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Nuestras Historias

Una 'Smart Factory' no se hace de la noche a la mañana: desafíos y riesgos

Tan importante es entender la tecnología como saber liderar el impacto en la organización, la cultura y los valores corporativos, opina Bruno Juanes.
dom 02 febrero 2020 07:00 AM
Smart Factory
Los líderes interesados en comenzar esta transformación pueden utilizar los datos para comenzar con riesgos calculados, considera Bruno Juanes.

(Expansión) – Tras la ratificación del T-MEC (Tratado de Libre Comercio entre México, Estados Unidos y Canadá) en diciembre de 2019, además de la reafirmación del tránsito comercial, se incluyó la regularización de la dimensión digital, tal como el comercio electrónico y el flujo de información producto de esta, entre otros aspectos.

De igual manera, establece un nuevo entorno de negocio para el sector de manufactura y particularmente para la producción automotriz, pues a partir de este acuerdo, los automóviles que se comercialicen en la región tendrán que fabricarse en Norteamérica.

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Si bien el T-MEC y el actual contexto comercial global representarán retos importantes para la industria manufacturera, también le ponen enfrente oportunidades de transformarse, innovar, crecer y ser más rentables. Una de las opciones más interesantes consiste en iniciar la transformación de nuestras plantas productivas en Smart Factories.

Estas son plantas que captan y utilizan la totalidad de los datos que generan sus procesos -internos y externos- para tomar decisiones, emplean efectivamente la tecnología para optimizar su desempeño, se adaptan y aprenden de las nuevas condiciones en tiempo real, y llevan a cabo procesos de producción de forma autónoma.

No dudemos que en la década que estamos iniciando veremos a más organizaciones sumarse a la categoría de Smart Factory. Esto nos dará la capacidad de conocer con precisión y transparencia el estado de sus operaciones, y anticiparse a los cambios en el mercado para tomar las medidas pertinentes para enfrentarlos y adaptarse a ellos.

De hecho, las proyecciones de implementación en el país son positivas: un estimado del Consejo Coordinador Empresarial de México menciona que en los próximos cinco años se buscará una inversión de 1.5% del PIB en proyectos potenciales .

Ahora bien, una de las preguntas que con frecuencia se hacen las empresas del sector, en especial las pequeñas y medianas, es el costo que les representará volverse una fábrica inteligente. En realidad, no implica una inversión alta ya que pueden aprovechar los recursos que han destinado a la tecnología que utilizan actualmente.

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Para atender esta inquietud es primordial construir un caso de negocio sólido: identificar los impactos que generarán más ingreso o supondrán menor costo y compararlos contra la inversión necesaria en infraestructura y servicios. Dichos impactos pueden ser muy variados; desde agilizar el monitoreo del equipo y realizar pruebas de calidad, gestionar el consumo de energía, agua y residuos, hasta integrar el uso de la robótica y tecnologías cognitivas, y maximizar la colaboración con proveedores.

Como la mayoría sabemos, para llevar a buen puerto un proyecto de esta naturaleza, es vital contar con un líder visionario, a menudo el director de Tecnología (CTO), que integre al equipo de trabajo idóneo, lo mantenga enfocado y que sea capaz de involucrar al resto del board.

Dado que este cambio no es sólo tecnológico sino transformacional en el sentido más amplio de la palabra, es fundamental contar con este nivel de compromiso en todos los niveles y en todas las áreas de la organización. Tan importante es entender la tecnología como saber liderar el impacto en la organización, la cultura y los valores corporativos.

Como lo mencioné al inicio, la aprobación del T-MEC implica un nuevo entorno y un ajuste a las reglas comerciales de la región, por lo que seguramente podría despertar en la industria de manufactura un sentido de urgencia por modernizarse y ser más inteligentes y automatizados en su modo de operar. Es importante canalizar dicho sentimiento.

Una Smart Factory no se hace de la noche a la mañana; habrá fracasos, surgirán desafíos y riesgos, y se tendrán que hacer ajustes en el camino. La recomendación para las manufactureras mexicanas es iniciar con una serie específica de pruebas de concepto de pequeña escala en distintas áreas y, a partir de los resultados, ir aumentando su dimensión y alcance; y por supuesto, la inversión.

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Sabemos que existe una conexión directa entre la inversión para establecer estos casos de negocio, y el valor que el negocio en su totalidad alcanza. Los líderes interesados en comenzar esta transformación pueden utilizar los datos para comenzar con riesgos calculados.

Deben pensar en grande, empezar a actuar en pequeño y escalar a la velocidad que les permita competir con las empresas de la región y el mundo.

Nota del editor: Bruno Juanes es Socio Líder de Core Business en Consultoría, en Deloitte México. Las opiniones expresadas en esta columna pertecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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