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La incertidumbre de la política climática para industrias contaminantes

La recuperación económica post COVID-19 vendrá acompañada de medidas de regulación climática más estrictas, apunta José Luis Reséndiz.
jue 15 abril 2021 12:04 AM

(Expansión) - La actividad industrial del último siglo nos ha situado frente a una catástrofe climática difícilmente irreversible, esto es evidente al observar cómo en la actualidad los combustibles fósiles son el principal motor de una economía que nos dirige hacia un acelerado deterioro del bienestar social.

Pensemos en la reactivación de refinerías en México y la forma en que afecta directamente el avance de adopción de tecnologías sustentables debido a que se quiere impulsar la economía con una visión de corto plazo. Sin embargo, esta estrategia aumenta riesgos ambientales y sociales a mediano plazo con relación al cambio climático.

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Aun así, es motivante ver cada vez más esfuerzos para evitar este trayecto mediante diferentes políticas climáticas a partir de impuestos, comercio o límites a las emisiones de carbono. No obstante, el ritmo y efectividad de tales medidas representan una gran incertidumbre para corporaciones y gobiernos.

En el caso de México podemos ver la urgencia del gobierno federal por aprovechar los últimos beneficios que una economía basada en combustibles fósiles ofreció durante el siglo anterior. La apuesta es enorme porque se trata de impulsar una industria que fue mal gestionada en las décadas anteriores, pero ahora bajo la circunstancia de una acelerada transición energética.

La sincronización tardía de la economía mexicana con los mercados desarrollados no es algo nuevo, pero las consecuencias desastrosas han sido claras como en el caso de la apertura económica de los 90.

Más allá de la política climática nacional, los sectores con altas emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) como el petróleo, la minería o la aviación están pendientes de las dinámicas globales. En ese sentido, la incertidumbre de las políticas climáticas es diferente para cada tipo de empresas, dado que ésta se expresa en función de su nivel de emisiones de GEI.

Por ejemplo, aquellas que emiten grandes cantidades de GEI son las que enfrentan mayor riesgo financiero, debido a las regulaciones cada vez más estrictas que los gobiernos impondrán con el fin de cumplir con el Acuerdo de Paris. El objetivo de tal compromiso global consiste en evitar un aumento de temperatura de 1.5ºC con respecto a los niveles de la época pre-industrial.

Uno de los riesgos latentes para las industrias con altas emisiones es que sus activos se vuelvan obsoletos; sin embargo, esta situación no se daría porque su vida útil haya concluido, sino precisamente por las regulaciones climáticas que se irán incorporando. Además, también se espera que haya mayores restricciones al acceso de fondos en el mercado de capitales para empresas con altos niveles de contaminación (como la industria de carbón para generación eléctrica).

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Se ha observado cómo distintos fondos de inversión ya han comenzado a remover sus inversiones en industrias intensivas en carbono; del mismo modo, las instituciones financieras trabajan de prisa para restringir préstamos a proyectos no verdes.

La recuperación económica post COVID-19 vendrá acompañada de medidas de regulación climática más estrictas, por ejemplo, la Comisión de Bolsa y Valores (SEC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos ha empezado a adoptar disposiciones climáticas más estrictas a partir del inicio de la administración de Joseph Biden.

En días recientes, y por primera vez, la SEC forzó a ConocoPhillips y Occidental Petroleum a cumplir con las exigencias de accionistas que piden reducir las emisiones de carbono de manera significativa.

El hecho de que el gobierno estadounidense esté interviniendo en cuestiones climáticas de esa manera es una señal que deja en evidencia la necesidad que tienen las empresas mexicanas de ajustar sus estrategias al gobierno vecino, debido al encadenamiento productivo entre ambos países.

No hay que perder de vista que Biden ha asegurado que el combate al cambio climático estará al centro de su administración.

Nota del editor: José Luis Reséndiz es Investigador de Doctorado en el Programa de Finanzas Sustentables de la Universidad de Oxford y Fundador de ESG Latam. Síguelo en Twitter como @jl_resendiz Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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