Si bien es cierto que en las últimas quincenas del año empezamos a ver señales de mejora como lo es la disminución del precio de la canasta básica, la realidad es que estamos lejos de ver una inflación controlada y en línea con el objetivo del Banco de México; para eso, aún falta mucho camino por transitar.
Es importante mencionar que los apoyos han existido. Tanto consumidores como fabricantes han recibido apoyos de diversos tipos. Los más emblemáticos tal vez sean el ajuste al salario mínimo que sucedió en 2022, y que para 2023 será de más 20%; y el famoso Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), que exime a productores del pago de impuesto general de importación, entre otros, con el propósito de mantener el precio de la canasta básica en 1,039 pesos hasta inicios del 2023.
Pese a estos apoyos, y a otras fuentes de ingreso con las que cuentan los hogares como lo son las tan aclamadas remesas, parece que el bolsillo ya no aguanta más. De acuerdo con estudios recientes, los hogares están enfrentando incrementos en precio superiores a la inflación en la canasta de consumo masivo (Fast-moving Consumer Goods), lo que ha llevado los volúmenes de compra a tasas de crecimiento cercanas a cero.
Por ejemplo, al tercer trimestre del año, el gasto de las familias en FMCG creció 12% contra año anterior, mientras que el volumen vio una evolución de tan solo 0.4%. Lo anterior equivale a gastar 12% para comprar apenas los mismos volúmenes.
Es en los alimentos donde se acentúa el alza generalizada en precios; ya que, el 83% de estas categorías incrementan precios por encima de la inflación. Aceites comestibles, harinas, barras de cereal, y salas para pastas, son algunas de las más impactadas - mismos que se han trasladado en buena medida al consumidor. Tambien los canastos de Bebidas alcohólicas, Lácteos y Cuidado del hogar muestran aumentos por arriba de la inflación
¿Cómo se defiende el consumidor ante los incrementos de precio del consumo masivo?
El consumidor ha adoptado cinco estrategias muy claras de defensa para hacer rendir su gasto: (1) prioriza gasto en categorías básicas FMCG, (2) amplía el repertorio de canales, (3) cambia de formatos-tamaños de productos, (4) compra marcas propias y (5) regresa a canales off-line para los básicos del hogar.
El consumidor está priorizando su gasto a categorías básicas de consumo masivo. Sobre todo, la base de la pirámide poblacional, quienes según información AMAI, destinan cerca del 50% de su dinero a la alimentación. También observamos que el shopper está restringiendo y limitando su compra. De ahí que el tamaño del viaje no crezca y la misión de despensa se contraiga. En esta misma dinámica, vemos que el consumidor se adapta y cambia de formatos y tamaños de producto según su necesidad y capacidad de desembolso.
Un ejemplo de lo anterior es que los niveles medios-bajos optan por disminuir el tamaño de los empaques a lo largo de todo el canasto de consumo FMCG; lo anterior, en busca de menores desembolsos. En sentido inverso, los niveles medios-altos, que en promedio gozan de una mayor capacidad de compra, eligen cambiar a tamaños más grandes en varias categorías para aminorara los incrementos en precio a partir de un mejor rendimiento por kilo o litro.
Lo anterior se observa claramente para alimentos y lácteos; canastos donde también la compra del hogar regresa a canales off-line (tiendas físicas), contrario a la tendencia de 2021, cuando las ventas on-line lideraban el crecimiento de la industria.