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Es la cuenta corriente, estúpido

Crucemos los dedos para que los estadounidenses gasten en lugar de ahorrar y que dicho consumo beneficie a las manufacturas por encima de los servicios, considera Sergio Luna.
mié 24 marzo 2021 11:58 PM

(Expansión) - En días recientes se habla mucho sobre revisiones al alza de la expectativa de crecimiento económico de México en el 2021. Por ejemplo, el consenso de los analistas que encuesta Citibanamex al 22 de marzo anticipa un avance de 4.5% contra 4.0% proyectado quince días antes. Conviene discutir a más detalle lo que está detrás de las cifras.

Empecemos con el árido tema del “acarreo estadístico”. En un símil, compara la velocidad promedio del tren durante un año con la registrada al pasar la última estación – el cuarto trimestre. Si ésta es superior a aquella, la máquina acelera; en el caso contrario, se ralentiza.

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Cuando la economía se mueve parsimoniosamente, esta medición es útil para determinar la trayectoria inercial. En años como el 2020, donde lo que predomina es un choque mayúsculo, hay que tomarla con cautela.

Dado que la máquina virtualmente paró en el segundo trimestre, la comparación del promedio con la medición al cierre del año es inusualmente alta: implica crecimiento de 3.5% en 2021. Es el mayor acarreo estadístico en lo que va del siglo – el que la crisis del 2009 proporcionó al 2010 fue de 2.5%.

El acarreo ofrece entonces un “piso” al crecimiento, pero no es muy firme. Los choques por definición se disipan y los efectos que prevalecen son los inerciales, que parecen haber cambiado para mal.

Aun sin pandemia, el acarreo estadístico para el 2020 era negativo (-0.9%) y por segundo año consecutivo. Es decir, la inercia ya marcaba una economía enferma. Ello debe haber empeorado con la pandemia y el INEGI ofrece recientemente un botón de muestra.

Respecto al total de unidades económicas censadas en 2019, encuentra 390,000 negocios menos a septiembre del año pasado. Tenemos que lamentar pérdida de vidas humanas, de empleo y de empresas.

Bajo estas condiciones, suponer que “la etapa de aplicación exponencial de vacunas es lo que va a permitir la salida de esta crisis” como afirma el Secretario de Hacienda me parece optimista pero también preocupante: parece mandar el ominoso mensaje de que “la economía se cura sola” y alimenta la suspicacia de que la política económica se hace en Palacio Nacional, pero no necesariamente en las oficinas arriba de la Puerta Mariana.

Queda otro factor que ese sí puede jugar a favor: los Estados Unidos. Con una respuesta de política económica en las antípodas de la nuestra – el paquete de estímulo fiscal recientemente aprobado equivale a 9% del PIB – nuestro vecino del norte debe registrar una tasa de crecimiento excepcional, 6.5% de acuerdo con la OCDE. ¿Qué tanto efecto derrama podemos esperar?

La relación estadística más fuerte entre la actividad en los dos países – lo que alguna vez llamamos el “vinculo TLC” – es entre producción manufacturera en los Estados Unidos y PIB total en México.

 
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En lo que va del milenio se asemejan en un 78% en promedio, pero esa similitud varia a lo largo del tiempo. Sube en fechas recientes a 90% (considero un lapso de 5 años para estos cálculos) mientras que antes de la pandemia registra incluso tasas negativas.

Mucho estimulo y un vínculo TLC fuerte deberían entonces jugar a nuestro favor ¿correcto? El tema es que la relación se debilitó porque la manufactura estadounidense estuvo de capa caída durante la segunda mitad de la década pasada y lo extraordinario fue que no arrastró consigo al crecimiento en México – estábamos desarrollando fuentes autónomas de expansión, vía el mercado interno.

Ese motor está apagado hoy en día y dependemos así aun mas de la buena marcha de la manufactura estadounidense; este vínculo es literalmente lo único que nos mantiene andando.

Crucemos entonces los dedos para que los estadounidenses gasten en lugar de ahorrar y que dicho consumo beneficie a las manufacturas por encima de los servicios (aquí tengo algunas dudas). En todo caso, la variable que mejor reflejará el impacto sobre México no será la tasa de crecimiento (que pienso así no será muy distinta del piso de 3.5%), sino las cuentas externas.

Me parece que el consejo de Jimmy Carville sobre el determinante de los resultados electorales (“es la economía, estúpido”) no aplica con una variable tan esotérica para el electorado como la cuenta corriente. De lo que si estoy seguro es de que déficits externos abultados con México no gozarán de muchas simpatías entre nuestros vecinos.

Nota del editor: Sergio Luna estudió Economía en la UNAM y la Universidad de Londres. Fue economista en el Banco Nacional de México durante 33 años y continúa en dicha profesión, ahora de manera independiente. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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