Aceptar que la diversidad también está compuesta por la intolerancia hacia la comunidad LGBT+ proviene de una forma de pensar lamentable, que se basa en sentimientos de culpa y se forja desde una posición de ciudadano de segunda.
Es como dar la razón acerca de que pertenecer a la comunidad LGBT+ es una opción que tomamos, un camino que escogemos y no una característica con la que nacemos. Decir que merecemos no ser aceptados por todas las personas es un pensamiento erróneo que permea de una manera tan sutil que ni siquiera es identificado por todos los que han han vivido bajo identidades estigmatizadas, y que, sin quererlo, ayudan a consolidar las mismas ideas que dicen estar combatiendo.
A un mes de la celebración, la mayoría de las banderas del orgullo gay se han ido a descansar por un tiempo, pero eso no significa que también guardemos con éstas los esfuerzos para erradicar el odio, las creencias y los mitos que siguen siendo aceptados sin racional alguno. La labor debe continuar en todos los aspectos de influencia de nuestras vidas, en nuestros trabajos, entre nuestros amigos y con las familias, para asegurar que cuando vuelva a llegar junio, la fiesta pueda continuar.
LGBT: avances y retrocesos | #QueAlguienMeExplique
Nota del editor: Jorge Guevara es Vicepresidente de Comunicación para América Latina de American Express y activista en contra del estigma y la discriminación hacia todo tipo de minorías. Puedes contactarlo en jorge.guevara@aexp.com. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.
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