La innovación se ha convertido en un pilar fundamental con el que las organizaciones trabajan e impulsan a su talento hacia una constante búsqueda de iniciativas y proyectos que les permiten superar los retos más desafiantes y evolucionar según sus objetivos y necesidades.
Ocho de cada 10 empresas están dispuestas a cambiar los productos y servicios que ofrecen para mantenerse competitivas . Esto conlleva un sinnúmero de retos a corto y mediano plazo, pero existen estrategias que la Alta Dirección podrá ejecutar para impactar hacia el interior de sus compañías sin dejar de enfocarse en el cliente. Para las organizaciones es crítico trabajar en su capacidad de anticipación para anticipar los caminos hacia el crecimiento y continuidad de sus modelos operativos, ya que será importante tomar en cuenta todos los escenarios para desplegar programas que se enfoquen en proveer herramientas útiles en la toma de decisiones y obtener los mayores beneficios posibles.
En el libro Innovación. Licencia para soñar. Reflexiones que la acercan a nuestra realidad se hace referencia al cambio como un compañero inseparable de la innovación, un sinónimo, y aunque este concepto suele ser motivo de incertidumbre, es preferible aplicarlo proactivamente en lugar de hacerlo de forma obligada por las circunstancias.
Adicionalmente, la innovación cuestiona el statu quo y nos obliga a tomar riesgos. Va dejando a su paso una estela de cambio que pocos saben cómo “surfear”, mientras otros lo ven como un proceso de aprendizaje y, unos más, aunque se quedan en el intento, también sirve de experiencia para crear historias valiosas.
Existen, sin embargo, otros que “prefieren ver la película a ser parte de ella para no rasparse en la vida”; pese a ello, la invitación es clara y está abierta para entusiasmar a muchas más personas a atreverse al cambio.
Por ejemplo, aunque la pandemia trajo cambios obligados para los países, sus habitantes y las empresas, estas últimas no solo en las operaciones, sino también en el modelo de negocio; la capacidad de reacción no fue la misma para todos.
Muchos se encerraron esperando que las cosas regresaran a la normalidad, a la manera conocida de funcionar, de interactuar y vivir, mientras que otros buscaron a quién culpar, cuestionando a los “conocedores” de las crisis, que ya habían vivido otras con anterioridad. Algunas personas más se limitaron a no opinar y solo esperar, sin darse cuenta de que esta vez el panorama era distinto.
Una vez pasado el shock inicial, un grupo pequeño comenzó a hacerse preguntas sin saber qué respuestas buscaban, planteando las opciones y escenarios de un futuro incierto. Había que hacer algo, aunque esto implicara un cambio imperativo, pero pronto se dieron cuenta de que no se podía accionar basándose en decisiones de momentos anteriores y entendieron que el camino debía ser totalmente nuevo.
En el ámbito de los negocios específicamente, esta crisis impactó en la oferta y demanda de los consumidores, en las cadenas de valor, y, por lo tanto, en los modelos de negocio, todo al mismo tiempo. Unos pocos se atrevieron a dar su punto de vista, a proponer y tomar acciones. Fue necesario ponderar el camino a elegir: pretender que era posible seguir igual o cambiar, incluso si esto implicaba hacerlo a nivel de cultura empresarial.