En primer lugar, hemos visto el avance de los sistemas educativos -en varios niveles y desde diferentes sectores- para alcanzar un balance entre conocimientos técnicos y académicos, y el desarrollo de habilidades para la vida (conocidas como soft skills), pues en un mundo cada vez más automatizado, las aptitudes humanas son las que marcan la diferencia y, por lo tanto, se han vuelto indispensables en el mercado laboral.
Lo anterior ha derivado en una creciente necesidad de adquirir habilidades como la resolución de problemas, resiliencia, comunicación efectiva, flexibilidad e inteligencia emocional, entre otras, las que incluso pueden llegar a jugar un papel determinante en la consecución de empleos. De acuerdo con la consultora en recursos humanos, Michael Page , el 62% de los gerentes de contratación valoran más las habilidades blandas que el conocimiento técnico. Así mismo, un estudio realizado por LinkedIn, reveló que el 92% de los profesionales están conscientes de que estas habilidades son esenciales para el mundo laboral.
Sin embargo, no se debe perder de vista que no son las únicas herramientas a considerar. Entendiendo que la educación es un proceso de toda la vida, todos y todas deberíamos prepararnos para un futuro cada vez más digital. De acuerdo con un estudio realizado por Mobile World Capital Barcelona, desde 2018 la demanda de profesionales especializados en carreras digitales se ha incrementado en un 49%.
Al elegir estos programas, los y las estudiantes no solo se preparan para el presente, también lo hacen para los desafíos y oportunidades del mañana. Sin embargo, el acceso a la formación en tecnología aún no es equitativa y la participación de las mujeres en estos roles lo demuestra.