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Fijar y controlar los precios, un peligro para la economía

Querer controlar los precios sería un grave error, porque en lugar de beneficiar al país, tendría un impacto negativo y hasta puede generar más pobreza, apunta Jorge Sánchez Tello.
mar 05 abril 2022 12:06 AM
Bachoco
El presidente López Obrador dijo el pasado 31 de marzo que si la inflación sigue alta se contemplaría establecer controles de precios para alimentos.

(Expansión) - Un fantasma recorre México y el mundo, el querer controlar los precios. Hace unos días el presidente López Obrador declaró que puede establecer el control de precios en los alimentos.

Sin duda alguna, al parecer sus asesores no le han informado que sería un grave error, porque en lugar de beneficiar al país tendría un impacto negativo y hasta puede generar más pobreza.

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Es un fenómeno que se está dando en varios países de América Latina con el pretexto de querer bajar la inflación, pero tiene efectos negativos para la economía de las familias. No es un tema de ideología, sino simplemente de sentido común. Espero que, si nadie le ha informado al presidente López Obrador que sería una medida económica equivocada, al menos pueda enterarse de que es lo que menos se necesita en este momento. No se deben controlar ni fijar los precios para ningún bien o servicio.

En una economía los precios dan cuenta de una serie de situaciones, permitiendo a los productores conocer qué productos son más valorados por los consumidores, constituyendo así un incentivo para la producción e innovación. Asimismo, las variaciones en los precios dan cuenta de qué productos son más escasos, en cuyo caso el alza de los precios permite disminuir, por regla general, la demanda de los mismos, controlando así las situaciones de escasez.

El control de precios por parte del Estado puede darse de dos formas: estableciendo un piso o precios base, o bien estableciendo un techo o precio máximo.

Mediante la fijación de precios máximos se produce una serie de efectos económicos, dentro de los que destacan el alza de la demanda, la disminución de la producción y, como consecuencia a largo plazo, la escasez de productos.

Desde la perspectiva del consumidor, frente a precios artificialmente bajos, existe un incentivo evidente al consumo. Esta situación es aún más grave si se considera la experiencia que hemos vivido como país en los últimos meses, donde el temor por el desabastecimiento ha llevado a los consumidores a acaparar alimentos y otros productos esenciales, mediante la compra desproporcionada de los mismos en los supermercados, almacenes y ferias.

Esto tiene como consecuencia una sobre demanda de alimentos que será sumamente difícil de suplir, de manera que existirán aquellas personas que puedan acceder a estos precios artificialmente bajos, pero otras simplemente no podrán acceder a productos esenciales por falta de stock de los mismos.

Desde el punto de vista de los productores, la fijación de un precio máximo implica automáticamente un desincentivo a la producción, por cuanto el margen de ganancia al que pueden aspirar se ve disminuido. Esto es especialmente grave considerando el sector agropecuario, por cuanto existe una serie de pequeños y medianos productores para quienes dejaría de ser rentable la producción con un precio máximo establecido, acabando por excluirlos del mercado.

 

No es un tema idelógico sino la experiencia de muchos años y, en la gran mayoría de los países que se han implementado los controles de precios, fracasan. La misma Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, ONUAA, o más conocida como FAO -un organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre-, ha estado en contra de fijar los precios:

“Un problema fundamental de los esquemas de precios administrados es que resulta imposible que un organismo centralizado sopese continuamente y de forma precisa el equilibrio entre la oferta y la demanda y, por lo tanto, al precio administrado existe casi siempre un exceso de oferta o de demanda (…). Una demanda excesiva se traduce en “colas”, el síntoma clásico de la escasez”.

Así, que espero que el actual gobierno del presidente López Obrador no comience a implementar este tipo de políticas públicas porque son equivocadas y pueden frenar más el desarrollo económico de México; lo que se necesita, en todo caso, es crear más oportunidad y, sobre todo, más competencia.

Nota del editor: Jorge Sánchez Tello es Director del Programa de Investigación Aplicada de la Fundación de Estudios Financieros – FUNDEF A.C. Centro de Investigación Independiente con sede en el ITAM sobre el Sistema Financiero. Síguelo en LinkedIn y en Twitter. Las opiniones de este artículo son responsabilidad única del autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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