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Todo pasa y todo queda: ¿es alza en la inflación temporal?

Aquellos que tienen ingresos más bajos corren el riesgo de ni siquiera poder adquirir los satisfactores más elementales, como alimentos y servicios básicos (agua, luz, gas), señala Alejandro Saldaña.
jue 24 junio 2021 12:01 AM

(Expansión) - La aceleración en la inflación es transitoria. Esto es lo que distintos bancos centrales alrededor del mundo han estado repitiendo últimamente. Ciertamente, algunos de los detonantes del alza en precios irán disipándose en los meses próximos, pero ¿qué pasaría si los hogares y las empresas empiezan a dudar sobre la capacidad de los bancos centrales para efectivamente controlar a la inflación?

La inflación afecta el bienestar de todos, y más el de aquellos que tienen bajos ingresos. Cuando el alza en los precios de los bienes y servicios que consumimos es superior a la de nuestros ingresos, se dice que nuestro poder adquisitivo se erosiona, pues al final nos alcanzará para consumir una menor cantidad y variedad de bienes y servicios, quedando así algunas de nuestras necesidades insatisfechas, cuando antes sí lográbamos cubrirlas.

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Naturalmente, aquellos que tienen ingresos más bajos corren el riesgo de ni siquiera poder adquirir aquellos satisfactores más elementales, como los alimentos y servicios básicos (agua, luz, gas).

Tras desacelerarse al inicio de la pandemia, el precio de la canasta básica en nuestro país se comenzó a presionar hasta alcanzar, entre abril y mayo pasados, variaciones interanuales de alrededor del 6%. El Banco de México, responsable de mantener una inflación baja y estable, afirma que el alza en los precios es transitoria, un mantra que han estado repitiendo casi todos los Bancos Centrales en el mundo. ¿Será cierto?

Sin duda, algunos elementos que han presionado a la inflación se irán disipando. Para comenzar, está un efecto meramente estadístico, observable en la variación interanual y asociado a una baja base de comparación, debido a que, en la primavera de 2020, al inicio de la pandemia, el alto en la actividad económica mundial deprimió la demanda por materias primas y el confinamiento hizo lo propio con el consumo de servicios, lo que se reflejó en los precios de ambos, incluso el petróleo llego a presentar una cotización negativa.

Conforme el confinamiento se fue relajando y la actividad inició su recuperación, en la segunda mitad de 2020, los precios comenzaron a repuntar, por lo que este efecto aritmético se perderá próximamente.

Otro factor, es la disparidad entre oferta y demanda. De la mano de los significativos apoyos económicos y del rápido despliegue de las vacunas, principalmente en economías avanzadas, el consumo en estos países se ha recuperado más rápido a lo previsto; simultáneamente, la producción de bienes y servicios ha exhibido dificultades para ponerse al corriente, ya que el alto en la actividad del año pasado ocasionó que se dañaran las cadenas globales de suministro y proveeduría, y algunas empresas reportan dificultades para atraer trabajadores.

La ley de la oferta y la demanda nos dice que, todo lo demás constante, si la demanda sube y la oferta es estática, los precios aumentarán. Ahora, el choque de demanda se irá perdiendo, tras el impulso inicial del des-confinamiento, y la oferta se pondrá al corriente paulatinamente, conforme se termine de reabrir la economía mundial y se solucione el desabasto de insumos para la producción.

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Todo parece indicar que la inflación sí se desacelerará, pero falta tomar en cuenta un factor adicional: las expectativas. Usualmente, nuestras expectativas se retroalimentan de la última información que tenemos disponible, por lo que, si la inflación se mantiene elevada por un tiempo prolongado, es posible que nosotros, los agentes económicos, comencemos a percibir el alza en precios como no-tan-transitoria y actuemos en consecuencia.

En esta situación, sería de esperarse que incurramos en un círculo vicioso, en el cual, los trabajadores exigen mayores alzas salariales (para poder mantener su poder adquisitivo) y las empresas, a su vez, opten por trasladar el incremento en sus costos (salarios, materias primas, etc.) al consumidor final, y así sucesivamente.

Si los agentes confiamos en que el Banco Central cumplirá con su mandato de estabilidad en precios, es menos probable que se desajusten las expectativas y entremos en el círculo vicioso descrito arriba, pero existe el riesgo de que esta confianza se pierda, algo que los Bancos Centrales no deberían tomar a la ligera.

Por lo tanto, a la primera señal de que las presiones inflacionarias sean más persistentes a lo previsto o de que se comienzan a desanclar las expectativas de precios, se deberán de tomar acciones contundentes.

Nota del editor: Alejandro J. Saldaña Brito, Economista en Jefe de Grupo Financiero B×+. “Soy un creyente de que el éxito y la dignidad, tanto en el ámbito personal como en el profesional se logran en el día a día. La disciplina es esencial para cumplir el punto anterior, pero eso no quiere decir que debamos de relegar a un segundo plano los placeres de esta vida (¡muy corta para los que somos ambiciosos!): la convivencia con la familia y los amigos, el deporte, los viajes, la comida, la música y el arte... y algún mezcal, siempre con medida”. Síguelo en Twitter como @ASaldanaEcon y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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