El 26 de julio, el Inegi publicó la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) 2022, que destaca que el promedio del ingreso corriente trimestral por hogar fue de 63,695 pesos, lo que significa un aumento de 11.0% en comparación con 2020. Al respecto, Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, sostiene que la mitad de los hogares tiene un ingreso igual o menor a 15,776 pesos al mes, cuando el promedio es de 12,232 pesos mensuales. Además, dicha encuesta arroja otro dato: el principal rubro de gasto fue alimentos, bebidas y tabaco.
La ENIGH desata filias y fobias. El Gobierno de México presume que los hogares más pobres tienen un ingreso corriente 20% superior al que percibían en 2018, mientras que los hogares del decil de ingresos más rico perciben un ingreso trimestral promedio 13.2% menor al que recibían en 2018. Los centros de estudio, por su parte, acusan que los avances son insuficientes, mediocres…
Por lo visto, estamos entre el festín y la negación, cuando los datos nos deberían ayudar a dar cuenta de la urgencia de dialogar y de reflexionar sobre la sociedad que queremos ser partiendo de un principio: no todo está bien, no todo está mal.
Rodolfo de la Torre, economista por el ITAM y maestro en Filosofía de la Economía por la Universidad de Oxford, ofrece una mirada ejecutiva de las cifras que arroja la ENIGH; de arranque, hay avances en algunos rubros de ingreso y señales de alarma sobre todo en algunos instrumentos de política social.
En lo que toca a los ingresos, se observa una recuperación de los ingresos laborales particularmente en los estratos de menores ingresos, lo que de alguna forma refleja una reducción en la desiguadad. Es decir, el mercado de trabajo está retomando su impulso gracias a algunas intervenciones públicas como el incremento al salario mínimo, las presiones salariales derivadas por el T-MEC, la limitación severa al outsourcing y las políticas de libertad sindical, entre otros factores.
En cuanto a los temas preocupantes destacan:
La política de transferencias de efectivo por parte del sector público que, al final, está otorgando cada vez más recursos a las personas que tienen más ingresos. Así, mientras que la narrativa de la autollamada Cuarta Transformación pregona el cuidado hacia los pobres, en realidad, sus programas de apoyo se están canalizando prioritariamente en las zonas urbanas hacia personas con mayores posibilidades de obtener ingreso, y no hacia aquellas más pobres radicadas en zonas rurales.
Los otros puntos de preocupación, que nos confirmará en los próximos días el Coneval, es que se observa un mayor rezago educativo, de tal forma que hay muchas personas que no están alcanzando una mayor escolaridad para la edad que tienen y esto es indicio de que las secuelas de la pandemia se siguen manifestando y muy probablemente seguirán conforme las nuevas generaciones de estudiantes vayan teniendo mayores tasas de abandono escolar.
Pero lo más alarmante de todo es lo que está ocurriendo con el sistema de salud. La ENIGH da cuenta de varios millones de personas que han dejado de reportar que tienen el derecho al acceso de los servicios de salud y, al mismo tiempo, reporta un aumento en el gasto de 31% para el cuidado a la salud y eso significa que habiendo dejado atrás los aspectos más dramáticos de la pandemia, aún así, las personas siguen gastando mucho más en salud y esto es indicativo de que el sistema de salud público no está proporcionando los servicios que necesitan las personas.