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“La reputación no es cuestión de ‘un curita’ dando un sermón”

Bajo el cristal de Justo Villafañe, las empresas con más réditos reputacionales son aquellas que han cuidado de sus empleados, señala Jonathán Torres.
lun 28 febrero 2022 11:59 PM
Justo Villafañe
Justo Villafañe fue autor de los libros “La buena reputación” y “El diccionario de la reputación”.

(Expansión) - La reputación es como las matrioskas; tener el reconocimiento de los stakeholders depende de un buen desempeño en distintas capas, como las muñecas rusas que se meten una en otra. La reputación se tiene cuando hay una fiabilidad razonablemente transparente, respeto al cliente, consideración por los empleados y una contribución a la sociedad nada episódica.

Hace unos días murió Justo Villafañe, autor de la reflexión anterior y uno de los personajes más respetados por sus contribuciones para impulsar, preservar, medir y capitalizar uno de los valores intangibles más importantes (pero poco cuidados) de las empresas: la reputación.

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Para quien fuera autor de libros como “La buena reputación” y “El diccionario de la reputación”, vivimos en la época de los datos, por lo que ya es muy fácil tener una radiografía en tiempo real de una empresa gracias, incluso, a fuentes secundarias de acceso público. Es decir, cada día es más difícil esconder la basura debajo de la alfombra.

En 2020 conversé con Justo durante uno de los episodios de la serie “2020, la pandemia”, transmitida por la plataforma de Aristegui Noticias y, aunque ha pasado el tiempo, su pensamiento está lejos de expirar: “(La reputación) depende de transparencia fiscal, satisfacción de los usuarios, calidad del empleo, inversión social, poca demora en el pago a proveedores, entre otros factores. Esto no es una cuestión de un ‘curita’ dando un sermón cuando se sube un domingo al púlpito”.

En aquella conversación, el entonces catedrático de la Universidad Complutense de Madrid recurrió a ciertos destellos de la historia para ubicar los orígenes de la reputación y su incidencia en los negocios.

A finales del siglo XX y principios del XXI, la maximización del capital era el único precepto que regía en las empresas, era su leitmotiv. Pero algo pasó y el cambio no fue provocado por olas de protestas, sino por una circunstancia que no estaba prevista. “El propio capitalismo se dio cuenta de que, si quería seguir siendo un capitalismo sostenible, tenía que navegar no solo con el viento de la rentabilidad, sino también de la ética y la sostenibilidad social”, decía Justo.

La raíz de las teorías de la reputación fue sembrada tiempo atrás, con episodios quizá anecdóticos; por ejemplo, cuando la Unión Europea publicó el “libro verde” (relacionado con la RSC). Ahora, ya hay mucha materia. “Para tener una empresa reputada hay mucha técnica, mucha cocina si se me permite la expresión poco académica, pero sobre todo se hace de una sola manera: haciendo las cosas que dices que vas a hacer”, agregaba Justo Villafañe.

Hacer lo que tanto presumes… Algo tan simple, pero que no muchos aplican. Por el contrario, hay quienes sostienen que la reputación soportada en el storydoing es una entelequia, un producto que se puede conseguir a través de los reflectores. “La razón de ser de una empresa y su aportación a la sociedad no se saca de boletines elaborados por un consultor o una agencia de Relaciones Públicas; se demuestra día a día con todos los grupos de interés”.

La pandemia por el COVID-19, que ha traído funestas noticias, ha provocado que la reputación sea un activo cada vez más valorado (y respetado). Bajo el cristal de Justo Villafañe, las empresas con más réditos reputacionales son aquellas que han cuidado de sus empleados. “Siempre se pensaba que lo más importante era la rentabilidad, el beneficio para los inversionistas, el cliente, pero el talento es uno de los principales activos”, añadía.

Según el fundador de Villafañe & Asociados, había un gap entre Europa y Estados Unidos, frente a otros países de la OCDE (México incluido), en cuanto a la conceptualización de la reputación y la gestión empresarial en su conjunto. Sin embargo, advertía que la catástrofe en forma de pandemia y la crisis climática no respetarían ese gap, por lo que su eliminación estaba próxima.

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Así, decía Justo, el mundo post-pandemia requerirá de tres perfiles de liderazgos:

- El primero, que infunde cohesión y alineamiento de los colaboradores para catalizar la recuperación de la empresa en el momento en el que la pandemia esté razonablemente controlada;
-El segundo, basado en lo que podría llamarse “empresa ciudadana”, donde el líder asume la responsabilidad que la organización tiene con la sociedad en momentos difíciles y pone a su disposición insumos sin esperar nada a cambio;
- El tercero, líderes que se esfuercen en un diálogo “multi stakeholder”, en el que ofrezca apoyo, pero sin focalizar ese liderazgo en ningún grupo de interés en particular.

Justo Villafañe dejó una gran escuela en materia de medición de reputación e intangibles. Seguramente surgirán nuevas metodologías. Vivimos tiempos muy acelerados, la hiperconectividad ya nos capturó, al tiempo que puede resultar relativamente simple seguirle los pasos a cualquiera. Bajo ese contexto, la reputación no es solamente tarea de las empresas; los gobiernos también influyen para construirla o destruirla.

Al respecto, Justo Villafañe consideraba que había una cierta correlación entre el nivel de institucionalidad de un país (reglas, normas, instituciones confiables) y el nivel de reputación de sus grandes empresas. “Por tanto, un país ofrece reputación a sus empresas, siempre y cuando tenga una realidad institucional sólida. La reputación es un binomio entre la realidad y el reconocimiento. Si un país tiene una buena realidad institucional será reconocido no solo por sus ciudadanos, sino también por el talento y los inversores de otros países”.

Finalmente, aquella conversación terminó con un crudo análisis de México y sus grados de reputación: “México -concluía Justo Villafañe- es un país que debería estar casi en cualquier índice de análisis, muy por encima de dónde está, y tiene todo para ser uno de los países determinantes en las próximas décadas. Lo que les falta a ustedes es esa institucionalidad de país. En el momento en el que México sea un país más confiable será infinitamente más próspero. Lo que no se puede es tener todo lo necesario para la prosperidad y crear un país con los niveles de inequidad y de desigualdad social como los que tiene México”.

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Mañana, martes 1 de marzo, se tenía programado que Justo lanzara una plataforma que llevará por nombre Key-Monitor. Eso ya no será posible, pero su última aportación radicará en la primera herramienta digital en el mundo para trabajar el reconocimiento de las organizaciones.

Por otro lado, la Universidad Complutense de Madrid está preparando un homenaje póstumo y ahí se piensa presentar la primera Maestría de Reputación Corporativa Digital, que eventualmente llevaría por nombre Justo Villafañe.

Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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