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#Entrelíneas. PEF 2023. Objetivo: Administrar la precariedad

El ejercicio del gasto público para el próximo año no estará destinado a generar la inversión que se necesita para recuperar el crecimiento económico, sino para gestionar la precariedad. Nada más.
lun 31 octubre 2022 06:10 AM
Palacio Nacional (National Palace), Mexico City
El Presupuesto de Egresos 2023 prevé un gasto de 8.3 billones de pesos (1.1 billones más que en 2022), un crecimiento del PIB de hasta 3%, una inflación de 3.2% al cierre de 2023.

Este es el mandato presupuestal: destinar el poco dinero para administrar la pobreza de algunos, sostener proyectos políticamente rentables y vivir al día; captar dinero de dónde sea, pedir prestado con el riesgo de no contar con la capacidad de pago y endeudar a las generaciones futuras.

Después de cocinar la Ley de Ingresos de la Federación (LIF), en los próximos días saldrá a la luz el Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF) 2023 y, en función de las cifras disponibles, el pronóstico parece ser ya un hecho consumado: el ejercicio del gasto público para el próximo año no estará destinado a generar la inversión que se necesita para recuperar el crecimiento económico, sino para gestionar la precariedad. Nada más.

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Según la lectura de expertos en materia presupuestal, las premisas de crecimiento y recaudación por parte de la autollamada Cuarta Transformación, además de pecar de un optimismo poco fundado, están soportadas en financiar proyectos ineficientes para el desarrollo del país, recurrir al terrorismo fiscal y a más deuda, así como satisfacer a clientelas electorales. Así, nos mantendremos en la ratonera.

La suerte está echada para el quinto año del actual gobierno, dice México Evalúa. Para 2023, alerta, viene un tramo de riesgos fiscales, favoritismo en la inversión física y gasto a discreción en empresas públicas, un presupuesto generoso para ‘quedar bien’ con la mayoría de actores y algo más: el mayor nivel de endeudamiento como porcentaje del PIB que se ha visto desde 2014 y el mayor déficit público desde 1990.

Van solo algunas cifras proporcionadas por el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) y el Centro de Estudios Económicos Espinosa Yglesias (CEEY):

El PEF 2023 prevé un gasto de 8.3 billones de pesos (1.1 billones más que lo presupuestado en 2022), un crecimiento del PIB de hasta 3%, una inflación de 3.2% al cierre de 2023 , un tipo de cambio de 20.60 pesos por dólar; cifras que contrastan con el consenso del mercado que ubica el crecimiento en 1.5%, la inflación en 5%, el tipo de cambio en 21.50 pesos por dólar.

Las dependencias con mayor aumento en su presupuesto son Turismo (115%), Semarnat (80%) y Bienestar (32%) en términos reales. Con ello, el Tren Maya acaparará una buena parte de la partida de Turismo con 143,000 millones de pesos, mientras que los programas sociales harán lo mismo con el presupuesto de la Secretaría de Bienestar.

 

En el sector Salud se proyecta un incremento presupuestal de 30,000 millones de pesos (53% más que 2022), pero en el detalle se observan recortes en el suministro de claves de medicamentos (25.4%), en el programa de vacunación (55.2%) y en insumos médicos (13.1%).

Más allá de las cifras, lo que preocupa está en saber cómo se van a financiar todos esos gastos contemplados en el proyecto de PEF. Sin lugar a dudas, la guillotina se mantendrá sobre grandes contribuyentes y contribuyentes cautivos, al tiempo que las alertas permanecerán encendidas alrededor de los niveles de deuda y los mecanismos para pagarla.

Un plan de endeudamiento, dicen los clásicos, tiene que regirse bajo la filosofía de multiplicar el dinero. Pero el gobierno no piensa así. Para éste, un préstamo es para salir al paso. “La deuda debe ser utilizada con fines productivos y rentables. Tu sacas un crédito para hacer un negocio que te dé más. Lo que se esperaría es que esta deuda se utilizara con fines productivos, que fomente una recuperación económica y que no sea un compromiso difícil de pagar”, afirma Ana Lambarri, investigadora del área de Gobierno y Finanzas Públicas del Imco.

Bajo esa narrativa, un presupuesto está destinado para mejorar servicios públicos, atender a la población vulnerable, aspirar a un buen gobierno y detonar proyectos de inversión que realmente fortalezcan los mercados.

 

“El gasto está afectando la capacidad de crecimiento del país, que hoy es un gasto con altos rendimientos electorales pero no de crecimiento”, complementa Enrique Díaz-Infante, director del Sector Financiero y Seguridad Social del CEEY. “Esto se traduce en que no estamos invirtiendo en proyectos sostenibles pero sí en el Tren Maya, en la refinería Dos Bocas; no estamos haciendo un gasto en infraestructura que incorpore y genere crecimiento incluyente incorporando a las Pymes y generando empleos”.

Entonces, la autollamada Cuarta Transformación está, simplemente, administrando la precarización y el deterioro económico. Su objetivo es llegar a 2024 manteniendo el asistencialismo y el rédito político. Las consecuencias de eso, ya se resolverá de alguna forma (o no).

“El gobierno espera gastar lo mismo que espera recaudar. Si no se cumplen sus expectativas optimistas o poco realistas el proyecto de presupuesto no se va a poder cumplir. Entonces veremos recortes importantes y vendrán resignaciones presupuestales”, proyecta Ana Lambarri.

“El paquete económico no está cuidando el impacto intergeneracional. No se está gastando en inversión para generar riqueza, en beneficio de las próximas generaciones. Hoy todo el presupuesto tiene un solo enfoque: electoral, clientelar”, añade Enrique Díaz-Infante.

Por tanto, la bola de fuego que incluirá los compromisos derivados por deuda, asistencialismo, pensiones, proyectos políticos, se convertirá en un dardo envenenado que tendrá que manejar la o el sucesor de Andrés Manuel López Obrador. El legado tendrá un alto costo por pagar.

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Si en 2023 no habrá miscelánea, se ve difícil, casi imposible, que haya una reforma fiscal en 2024. Nada que sea políticamente incorrecto se pondrá sobre la mesa. Primero es la política. Después, también.

Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión.

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