Las estadísticas confirman que la gran pregunta sigue siendo: ¿qué pasa con los millones de mexicanos que no tendrán esa ventaja, pero sí seguirán resintiendo los embates de la inflación y la pérdida de poder adquisitivo? Todos los días vemos cómo nuestros ingresos alcanzan para menos, cómo aumenta el precio del huevo, la gasolina y eso no solo golpea el bolsillo de quienes viajan en automóvil, sino a todos los que consumimos bienes que son transportados a lo largo y ancho de las carreteras del país.
Hoy se ha vuelto un desafío para las familias subsistir con un solo ingreso, alguien más tiene que salir a trabajar y hay que poner en práctica cualquier técnica para hacer rendir más el dinero.
Hemos estado muy ocupados hablando sobre la NOM-037, la NOM-035 y el nuevo periodo vacacional de 12 días, todos aspectos positivos que favorecen el bienestar y el equilibrio de los trabajadores, pero en el día a día, ¿cómo puede haber balance si tu ingreso no puede competir con la inflación? La estabilidad económica tiene una correlación con la estabilidad emocional, no poder costear la canasta básica con tu sueldo actual genera preocupación y estrés. Olvidamos la cruda realidad mientras defendemos los días extra de vacaciones, ¿más días libres para qué?, ¿para ir a buscar un segundo empleo?
Cuando un trabajo no te brinda ni siquiera la posibilidad de pagar tus gastos cotidianos sin temor de no llegar a la quincena, no podemos hablar de equilibrio personal, integración familiar ni social.
Por fortuna, hay acciones que se pueden poner en práctica, tanto por parte de empleados, como de empleadores, para hacer frente a la situación.
Recomiendo ampliamente iniciar un registro de gastos mensuales para identificar los gastos hormiga que no sabías que tenías. Por ejemplo, siempre me ha parecido caro el café de las cadenas comerciales, así que conscientemente hice el ejercicio de prepararme el mío en casa. En mi opinión, suprimir los lujos, como el cafecito matutino o ‘la chuchería’ de los viernes no es sostenible en el tiempo, pero sí es factible reducir los gastos recurrentes que entran más en la categoría ‘deseo’ que ‘necesidad’. En mi balanza vale más autoproveerme estabilidad emocional y financiera, que no consumir un café alto. Tú decides qué puedes sacrificar de vez en cuando en pro de tu bolsillo.
Otra estrategia es incluir el ahorro dentro de tus gastos –o de tu presupuesto si ya tienes un nivel avanzado de manejo de finanzas personales–. Los especialistas en esta materia sugieren ahorrar el 10% de tus ingresos, pero en un entorno como el que atravesamos, ya es muy útil meter al cochinito lo que dejaste de gastar en 10 cafés al mes o la morralla que se quedó en tu bolso esta semana.