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Cuando te vuelves inolvidable: Instinto de excelencia

Un rasgo de carácter de los grandes líderes es el Instinto de Excelencia, dice Roberto Primo.

(Expansión) - He pasado los últimos 10 años entrenando líderes de empresas en México y América Latina. A la fecha he tenido la oportunidad de trabajar con un poco más de 30,000 líderes, por lo que en este espacio quiero compartir contigo mis aprendizajes acerca del liderazgo, y las habilidades de maestría personal que al desarrollarlas te ayudarán en tu crecimiento como persona y en tu desempeño laboral.

Un rasgo de carácter de los grandes líderes es el Instinto de Excelencia.

El instinto de excelencia es ese impulso de hacer las cosas, no simplemente bien, sino impecablemente bien y de forma cotidiana. Es esa necesidad de practicar, de entrenar, de estudiar, de ejecutar las cosas un poco más allá de lo “normal”, un poco mejor cada vez. Es el deseo de encontrar más respuestas de las que ya se tienen, por el simple hecho de poder comprender mejor, de poder hacer las cosas a un más alto nivel. Es esa naturaleza respetuosa de las reglas de juego, por y para beneficio del propio juego.

El instinto de excelencia es el rechazo a las trampas, a las medias tintas, a los mínimos esfuerzos.

En los mejores ejemplos, este instinto de excelencia no se presenta como un paso previo para el reconocimiento por parte de los otros, de hecho este instinto se presenta también con un alto grado de humildad; pero este instinto de excelencia es imposible de pasar ignorado, pues los resultados que provoca son siempre sobresalientes.

La excelencia es una de las aspiraciones más altas de toda organización, y debiera serlo también de toda persona. He aquí unos sencillos pasos para dominar el Instinto de Excelencia:

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1. Empieza con un fin en mente. ¿Cuál es tu meta?, ¿En qué actividad quieres empezar a buscar la excelencia? Ponte un objetivo realista y alcanzable, ponte una fecha límite para realizarlo. Fijarte metas es igual que comerte un tiranosaurio… una mordida a la vez;

2. Practica. Obviamente no basta con el simple deseo ardiente de hacer las cosas impecablemente bien; este deseo debe ir acompañado de una práctica incansable. Malcolm Gladwell en su libro Fuera de Serie nos habla de la regla de las 10,000 horas de práctica para alcanzar el éxito en cualquier disciplina;

3. Toma en cuenta las mejores prácticas. Busca las mejores prácticas de personas que hayan logrado dominar eso que tú intentas. Lee sus biografías y si tienes la oportunidad pídeles consejo. Otra muy buena opción es buscar un coach o un mentor que te apoye en el desarrollo de tu habilidad;

4. Deja a un lado los pretextos. Es muy común que al intentar alcanzar la excelencia nos desanimemos ante las primeras dificultades o perdamos en ocasiones las ganas, y empecemos con pretextos para no continuar esforzándonos. No claudiques, si lo importante fuera fácil de alcanzar, cualquiera lo haría;

5. No te des “permisos”. Muchas personas cuando intentan alcanzar un objetivo, empiezan con mucho ímpetu y empiezan a cambiar hábitos, pero de pronto, se dan “permiso” de volver a los viejos malos hábitos. No te des esa clase de “permisos” que solo te retrasan en conseguir tu meta;

6. Olvídate de la comida chatarra. Alguna vez Karla Wheelock (primera alpinista mexicana en alcanzar las 7 cumbres más altas del mundo) me comentó que para alcanzar la cima del Everest tuvo que dejar de lado los alimentos chatarra, y no solamente lo que se refiere a comida, sino también todo pensamiento chatarra que le dijera que no podía. ¿Con qué pensamientos alimentas tu mente? Aprende a distinguir qué te nutre y qué no;

7. Ante el error, trátate bien. Te adelanto algo, al buscar alcanzar la excelencia te vas a equivocar. Es normal, así que trátate bien, no te castigues. De hecho, intenta pedir retroalimentación a las personas que te rodean, quizá haya cosas que puedas corregir y que aún no te has dado cuenta; acéptala, agradécela y trabaja en ello;

8. Intenta, intenta e intenta una vez más.

Y para darte un ejemplo de todos estos pasos y, sobre todo, el de “no darte permisos” y “practicar”, recuerdo una historia que me contó alguna vez mi esposa sobre Rafael Márquez (exfutbolista mexicano que jugó en la selección nacional, así como en el Atlas y en el Barcelona). En cierta ocasión, ella se encontraba en un bar en Puerto Vallarta, donde también estaba Rafa Márquez con otros futbolistas. A cierta hora de la noche, Márquez se despidió de sus compañeros y ellos le reclamaron, diciéndole que por qué se iba tan temprano si no estaban en concentración, ni había un partido cercano. Rafa Márquez les dijo que él tenía que entrenar al día siguiente, ya que aspiraba a ser el mejor futbolista. A la mañana siguiente mi esposa salió temprano a tomar el sol y vió a Rafa Márquez corriendo y entrenando en la playa. Quizá no se convirtió en el mejor futbolista del mundo, pero, sin duda, es recordado como un verdadero líder y uno de los mejores futbolistas de nuestro país.

El instinto de excelencia es uno de los rasgos más sutiles de los grandes líderes, y es, sin duda, una razón que los vuelve inolvidables.

Nota del editor: Roberto Primo es coach de liderazgo y de vida. Tras su experiencia como líder en el ambiente corporativo, ha pasado los últimos 10 años entrenando a más de 30,000 líderes y ejecutivos en empresas en México y Latinoamérica. Está convencido que toda persona puede desarrollar las habilidades necesarias para convertirse en un gran líder, si deciden dominar el arte de liderazgo. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. Síguelo en su cuenta de Facebook e Instagram

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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