En esta ocasión me quiero centrar en el tema de la tabla de enfermedades laborales, aprobada el pasado 24 de octubre, en la que han incluido 88 nuevos padecimientos.
Como consecuencia y ante la nueva visión que se ha adoptado, donde se pone al colaborador al centro de las estrategias de los negocios, la Secretaría del Trabajo se dio a la tarea de revisar cuáles son los riesgos, es decir, accidentes o enfermedades a los que están expuestos los colaboradores al momento de desempeñar sus tareas dentro del marco actual.
Lo anterior era ya un asunto urgente pues la tabla de padecimientos no había cambiado en las últimas cinco décadas, por lo que ya no mostraba la realidad, en especial por los efectos que tuvo la pandemia tras el aislamiento, detonando aún más padecimientos emocionales como el estrés, ansiedad, depresión que tienen efectos directos en la salud física.
En el transcurso de la revisión se destacó la preocupación por el posible aumento de costos para las empresas asociado al incremento en los registros de siniestralidades. Por este motivo, considero crucial enfocarnos en la prevención y cuidado de estas situaciones. Al examinar lo necesario para garantizar el bienestar físico y emocional de nuestra plantilla laboral, podemos reducir los recursos destinados a la atención de enfermedades.
El costo de atender los padecimientos de nuestros colaboradores va más allá de pagar la incapacidad, las primas de seguro o destinar recursos para cubrir posiciones por ausentismo y que no afecte la productividad de los equipos y del negocio.
Es así que tener una clara radiografía de nuestros colaboradores, que no solo nos muestre sus datos demográficos, sino también su estado de salud, facilitará a los empresarios la implementación de programas de bienestar corporativo enfocados en las necesidades reales, con ello se tendrá personas más sanas y un menor nivel de ausentismo por incapacidad.