacionales. Síguelo en Linkedin

(Expansión) - En 2018 las finanzas sostenibles representaron para el mundo financiero ya más de 12 billones de dólares solo en Estados Unidos, de acuerdo con datos de la asociación Forum for Sustainable and Responsible Investment

Algunos expertos atribuyen este auge al periodo poscrisis que hemos vivido en la última década; otros, al cambio generacional en el que los nuevos tomadores de decisiones buscan con sus inversiones un sentido más profundo de responsabilidad, ser fieles a sus propios valores y causar un impacto positivo.

De cualquier forma, los números hablan por sí mismos: esta modalidad de inversión ha crecido 38% en tan solo dos años, aunque la inversión sostenible, responsable y con impacto no es un tema nuevo, sino que responde al interés de inversores, gobiernos, académicos, y público en general en reinterpretar el negocio financiero.

La inversión de impacto puede cambiar el mundo, pero ¿cómo se invierte en finanzas sostenibles? La respuesta no es del todo sencilla, sin embargo, existen convenciones sobre factores económicos, ambientales y sociales que permiten establecer que una inversión es sostenible. De hecho, prácticamente cualquier asset manager o gestor ofrece actualmente alternativas de inversión que permiten canalizar recursos a inversiones sostenibles.

La oferta es muy diversa y se pueden encontrar todo tipo de activos validados por agencias de ratings especializadas, como Morningstar o Sustainalytics, y básicamente todas las ya conocidas, como Moody’s y S&P.

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La validación se hace con características o criterios que permiten establecer su grado de sostenibilidad, pero sin duda los activos más populares son los fondos de inversión temáticos y los bonos verdes. Los primeros pueden desplegar diversos tipos de estrategia, desde solamente invertir en empresas socialmente responsables hasta enfocarse en empresas con interés en temas ecológicos o energías limpias , entre otros. Los bonos verdes, por su lado, son un buen intento de asociar el uso de sus recursos a cuestiones medioambientales, aunque su marco legal no es del todo claro respecto a la exigencia real de sus compromisos medioambientales en la práctica. No obstante, los bonos verdes ya alcanzan aproximadamente 250,000 millones de dólares, según cifras de Ia Corporación Financiera Internacional (IFC, por sus siglas en inglés).

Si bien las finanzas sostenibles han conseguido hacerse un hueco en la agenda global, no surgen como una concepción totalmente nueva del retorno con base en el riesgo de nuevos factores ambientales o sociales. Constituyen más bien un entendimiento más amplio de la creación de valor en base a dichos factores, pero sin dejar de lado los conceptos tradicionales de valuación y manejo de recursos de las finanzas tradicionales. Es decir, las finanzas sostenibles no sustituyen a las tradicionales, sino que las complementan y actualizan para dar cabida a conceptos más amplios. Algunas metodologías como la valuación hedónica o el pago por servicios ambientales permiten establecer nuevos parámetros para una industria de bienes raíces mejor valuada y eficiente. Miles de empresas a nivel mundial utilizan estas y muchas otras metodologías de valuación para capturar valor en sus inversiones.

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En México, las finanzas sostenibles se encuentran en un momento coyuntural único que permitirá su avance. Por un lado, la gran diversidad que impera en el país, tanto a nivel social como ambiental, exige cada vez empresas más creativas y proyectos que promuevan el desarrollo de comunidades y capturen el valor agregado en las mismas.
Buena muestra son el interés por productos orgánicos , la producción hecha a mano, las cada vez más numerosas empresas socialmente responsables y la banca ética.

Por otro lado, la creciente preocupación por la construcción sostenible impulsada por una tendencia mundial y avalada por los mercados, en conjunto con una reforma energética que finalmente agrieta el monopolio de producción eléctrica del estado y comienza a explorar nuevos esquemas de producción de energía renovable, allanan el camino hacia el uso y estudio de las finanzas sostenibles. Y existen muchos otros ejemplos y áreas de aplicación, es una oportunidad enorme para el país.

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