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El maná está en los estados financieros y, hasta hoy, nadie lo ha explotado

El gran objetivo que deberíamos compartir todos los empresarios es maximizar las posibilidades de éxito por el bien individual, colectivo, social y del país, apunta Marcelo De Fuentes.
mar 17 mayo 2022 06:00 AM
businessman working with financial report charts, business analytics and KPI
Los datos contenidos en los estados financieros son agnósticos y universales; es decir, sin importar el tamaño de la empresa, giro o región geográfica, su significado es el mismo, apunta Marcelo De Fuentes.

(Expansión) - Maná: Del latín Manna que significa, entre otras cosas, bien o don que se recibe de forma gratuita y de modo inesperado.

Salvo para un reducido grupo de personas, los estados financieros resultan ser de difícil comprensión y de utilidad nimia, por lo tanto, son poco explotados y esporádicamente consultados; me atrevo a afirmar que esto es cierto incluso entre empresarios que acusan años de experiencia.

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Pero hasta los que dominan las intenciones de estos reportes explotan su capacidad analítica en un porcentaje realmente pequeño, no por falta de conocimiento o capacidad sino porque, hasta recientemente, no se habían conjuntado las condiciones para que fuera diferente.

Revisemos algunas características de la información financiera, avances tecnológicos y un poco de estadística y veamos si conjuntándolas logramos una convergencia virtuosa.

Los datos contenidos en los estados financieros son agnósticos y universales; es decir, sin importar el tamaño de la empresa, giro o región geográfica, su significado es el mismo o, en el peor de los casos, extremadamente similar (activo, pasivo, capital, depreciación, ingresos, costos, gastos, intereses, y un sinfín de etcéteras).

Tienen relatividad estadística y podemos hacer ejercicios de significación lo que nos permite utilizar procesos analíticos para comparar entidades que, a simple vista, podrían ser dramáticamente distintas.

El tratamiento que les hemos dado hasta ahora los hace monolíticos y rígidos; es decir “mis datos son mis datos y no los comparto”. Además de haber en esto un equivocado sentido de pertenencia, es menester decir que no existían las condiciones tecnológicas y de seguridad para que fuese diferente y que se encontrara conveniencia y/o utilidad en compartir la información.

Lo grave de todo esto es que el proceso analítico se convierte en un acto de percepciones: “mi relación activo circulante a pasivo circulante es de 1.2, ¿esto es malo o bueno?”, pregunta a la que deberíamos responder con un inexorable e inútil: depende.

La inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés) avanza a pasos agigantados, lo que nos permite no solamente potenciar las capacidades analíticas y predictivas, sino hacer el proceso de acopio de datos francamente sencillo y sin ninguna fricción o trabajo adicional.

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Si conjuntamos estos elementos (y algunos otros que no desarrollo en pro de mantener este escrito en la categoría de breve) y explotamos la convergencia digital por la que atraviesa el mundo de forma por demás acelerado, lo que se crea es un ecosistema rico en información, con capacidad analítica prácticamente infinita y con una dinámica que puede ser calificada como virtuosa, ya que cada empresa que comparte sus datos (de manera estrictamente confidencial y protegida) enriquece al entorno beneficiándose y beneficiando al resto.

Al final, el gran objetivo que deberíamos compartir todos los empresarios es maximizar las posibilidades de éxito por el bien individual, colectivo, social y del país.

El maná está en tus estados financieros, las condiciones para extraerlo y explotarlo están dadas.

Nota del editor: Marcelo De Fuentes es Presidente y CEO de FUNDARY. Síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertencen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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