La causa del valor es el deseo, el cual cuantificamos con instrumentos monetarios que llamamos dinero.
En los negocios y la vida diaria, esta noción es crucial para entender el mundo y realmente es evidente cuando se considera detenidamente: ¿cómo podríamos valorar algo que no queremos? O bien, ¿cómo podría comprar alguien algo que no quiere?
La cuestión se torna confusa cuando no vislumbramos que esos deseos, la mayoría del tiempo, no los controlamos y provienen de niveles inconscientes de la psique y nuestra biología. Por esta razón, tendemos a atribuir el valor a algo fuera de nosotros mismos. Sin embargo, si no existe una mente que desee “algo”, el valor de ese “algo” es exactamente cero.
Una vez establecidas estas bases heurísticas que nos ayudan a interpretar lo que nos motiva, entonces podemos aspirar a construir valor. El punto central se encuentra en conectar objetos, sujetos o experiencias con la posibilidad de deseos biológicos cumplidos o conservados, los cuales presentan valencia con un rango amplio de intensidad.
Es decir, podemos querer algo mucho o poco. ¿De qué depende? En síntesis, de que se consiga aquello para lo que estamos programados genéticamente en pro de proteger la supervivencia y reproducción para, a su vez, aumentar las probabilidades de la vida en todas sus manifestaciones de resistir y prevalecer.
Sin duda, estamos navegando aguas profundas que exigen suma reflexión para vislumbrar su origen, he documentado estos pensamientos en 5 libros y continúo indagando sin ver un final próximo. Sin embargo, voy a compartir algunas ideas muy prácticas a continuación.
Para construir valor a través de conectar con los deseos biológicos conscientes y, sobre todo, inconscientes:
Primero, reconoce que no vendemos productos o servicios sino la satisfacción de deseos instintivos como dominación (status), pertenencia, control, descubrimiento, protección y familia, aprendizaje, poder, ser escuchados, trascendencia y reconocimiento. Por ejemplo, un viaje al caribe no vende un servicio de transporte y alojamiento sino un deseo por encontrar nuevas emocionantes experiencias cumplido, lo cual se trata de un mandato instruido por nuestros genes como especie.
Segundo, considera que los deseos cumplidos detonan emociones, las cuales representan la máxima recompensa biológica y motivación en los procesos conductuales del ser humano. Por lo tanto, a mayor calidad, cualidad positiva, permanencia y profundidad de las experiencias sintientes detonadas por una oferta, más personas estarán dispuestas a pagar por ella.