Al ser los líderes una pieza fundamental para la toma de decisiones y para la supervisión de un equipo, requieren atender su propia salud mental y física para poder gestionar adecuadamente sus emociones y que éstas no impacten al resto de las personas y así, promuevan con el ejemplo una cultura de trabajo saludable.
Tener directivos sanos fomentará que los colaboradores gocen igualmente de un estado de salud integral, lo que coadyuvará en la prevención de riesgos psicosociales en todos los equipos y miembros de la organización.
Para transformar una compañía se debe empezar por las personas que la integran y en estricto orden. En la cúpula del organigrama se encuentra el líder, quien inspira, potencia los talentos y guía a los equipos hacia el logro de sus propósitos. Cuando los integrantes de los altos mandos gozan de una vida laboral y personal balanceada, se convierten en fuente de inspiración para que todos los integrantes de la organización busquen su propio equilibrio.
Un líder con mala salud puede afectar su entorno, impactando la productividad de todo el equipo, por lo que es importante que éste atienda su bienestar integral (físico, mental y emocional).
Por ello considero que se deben generar planes de bienestar enfocados, también, en las necesidades de los directivos, es decir que estén apegados a una dinámica particular con la finalidad de que integren alguna actividad de bienestar con la misma relevancia y prioridad que le dan a sus responsabilidades laborales. La salud mental en los espacios de trabajo es más que un beneficio, es parte de la gestión de una cultura sana.
Una de las actividades que ayuda a mantener la concentración y libera a la mente de distractores es la práctica de ejercicio físico. Esto debido a que tranquiliza y baja los niveles de cortisol y norepinefrina, asociados con el estrés y la ansiedad. Por otro lado, realizar ejercicio ayuda mantener un estado de ánimo positivo dado que aumenta la producción de endorfinas, la hormona de la felicidad.