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Nuestras Historias

Los nuevos tiempos

El odio es parejo, es el mismo, y debe preocuparnos a todos, seamos o no la causa a defender, opina Jorge Guevara.
jue 06 febrero 2020 09:36 AM
LGBT CDMX
Las empresas que incluyen varias diversidades, no sólo personas LGBT, sino mujeres y personas con discapacidad; siempre son empresas que lograrán tener más innovación, mejores resultados anuales y ser más competitivas, según Alexandra Haas.

(Expansión) – A inicios de este año alguien me cuestionó si no me parecía que ya es demasiada tanta insistencia por parte de las minorías para colocar (“imponer”, dijo ella) la agenda de diversidad e inclusión en las empresas y en la comunidad en general. Este tipo de preguntas prefiero siempre aceptarlas como válidas porque me llevan a la autoreflexión y por qué no, a la autoregulación cuando es necesario.

Hace apenas unos días, el pasado 27 de enero, el mundo conmemoró 75 años de la liberación de prisioneros del campo de concentración de Auschwitz por parte del ejército soviético de aquel entonces. Este hecho, presumiblemete, marcó el inicio del fin de uno de los capítulos más aterradores, vergonzosos y crueles de la historia moderna, con el que nos perdimos la oportunidad de conocer el potencial de por lo menos 12 millones de vidas, si contamos únicamente a las víctimas del Holocausto.

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Este genocidio es ampliamente conocido por el imperdonable asesinato de más de 6 millones de judíos, sin embargo se trató del exterminio y persecución de todo tipo de minorías, incluidas las personas discapacitadas y la población LGBT+, a quienes en particular se les distinguió con el triángulo rosa que en la actualidad se ha retomado como símbolo de lucha y de sobrevivencia en nuestra comunidad.

Sin el afán de ensombrecer tan significativa fecha, lamento hacer notar que tal hazaña de liberación no alcanzó a todos. Se dice que quienes portaban el infame triángulo rosa fueron enviados a otras cárceles de los países aliados, para quienes el ejército nazi había hecho el favor de distinguir por una orientación sexual que aún era ilegal en muchos de éstos.

El mundo es otro en este 2020, y quizá más de alguno suspire de alivio en este momento pensando en esto. Pues sí y no, como en casi todo lo que escribo.

Sí, porque en muchos países (no en todos) la homosexualidad ya no es ilegal. Sí, porque se ha avanzado significativamente en los derechos de la comunidad LGBT+ en diversos aspectos: lo laboral, familiar, social, financiero, etcétera.

Y un sí, pero con sabor a más o menos, porque aunque se supone ya no existen campos de concentración nazi (¿alguien dijo que no podía repetirse el Holocausto?) en el 2017 el mundo descubrió que en Chechenia (sí, los descendientes de los mismos rusos que liberaron Auschwitz) existían campos de concentración en los que gays han sido torturados sólo por su orientación sexual.

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Lo anterior sin contar los múltiples campamentos de terapias de conversión, que de alguna manera se les asemejan.

Lamentablemente, la lista del “no” es no sólo más larga sino también más sangrienta. Tan sólo en el último año, este mundo moderno y abierto del que tanto alarde hacemos registró un crecimiento considerable en crímenes de odio, sin contar los países en los que la homosexualidad aún es ilegal.

Estados Unidos e Inglaterra reportan cifras aterradoras de aumentos de hasta 30% de crímenes en contra de las personas transgénero y de la comunidad LGBT+ en general. Y nuestra querida y amigable con la comunidad gay y la diversidad sexual CDMX no se queda nada atrás, distinguiéndose por ser una de las ciudades con mayores crímenes homofóbicos y transfóbicos.

Por si fuera poco y de acuerdo con la Encuesta sobre Discriminación en la Ciudad de México (2017) elaborada por el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Cuidad de México (COPRED), en este ensueño de la diversidad sexual y la inclusión, resulta que una de las principales causas de discriminación es justamente la preferencia sexual; de hecho, 80% de la comunidad LGBT+ afirma haber sufrido discriminación debido a su orientación sexual o identidad de género. Yo, incluído, desde mis tiempos universitarios hasta uno que otro empleo en las industrias de los medios y la tecnología.

Si las cifras no te espantan porque corresponden “a un grupo muy particular” con el que “no todos tenemos que estar de acuerdo” ya que “se lo buscan porque deciden ser así”, como declaran algunos grupos de extrema derecha, entonces que al menos te alarme que de la misma forma se vienen incrementando los crímenes de personas con capacidades diferentes, los basados en raza o religión, y ya no digamos los femenicidios. El odio es parejo, es el mismo, y debe preocuparnos a todos, seamos o no la causa a defender.

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Tan sólo el 2018 quedó marcado en Estados Unidos como el de mayor violencia perpetuada por grupos antisemitas, quedando así los judíos, los LGBT+ y hasta las personas de raza negra como las más vulnerables ante este tipo de hechos en nuestro vecino país, que además se lució con la redacción de más de 50 propuestas de leyes en contra de grupos LGBT+ en el 2017, de acuerdo con Human Rights Campaign. Muchas de éstas aún caminando.

Ahora bien, las empresas son un reflejo de la sociedad en la que vivimos. Los resultados del último Diagnóstico Nacional sobre Discriminación hacia personas LGBT+ en el terreno laboral en México coinciden en que la comunidad sigue enfrentando discriminación y maltrato, exámenes médicos innecesarios y con poco respeto a la privacidad, procesos de selección de personal poco transparentes, bajos salarios, agresiones verbales y hasta físicas, y limitadas oportunidades de desarrollo.

Entonces, ¿ya es demasiado esto de insistir en Inclusión y Diversidad en el mundo y en las empresas? ¿ya fue mucho arcoíris? No, a mi parecer todavía nos quedamos cortos. Y no es el temor a que algo como el Holocausto pueda llegar a repetirse lo que en ocasiones me quita el sueño, porque tengo la esperanza de que ese es un camino conocido, que ya recorrimos y superamos (aunque aún no está claro si lo de Chechenia ha sido debidamente atendido y erradicado)

No, lo que realmente me aterra es lo desconocido. Lo que ni siquiera me pasa por la mente. Lo que la imaginación humana aún puede despertar en las mentes equivocadas, particularmente en estos nuevos tiempos de odio.

Nota del editor: Jorge Guevara es Vicepresidente de Comunicación para América Latina de American Express y activista en contra del estigma y la discriminación hacia todo tipo de minorías. Es Doctor en Psicología y Mtro. en Psicología Clínica y puede ser contactado en el correo opiniondrjorgeguevara@gmail.com . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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