Esta historia parece replicarse con muchos de los elementos de lo que se conoce como cultura empresarial. Las compañías determinan misiones y principios que son comunicados a los empleados, quienes no encuentran mucha utilidad tangible en conocerlos. ¿Quiere esto decir que la cultura empresarial es irrelevante?
Yo diría que no. En realidad, creo que la “cultura” de una empresa no reside en las misiones, existe por sí misma en las interacciones y acciones que toman quienes forman una organización. Incluso es posible que la cultura real de una empresa no coincida con la misión establecida, a veces resultando en una carencia de propósito común e incluso en comportamientos tóxicos.
Creo que establecer conceptos de cultura empresarial abstractos puede ser parte del problema. Éstos deberían ser el resultado de una sintonía entre la realidad de una empresa y su propósito. Ideas que sinteticen la razón de ser de un grupo de personas y las llamen a actuar de cierto modo.
Sin embargo, llegar a establecer una cultura empresarial coherente y accionable es solo el inicio. Su promoción es un trabajo continuo y es quizá la labor más importante de la comunicación interna. Además de compartir información básica sobre la operación, los mensajes a empleados pueden ser una herramienta para generar un sentido de propósito.
Hemos visto que una estrategia de comunicación interna exitosa requiere de consistencia para funcionar. Muchas veces se habla de ciertos conceptos solo en momentos específicos, dejándolos de lado en el resto de la comunicación. Lo ideal es que todo mensaje interno sea permeado por la misión y los principios fundamentales de la empresa.
Otro de los retos principales que enfrentamos es que los empleados ignoren los mensajes internos. Una solución a esto es la repetición. Si el lanzamiento de una campaña consiste solo en un evento puntual o un correo electrónico, lo más probable es que sea olvidada rápidamente. Con repetición no quiero decir dar el mismo mensaje una y otra vez, sino asegurar que los conceptos fundamentales reaparecen y son adaptados a cada iniciativa.
Considero entonces que tener mensajes claros, consistentes y constantes son las bases de la comunicación interna. Sin embargo, creo que hay un aspecto crucial para el éxito de toda campaña, el elemento humano. Por más que los mensajes cumplan con estas características, si son comunicados con una voz corporativa y sin rostro, es difícil que los empleados puedan conectar con ellos. Es aquí donde la participación de personas reales ha resultado fundamental, incluyendo, por supuesto, a los líderes.